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Una dotación de 85 camionetas tienen la tarea de pintar paredes y frentes de casas que hayan sido “vandalizadas” con aerosoles. Si los propietarios aceptan, el dibujo es eliminado de forma gratuita. Sin embargo, muchos artistas se mostraron en contra de la decisión tomada por el gobierno. Ellos consideran a sus trabajos como obras de arte y no quieren que desaparezcan. De esta manera, surgieron disputas por la intención de eliminar graffitis en la Ciudad.

Es común caminar por las calles de Buenos Aires y ver paredes de casas pintadas. Mientras que algunos de estos dibujos son mensajes sin valor, otros son verdaderas expresiones artísticas que embellecen la vía pública. El graffiti fue considerado durante muchos años como una forma de vandalismo y destrucción del espacio. Sin embargo, hoy en día esa mirada ha ido cambiando hasta el punto de entenderlo como una forma de comunicación.

Por ese motivo, el proyecto del gobierno para eliminar las pintadas de la Ciudad ha generado polémicas. El mismo cuenta con 85 camionetas y dos operarios por cada una. Ellos transitan las calles buscando graffitis. Cuando los detectan tocan el timbre de la casa o negocio y preguntan al dueño si desea arreglar la pared o fachada en cuestión. Si la persona da su consentimiento entonces proceden a realizar el trabajo que es totalmente gratuito.

“Hicimos un relevamiento el año pasado donde nos dimos cuenta que hay más de 150 mil graffitis. Casi en su totalidad son mensajes, escudos de clubes de fútbol, consignas políticas o los nombres de los mismos grafiteros” comentaron desde el Ministerio de Ambiente y Espacio público, que está a cargo del proyecto. Según los datos oficiales de la Ciudad, el presupuesto para combatir el vandalismo supera los diez millones de pesos mensuales.

Sin embargo, esta decisión ha generado reclamos por parte de varios artistas que utilizan las calles para sus obras de artes. “Entiendo si quieren borrar pintadas sin sentido que muchos hacen pero nuestros trabajos no tienen porque ser tocados. Yo antes de hacer algo pregunto a los propietarios si me dejan realizar la obra. Les explico el procedimiento y si aceptan procedo. Sería feo pasar por algún lugar donde haya dibujado y que ya no esté lo que hice” comenta Lucas, un graffitero que no se mostró a favor de la medida.

Desde el Ministerio respondieron que sería imposible borrar estas obras ya que primero se le pide permiso al dueño del inmuebles para proceder. Además, ellos mismos dieron la orden de eliminar sólo lo que sea considerado como vandálico. El problema es que la línea es fina y subjetiva. Lo que una persona considera como arte para otra puede ser sólo unas líneas en la pared. Por lo tanto queda a consideración de quienes realizan el trabajo.

Lo cierto es que las dotaciones encargadas de borrar los graffitis ya están en marcha y no tienen previsto detenerse. La medida a cargo del Ministerio está en funcionamiento y planean seguir llevándola a cabo. Por el momento, Lucas no se ha enterado de ningún caso donde se haya borrado la obra de algún graffitero que él conozca. “Igual para mi es cuestión de tiempo. Quizás hasta sea algo fortuito y no de mala intención pero va a suceder. Deberíamos tomar más conciencia y entender que los graffitis son una forma de expresión y no vandalismo”, finaliza para dejar en claro su punto de vista. La comunidad “graffitera” está muy atenta a lo que sucede y espera no tener que lamentar la perdida de ninguna obra.

8 Mayo, 2017

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