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Género

Democratizar los espacios de enunciación – Entrevista a Mayeli Villalba

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Fotógrafe del mes – Mayeli Villalba Edición #79 Por Alana Rodríguez

Mayeli Villalba es fotoreportera y artista visual afroparaguaya, licenciada en Trabajo Social. Desde el corazón de América del sur, su trayectoria se focaliza en la promulgacion de los derechos humanos, equidad y justicia social. A través de este interés por el reconocimiento de la identidad afrodescendiente, realizó su proyecto documental «Kamba Py», sobre la comunidad afroparaguaya Kamba Cua, actualmente expuesto en el Centro de Fotografía de Montevideo – Uruguay. Además, lleva adelante un proyecto de largo aliento «Afroparaguay», en donde retrata distintas identidades afrodescendientes en el territorio. Sus fotografías salieron en distintos medios de comunicación como El Pais, The Gardian, la agencia Reuters y France Press. Forma parte de «Ruda Colectiva», espacio que integra junto a otres fotógrafes, mujeres y personas no binares, con la que actualmente participa de la construcción de una narrativa colectiva sobre ancestras, enmarcado en el festival MUFF. También es parte del colectivo «Everyday Paraguay», organización de fotografes latinoamericanes.

– Primero quiero preguntarte, ¿cómo fueron tus primeros encuentros con la fotografía?, ¿qué fue lo que te atrajo de este lenguaje?, ¿qué representa hoy en día para vos el acto fotográfico?

Empecé a acercarme a la fotografía en la adolescencia, mi mamá nos compró una Canon compacta analógica y siempre que podía, trataba de conseguir plata para los rollos y para revelar. Me gustaba muchísimo ver cómo se podían sostener los momentos y los recuerdos en el tiempo a través de la foto. Me iba con la cámara al colegio a veces o a los viajes con mis amigues, casi siempre se me pasaba mucho tiempo entre la toma y el revelado, porque había que conseguir plata para revelar.

Un poco más tarde empecé a activar en una organización que se llamaba «Cigarra» que era de comunicación alternativa, un medio de comunicación que trataba de dar cobertura a situaciones de la realidad nacional, que muchas veces estaban cubiertas por los medios hegemónicos con una mirada muy estigmatizante y de derecha. Y eso fue muy importante porque me di cuenta de la potencia que tienen las fotos para contar masivamente otra versión de las historias.

Me gustó mucho descubrir esa potencia comunicacional que tiene la foto para contar historias que están escondidas. Entonces decidí formarme más con lo que pude, acá no hay una carrera en la universidad para poder formarse en fotografía, hay cosas muy básicas. Pero hice todo lo que pude y hasta ahora siempre aprovecho cada oportunidad de formación. Para mí, la foto es un canal, un formato para contar historias, me gustan muchísimos lenguajes, no solo este, pero es la herramienta que elegí. Creo que puede tener mucha potencia si se mezcla con otras perspectivas, mientras más interdisciplinario sea, más interesante me parece.

Creo que tiene muchísimo poder la fotografía, sobre todo las que son difundidas, porque colaboran con la creación de imaginarios colectivos, con la generación de identidades, es una forma de visibilizar historias, situaciones y poblaciones.

– Sobre tu proyecto «afroparaguay», donde comenzaste una búsqueda para registrar una identidad en la que, por lo menos en ese momento, no estaba tan visibilizada o reconocida, ¿qué reflexiones te llevaste al momento de exponerlo públicamente y mostrárselo a otras personas?

Esa invisibilización existe todavía, está muy fuerte. No hay un cambio tal para decir que la situación de invisibilidad está revertida. Falta muchísimo para que podamos pensar que la exclusión y la invisibilidad quedaron atrás, sobre todo por la ausencia que hay en cuanto al acceso a derechos y a políticas públicas que son los elementos que realmente tienen la posibilidad de crear un impacto en cualquier población. Entonces, no se puede decir que es del pasado la situación de invisibilidad, jamás podría decir que mí trabajo por sí solo puede tener la capacidad de cambiar eso, no creo que sea posible que un solo factor pueda revertir una situación como esa de desigualdad y de exclusión. Creo realmente que cuánto más colectivo sea el esfuerzo, más posibilidades hay.

No existen los superhéroes, no se puede pensar que solamente un factor se va a transformar una realidad tan profundamente arraigada como la que hay. Creo que cualquier cambio que haya se debe hasta el esfuerzo más primitivo que se hizo en la historia. A esos esfuerzos y esos trabajos que se hicieron que no sabemos, que no conocemos porque no se registraron, todo eso tiene que ver y todo eso colabora en los cambios sociales.

Mi intención con mostrar los retratos que hice con personas afrodescendientes en Paraguay es, sobre todo, generar una especie de espejo para otras personas afrodescendiente en Paraguay, que puedan ver estos retratos y aunque no conozcan a la persona que está en la foto puedan darse cuenta que tienen similitudes. Mi ilusión es que les pueda dar una pista.

Si pongo una foto y digo «ella es afroparaguaya» y pongo un testimonio de esta persona, entonces la otra persona puede ver eso y decir «a mí me pasa lo mismo, mira, su nariz es igual a la mía, su cabello es igual al mío, también tuve esas experiencias que tienen que ver con mi cuerpo racializado» y entonces, así se da cuenta de su identidad afro. Porque me di cuenta que hay muchas personas en Paraguay que no tienen conciencia sobre su identidad afro, sobre su cuerpo afro.

Yo me acerqué a varias personas siendo la primera en su vida que les planteaba algo en relación a su identidad afro y su cuerpo. Realmente todas las experiencias fueron super lindas para mí, porque es un temazo para conversar y muy sensible. Cuando me di cuenta de eso, dije, acá hay muchísima gente que no sabe que es afro, ¿cómo va a haber una identidad más colectiva si no hay conciencia de los cuerpos que portan esa identidad?

Poner un retrato, la etiqueta identitaria, el nombre de la identidad, y que para muchas personas signifique algo eso, signifique porque se encuentra en esa identidad, toma conciencia sobre su identidad o porque le despierta también una sensibilidad sobre sus seres queridos cercanos o conocidos. Entonces, a través de esas cosas, a través de mostrar el trabajo tengo muchas experiencias lindas, incluso sin que mi trabajo tenga tanto alcance. Esa fue mi intención desde el principio. 

-En tus proyectos aparecen tu bisabuela, tu mamá, ¿de dónde surgió el interés de profundizar sobre tu linaje, sobre tus ancestras? ¿En qué aspectos sentís o pensás que tus ancestras dejaron una huella en vos?

Hace varios años que estoy tratando de entender mi experiencia actual desde una perspectiva histórica y también mas particular, porque trato de entender como es afro-Paraguay a nivel nación, a nivel colectivo. Cuando tuve algunas pistas sobre eso traté de entender de forma más particular cuál es mi propia experiencia y cómo se traduce, cómo se fue produciendo y reproduciendo. Mi experiencia actual dentro de este momento de la historia es el resultado de muchas otras experiencias anteriores, ¿verdad? Muchas otras trayectorias.

Siento que heredamos un montón de cosas, desde situaciones materiales, hasta afectivas. Las personas que nos crían y que nos construyen como una persona dentro de este mundo, nos transmiten un montón de cosas espirituales y psicológicas, y ellas nos educan y nos forman con lo que tienen dentro. Y sus situaciones espirituales y mentales también fueron producidas por experiencias materiales concretas.

Entonces cuando se trata de poblaciones racializadas, que han tenido que convivir con violencias estructurales y con decisiones políticas muy concretamente orientadas a la exclusión, al empobrecimiento, al uso y al abuso de sus vidas, entonces todo eso obviamente forma también su situación mental, su afectividad, los estadíos de la humanidad que no son los materiales pero que están directamente mediados también por sus experiencias materiales. Entonces para poder también entender mi presente, es importantísimo también poder hacer varios viajes al pasado para poder entender cuál era el contexto, cuáles eran los contextos de las que me precedieron y me construyeron a mí como soy ahora.

Dentro de mi entorno familiar me crié solo con mi mamá, mi progenitor varón nunca se hizo cargo de su responsabilidad por mi existencia y crecimiento. Entonces, en el árbol de mi mama es en el que indago. Es super lindo para mí, porque además de entender estas cuestiones que te digo, siento que puedo conocer y entender a mi mamá desde otros lugares y también a mi abuela a quien conocí pocos años, porque murió cuando yo tenía 12 años y no le pude hacer muchas preguntas de adulta, que ahora me gustaría hacerle.

También, estoy tratando de conocer a mi bisabuela «Anabella» a quién no pude conocer en ningún momento de la vida, porque murió cuando mi mamá era muy joven y  yo todavía no existía en este plano, pero me es súper importante conocer sobre sus contextos para poder conocer mejor mi experiencia actual. También para poder valorar un montón de avances que hemos tenido como linaje.

Todos los avances y todas las comodidades que tengo en parte se deben a la resistencia y a la resiliencia de mis ancestras. Porque no es fácil estar acá en el 2021 en una situación de movilidad social como en la que yo estoy ahora, habiendo sido esclavizada en otras generaciones, ¿verdad? Ese tipo de esclavitud ya está abolida, pero el sistema desde hace siglos lo único que hace es replantear sus estrategias y su reglamento político para poder seguir sosteniendo la diferencia, para que les mismes sigamos estando en los lugares de exclusión y en condiciones serviles.

También tengo muchísimas cosas que agradecer y que celebrar, demasiadas, y siento que eso se lo debo a mis ancestras y mis ancestros que, hasta ahora, me han cuidado siempre.

Vengo trabajando desde la fotografía sobre la recuperación de la memoria de mi linaje materno. En primera instancia y antes que nada para mí misma, porque me es importante y sanador acercarme a estas historias. Estoy tratando de rescatar esa memoria para mí, para mi mamá, para mi familia y  también pienso que le puede servir a alguien más que no tenga mi sangre, pero sí una historia parecida porque pasamos por experiencias estructurales en el mismo territorio, que es Paraguay.

– ¿Pensás que en tus producciones hay una búsqueda de reconstruir o re-interpretar una memoria colectiva?

Pienso que todes somos una muestra pequeña de algo más grande, sobre todo si se piensa a nivel social. Si querés pensar como funciona una sociedad, creo que todes somos una pequeña muestra de algo enorme, en ese sentido me parece que si clasificamos poblaciones desde una etiqueta tan grande como es la racialización, claramente hay un montón de cuestiones que son una raíz general para todes. Ser afrodescendientes nos hace tener una raíz en común, hay una parte de la historia que es la misma, porque tenemos que lidiar con el mismo tipo de narco-estado liberal de ultraderecha, los mismos presidentes esclavistas, el mismo estado responsable de la esclavitud a nuestres ancestres, la misma violencia estatal, la misma constitución nacional, la misma política pública, la misma no-política pública.

De alguna manera, marca de la misma forma muchas condiciones dentro de nuestra experiencia de vivir, de crecer en Paraguay. Entonces, me parece que sí, hay cosas que son colectivas y después también hay cosas particulares. Cada biografía tiene un montón de condicionamientos y experiencias que son únicas e irrepetibles. Pero me parece que cuando hablamos de una situación de invisibilizacion tal como la de la identidad afro en Paraguay, todas las cositas que se hagan son super significativas.

A mí me encanta ver trabajos sobre la identidad afro en general. Hasta me gusta ver cómo los blancos racistas nos narran porque me parece una forma de analizar también su discurso. Lo que realmente celebro y me emociona es ver a gente negra produciendo cosas y contando su experiencia en el formato que sea. Me parece sumamente emocionante, súper importante ya solamente el hecho de ver une referente haciendo algo, siendo dueñe de un micrófono en algún momento, sea el lápiz, el micrófono, el escenario, sea cual sea. Me siento identificada con esa persona y le celebro porque realmente es tan difícil acá todo en general.

Obviamente a nivel regional, América latina y el Caribe compartimos un montón de cosas en común, la trata transatlántica de personas esclavizadas es un elemento común en todas las regiones de la diáspora africana en el mundo, no solamente en América Latina y el Caribe, sino en todos lados. Eso ya nos da un cordón, un lazo rojo entre todes.

En Paraguay pasa lo mismo. Y acá como hay tan poca posibilidad de producir cosas desde la comunidad, entonces me parece que lo que hay genera identidad.

-En otras entrevistas hablas sobre los diferentes procesos que fuiste llevando con tus proyectos fotográficos. Al trabajar con otras personas de identidad afrodescendiente en donde sus historias tienen conexiones en común con tu propia historia, ¿en qué aspecto pensás que te nutrió o potenció la colectivización de tu proceso identitario? 

Para mí fue muy importante, descubrir absolutamente todo sobre la identidad y todo lo que sigo descubriendo sobre mi identidad afro y la de Paraguay, porque yo soy un grano de historia dentro de lo que es afro-Paraguay. Obviamente que nos afectamos mutuamente todo el tiempo, entonces, encontrar otras personas que también sean afrodescendientes y conocer sus historias me es muy significativo. Creo que lo va a seguir siendo porque no creo que pare este proceso, ya es parte de mi biografía y de mi historia. Pero al comienzo la verdad cuando empecé a tener mis primeros acercamientos a otras personas, lo más impactante, lo mas sorprendente era, encontrarnos en nuestras experiencias con el racismo, que es absolutamente transversal a cualquier persona racializada.

Yo siempre digo que cuando conocí el feminismo, que al principio era el feminismo hegemónico, me di cuenta de un montón de cosas que me convierten en una mujer dentro de esta sociedad patriarcal, que es mujer en una construcción social y cultural, y que para cumplir con ese requisito tenés que cumplir ciertos roles, comportarte y ser tratada de cierta forma.

Mi segundo quiebre o sorpresa muy grande fue cuando descubrí lo que es ser una mujer negra, entender que hay un montón de violencias que nos moldean a lo largo de nuestra vida que no tienen que ver con el patriarcado sino con esta otra violencia estructural que es el racismo. Antes no sabía que las tantas cosas que me atravesaron toda la vida tenían ese nombre, el nombre del racismo. A lo mejor pensaba que era patriarcado o era machismo porque por supuesto que un pie muy importante del racismo es el machismo. Entonces, al comienzo, encontrarme en ese tipo de experiencia parecida y darme cuenta que son una especie de patrón en las personas racializadas me fue muy revelador. Me ayudó a entender también la magnitud que tiene este sistema y cómo es cuando es un sistema el que te violenta.

Me parece importante entender el origen de muchos de mis dolores y mis traumas, entenderme dentro de una cosita tan pequeña, dentro de un engranaje tan grande y encontrar a otras personas que por más que sean desconocidas o tengan trayectorias particulares, tienen muchas experiencias parecidas a mí.

También aprender de muchas formas de resiliencia, cómo hacen y cómo hicieron otras personas para poder llevar un montón de problemas y de situaciones graves, conocer sus experiencias cara a cara. Ayuda también a espantar un poco esa sensación de soledad, que a veces pensamos que somos les uniques en el mundo que nos pasa esto. Entender las violencias desde una forma estructural es muy importante, me espanta la idea de pensar que tengo mala suerte o que es mi destino inexorable.

– ¿Cuáles pensás que son las prácticas racistas a desarmar en el entorno fotográfico? 

Creo que es súper importante que se democraticen los espacios de poder dentro de la fotografía, los lugares de toma de decisión y de docencia en todos los espacios formales e informales. Que hayan también docentes racializades, no solamente negres y afrodescendientes, sino la enorme gama de identidades racializadas, porque siempre son personas blancas. Muy pocas veces tenemos la posibilidad de ver alguna persona racializada en un lugar de poder o de toma de decisiones.

Lo más habitual es que sean hombres blancos y, en segundo lugar, cuando el machismo se siente súper poderoso y progresista, le da el lugar a solo mujeres blancas y cis-género. Entonces, me parece que eso es muy importante, porque nos sentimos convocades de una manera diferente muchas personas cuando vemos que el portfolio va a ser revisado por una persona racializada, a lo mejor va a conectarse de una manera distinta. Eso me parece que es súper urgente y también una cosa que creo pendiente es que, lastimosamente, hay que profundizar en la reflexión en torno a la enunciación. De las pocas veces que se cuentan historias de personas no blancas siempre o casi siempre está contada desde el lugar de la blanquitud. Siempre le narradore es blanque, y esto es muy peligroso porque está comprobado que casi siempre refuerza estereotipos, o también se ocultan realidades.

Se romantizan muchas cosas de la esclavitud, del racismo y otras experiencias que no tienen como saber porque no es suya. Por eso, es importante lo de la enunciación.

Por otro lado, también tenemos derecho a leer, a conocer historias contadas por nuestra gente, a ser narrades por nuestra gente, por gente que sí entiende lo que nos pasa y que sí siente la historia que está contando.

Necesitamos también tener referentes en los lugares de protagonismo de creación de la historia, de generación de narrativas, es súper importante sentirnos identificades con la persona que esta narrando. Y como contadoras y contadores de historias también merecemos el acceso a contar nuestras historias y las historias de nuestra gente, estamos en una dictadura blanca en cuanto a la narrativa así como en un montón de espacios, porque claro, el racismo es un sistema gigante que envuelve todo.

Lastimosamente, la blanquitud y el racismo permeó todas nuestras experiencias, obviamente de formas distintas. Todes tenemos que aprender, aunque tenemos roles distintos y cosas que aprender según los roles que cumplimos. A veces, pienso que no me gustaría que pase lo que veo que pasa con el machismo y que también ya veo que pasa con el racismo, que es aprender las 3 o 4 cosas básicas para no parecer racista o machista e ir a hacer el trabajo con eso 3 o 4 pasos y, aparentemente, no es un trabajo racista pero finalmente sí le estás quitando el espacio a esa persona porque sí es suya o porque es de su gente.

Desde una sinceridad humana, intentar entender cómo funciona esto para dejar de reproducir, dejar de acaparar espacios de narrativa de nuestra historia, dejar de querer quedarse con las pocas oportunidades, pocas becas, pocos llamados que hay específico sobre temas que tienen que ver con cuestiones raciales, para que la propia comunidad pueda contar su historia. A veces de hacen llamados para personas racializadas y todo el jurado es blanco, la curaduría se hace por gente blanca. Es importante también no encasillarnos y limitarnos exclusivamente a temáticas que tienen ver con la racializacion.

En toda la diversidad de temas que hay para narrar la experiencia humana, nosotres también tenemos experiencia humana que contar y desde donde poder pararnos para leer historias, construirlas y seleccionarlas. Y trabajar todo los días en acortar la brecha que hay en la exclusión en todos los ámbitos, para que haya más personas racializadas que puedan acceder a formación y a tecnologías para poder ser narradores de historias a través del formato que quieran.

Así también va a haber más gente que pueda aplicar a becas y ocupar lugares decisión y de poder que siempre está acaparada por la blanquitud. 

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