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Género

El carácter social y político del puerperio

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Por Micaela Petrarca Fotografías por Paula Colavitto y Alana Rodriguez

Puerperar tiene un nivel exclusivamente individual, pero este proceso es de tal envergadura para el crecimiento saludable de les bebés, que propiciar el ambiente más calmo y tranquilo a esa díada mamá-bebé, es una responsabilidad social. Desde el padre, la familia de origen y/o la tribu a elección, hasta del sistema de sanidad y el Estado. Cada quién desde su rol y en respeto por las vidas que acaban de nacer deberían acompañar creando modelos de sostén solidarios para que el puerperio sea un tiempo de sanación, sabiduría y dedicación a demanda del bebé, con el objetivo de crear en el presente y en el futuro, seres más autónomos e independientes.

El puerperio está completamente invisibilizado y esto no es casual. Los sistemas que rigen actualmente en la sociedad tienen un porqué y un para qué. El patriarcado y el capitalismo atraviesa al puerperio como cualquier otra fase de la mujer, y cómo lo hace con cualquier ser. Si comprendemos que los primeros años de vida del bebé son claves para el desarrollo de su futuro en términos de autonomía u obediencia, y en términos de crianza respetuosa -porqué seguir criando desde la mirada y la comodidad adultocentrista es seguir reproduciendo las mismas faltas de atención y necesidades que un bebé y un niñe necesita- comprendemos que no es casual que una persona puérpera esté completamente sola, desbordada o alejada de su criatura por las exigencias socioeconómicas y por los mandatos patriarcales.

“Vivo el puerperio de momento, es un vaivén de emociones hermosas y a veces desgastantes. Me siento acompañada, poco comprendida y me es difícil pedir ayuda, porque, ¿puedo con todo? O trato de que así sea, y si no puedo, como a veces pasa, me resguardo en mi llanto o lamento”, relata Mariana, quien parió hace tres meses.

¿Por qué un cuerpo en tránsito por el puerperio no pide ayuda o lo hace cuando llega a una situación límite? Es urgente hablar de puerperio y dejar de romantizar la maternidad.

“Tiene que ver, fundamentalmente, con la idealización de la maternidad. Creemos que es algo hermoso, luminoso, pletórico, como algo único que siempre ha de ser de la misma manera, es lo que yo llamo la maternidad plastificada”, dice la terapeuta perinatal Esther Matos, autora del libro ‘Psicología de Postparto’.

La imagen que se vende de la maternidad como la felicidad absoluta y ‘lo mejor que te puede pasar en la vida’, llevan a que un cuerpo en tránsito por el puerperio sienta culpa cuando las emociones que la atraviesan estén alejadas del encanto. “Es bien cultural y lo arrastramos de generación en generación. Así como parir duele, lactar duele y criar duele. Es una ley universal, si las que estuvieron antes no se quejaron….mejor cerrá la boca. Las maternidades sumisas, silenciosas, las mujeres acostumbradas al sufrimiento, a la soledad, son parte del control paternalista patriarcal”, explica Jimena Robledo, doula, y docente en enseñanza de puericultura.

El encanto puede estar, y posiblemente esté, claro que sí, pero no es sólo eso. La maternidad no es solo amor. Es también la transformación de una, de la pareja, de la familia. Es un duelo. Es cansancio, horas sin dormir, necesidades propias sin cubrir, falta de intimidad. Pueden activarse miedos o pasar un montón de cosas que afecten y de las cuales no se habla. “En algún momento a alguna madre se le ocurre quejarse, decir ‘estoy muy cansada’ o ‘me siento triste’ o ‘rara’ y es muy probable que encuentre como respuesta frases como: ‘Ya pasará’, ‘Es lo que toca’, ‘No te quejes que yo no he podido tener hijos’ o ‘Es lo más hermoso del mundo, aprovéchalo que pasa muy rápido y ya te llegará que lo eches de menos’, que en definitiva nos hablan de cómo la sociedad está empapada de esta idealización y hacen que nos sintamos de alguna manera poco comprendidas, por lo cual, menos hablamos”, describe Matos, terapeuta perinatal.

En compañía de la romantización y la culpa, aparecen en este período todas las etiquetas que el patriarcado tiene en torno a las mujeres: la que reclama, la que pide, la que siente y es una histérica o una exagerada, la que necesita sostén, la que no puede, la asexuada, la que no sabe, etcétera. En esta línea, Carolina Necco, terapeuta ocupacional con dedicación en Salud Mental y Pediatría opina: “pedir ayuda es la internalización de la opresión, sentirse minusválida, desvalida. Son los neo formatos del patriarcado, es complejo, porque nos han hecho creer que somos eso”.

Pedir ayuda es sano, no nos hace menos, ni peores, ni incapaces, es importante observar, escuchar el cuerpo y atender sus necesidades en beneficio de la salud física, psíquica y emocional. La ciclicidad vive dentro de cada ser y de la naturaleza, es normal no estar siempre lineal a las emociones que tenemos vistas como positivas. “Si no hay goce, no hay revolución. Sin placer, no hay posibilidad alguna de romper con los mandatos que nos oprimen. Quedamos sumisas, dóciles, adaptándonos a lo que se nos propone. El pedir ayuda libera, hay que aprender a hacerlo a tiempo”, dice Robledo, quien acompaña mujeres y familias desde el 2018 como doula y puericultora.

La invisibilización, el silencio y las formas en que se abordan los puerperios ajenos no son inocentes. Es el mismo sistema patriarcal que oprime, etiqueta, y forja a favor del poder económico y de la ciencia médica. “Un cuerpo que ha gestado y que está atravesando el puerperio es un cuerpo que necesita quietud, recogimiento, cerrazón, introspección. Nada de lo que el puerperio exige a la fisiología de un cuerpo, a las necesidades de una vida, es compatible con los modos capitalistas y patriarcales de nuestra cotidianeidad”, explica Necco, quien también es educadora pre y perinatal.

A estos sistemas no les conviene que madres y padres dediquen su tiempo y energía a la crianza y el cuidado de les niñes, porque son horas improductivas, según la lógica de mercado y consumo. Matos profundiza que: “Para mí es aún más macabro, que cuanto menos amadas sean las criaturas en el puerperio, menos autoestima tienen y más dóciles somos para el sistema. Todo movimiento de censura que vemos en la sociedad tiene un origen. La separación es el mayor drama del puerperio, sobre todo para el bebé que está diseñado para estar cerca de su madre y su entorno, y generar así su estima, su vínculo, su seguridad, su sensación de dignidad, de amor propio. Crecer con eso dañado, hace que haya una fisura por donde manejar al adulto”. 

Una de las formas de separación, tal vez la más cruel, es mediante las necesidades económicas. Están quienes deciden volver a sus actividades, y quienes tienen la obligación de hacerlo, ya sea porque así lo exige el empleador, o el hambre y las necesidades básicas insatisfechas. No escapan a estos procesos, las desigualdades sociales y económicas, que siempre golpean más hondo. “Todo es ecosistémico, es decir, lo que sucede en la maternidad está atravesado por diferentes capas, una de ellas es la sociocultural, que es la capa más externa, el macrosistema”, explica la terapeuta y autora de ‘Psicología de post parto.

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“El aspecto económico no se puede ignorar, es una de las situaciones que son muchas veces gran motivo de angustia, de estrés, de ansiedad para muchas de estas vidas”, explica Necco y agrega que el problema económico puede hacer quee todas las sensibilidades emergentes del puerperio no tengan su cauce, porque hay que poner la energía en otra cosa: “Llorar, estar sensible, irritable, son expresiones de salud en este tránsito, lo que nos extraña es cuando luego de parir es como si no hubiera pasado nada”.

Muchas madres no pueden siquiera detenerse a sentir por las exigencias económicas. Si existieran políticas públicas que resguardaran a las personas puérperas, harían que al menos este tránsito, que puede traer muchas revoluciones internas, sea más liviano. Es hora de que se empiece a valorar la salud emocional y mental.

“En lo social, hace falta muchísima herramienta de contención concreta, y no solamente para el cuerpo en tránsito para el puerperio, sino también para el compañero. Las licencias por paternidad son de tres días, es una locura”, opina Necco, y en la misma línea, Matos presenta lo que se vive en España en tema de licencias: “Se han conseguido permisos iguales e intransferibles para los padres, por supuesto está genial que estén, pero ni ellos gestan, ni paren, ni puerperan, entonces igual estaría bueno que ampliaran nuestra baja hasta al menos seis meses, que es lo que la OMS recomienda de lactancia materna”. Aunque esta medida sanitaria es necesaria, hay muchos países donde no es política pública y las mujeres tienen que pagar los servicios de la salud postparto de manera privada.

También es importante nombrar el poder médico y cómo opera y ha operado su imagen de palabra sagrada a favor de los sistemas de dominación. Antes -aunque hoy en día también se puede encontrar esta falsa información-, se hablaba de puerperio como los 40 días post parto. Y tenía que ver con la exigencia del hombre para volver a tener relaciones sexuales. Pasado ese tiempo, se supone que, físicamente, el cuerpo que ha parido ya puede reanudar su vida sexual.

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“Siempre el poder médico se ha aliado muy bien con los intereses capitalistas y patriarcales, la ciencia médica desde la modernidad da mucho soporte a todas estas cosas. Entonces, si es 40 días, es 40 días. Si está llorando todo el día o está muy sensible por lo que le pasa, bueno está transitando lo que se denomina baby blues y entonces te medican”, sostiene Necco y explica que, aunque en Argentina no se hace tanto hincapié en este fenómeno, en Estados Unidos sí hay mucha patologización de este momento anímico. Además, la terapeuta señala:  “Esa tríada de poderes atravesando no me parece nada menor, la farmacéutica es la gran pata del capitalismo contemporáneo. Interesa muchísimo que los cuerpos que transitan por el puerperio solapen lo que sienten y no se conecten con eso”.

Es importante diferenciar lo que se denomina baby blues a la depresión post parto. Es esperable y normal que en una madre puérpera cambie su estado de ánimo a lo largo del día y varias veces. “Muchas madres tras el parto atraviesan una disforia postparto, que es una especie de sensación de inestabilidad emocional, tristeza, incluso un poco de llanto, pensamientos negativos acerca de la criatura, pero esa ciclotimia, esa sensación alterada de emociones, no va más allá de las dos semanas de postparto”, explica Matos. Si la tristeza sigue entrando en la tercera semana, se puede evaluar como una posible depresión post parto.

“Tengamos en cuenta que la principal causa de muerte materna luego del parto es el suicidio”, dice Robledo, citando el documento ‘Suicide and other causes of mortality after post-partum psychiatric admission’, de Appleby, L, Mortensen,P.B; Faragher, EB. (1998). Además, agrega: “Los mandatos en torno a la lactancia y las dificultades que pueden surgir están asociados a índices más altos de depresión posparto. Hay que acompañar desprejuiciadamente, sin subestimar y de manera súper respetuosa la salud mental materna”.

También existe la ansiedad postparto, sentir taquicardia, angustia, llanto, sudoración, sensaciones de que una se está volviendo loca, pensamientos obsesivos acerca del bebé del estilo: “algo le pasa”, “no lo estoy haciendo bien”, “tengo que ir a urgencias”; y a menudo, ambos trastornos, suelen estar relacionadas, si hay uno, posiblemente esté el otro.  

Las causas pueden ser muchas, van desde lo biológico, si hay antecedentes familiares o propios, hasta cómo se ha transitado la gestación y el parto, si fue respetado, si se ha sufrido violencias obstétricas. Luego, si estás criando en soledad o en pareja; si hay problemas de lactancia, si tienes problemas económicos o de maltrato. “Hablando siempre de posibilidades”, explica Matos, autora del libro, ‘Psicología del post parto’, y menciona que, en muchos casos, la depresión en el embarazo y en el post parto está asociada con la violencia de género.

En el reconocimiento y la indagación, volvemos a encontrar la soledad y la falta de políticas públicas y de sanidad que hacen falta en el acompañamiento de gestación, maternidades y crianzas. El seguimiento psicológico en todo el proceso de gestación, parto y post-parto, con la mirada y la escucha puesta en como está y cómo se siente esa madre, sería una forma posible para detectar precozmente alguno de estos trastornos. En este sentido, Esther Matos dice: “Hay tests psicológicos que se pueden hacer muy sencillos, que deben estar metidos ya en las consultas de matronas, ginecológicas y de pediatría, y de médicos de familia. No hace falta que esté una psicóloga perinatal para darte cuenta de que una madre está pasándola mal”.

Mucho es el peso que se deposita en las madres, porque allí siempre es más fácil señalar y opinar. Pero más son las capas que atraviesan a la maternidad, los grandes problemas son la falta de apoyo y de comprensión, la soledad y la falta de mirada amplia.

“A la díada mamá-bebé, la rodea la siguiente capa que es el padre, y los sistemas familiares, y las relaciones que hay entre todos ellos; a esa última capa, se le mete todo lo social: la cultura, los ritmos que se imponen, las idealizaciones, los conceptos, la educación con la que hemos crecido, las desigualdades económicas, los racismos, miles de cosas que están pudiendo afectar directamente a la madre”, explica Matos y aclara que esta idea de que la madre y el bebé están en fusión no significa que la madre sea la responsable de todo lo que le sucede al bebé, ni que sepa absolutamente todo lo que le pasa al bebé en cada momento, porque esta mirada es muy “culpógena” hacia la madre.

No existe la madre sola y aislada, estará afectada por su entorno, su experiencia, su salud, su economía. Y hasta puede estarlo por la situación política o social que esté atravesando el país, como sucede actualmente con la pandemia, que se ha manejado desde el pánico y no desde la tranquilidad, la seguridad y el cuidado. “Cuando una está embarazada o en puerperio está más vulnerable a estos mensajes. El pánico nos afecta como a las hembras mamíferas. A nivel fisiológico nos baja el sistema inmune por un aumento de cortisol y hormonas de la familia de la adrenalina, y nos deja devastadas. Además, implementaron políticas absurdas a nivel sanitario como la separación de madres y bebés. Los protocolos covid, si eras positiva te quitaban a tu bebé, no lo conoces hasta 15 días después, burradas, auténticas salvajadas se han hecho”, cuenta la terapeuta perinatal.

¿Cómo podría ser la madre la única responsable de todo lo que le sucede al bebé? Si empezamos a entender que todes estamos interconectades y todo está relacionado entre sí, saldremos de esa mirada tan lineal. “La madre, si a lo mejor tuviera alguien que se ocupara de la comida, de la casa, si no tuviera problemas económicos y la baja por maternidad fuera más decente y digna, si en la pareja todo fuera bien, a lo mejor no tendría que estar haciendo locuras”, agrega Matos.  

Una mejor estrategia para implementar sería brindar información y herramientas para aquellas capas que están en vínculo con la madre. “Si hay un compañero, una pareja, iluminar más ahí. O buscar en la manada que tiene esa mujer. Buscar esos lugares más colaterales para que estén atentes y no sobrecargar”, propone la educadora pre y perinatal, Carolina Necco.

Las intensidades del puerperio estarán, no se puede evitar y no se trata de eso. Se trata de iluminarlo y cooperar para que sea un proceso maravilloso de transformación y no un tormento. Y de reconocer que el bienestar de una madre es el bienestar de les niñes y bebés. Si ahí es el origen, allí hay que apostar. Hace falta funcionarlo en pos de maternidades y crianzas sanas y amorosas, para el futuro de la comunidad.

¿Cómo podemos empezar? En principio, hablando de puerperio real. La definición de que solo dura 40 días, es ridículo, es una mirada reduccionista a lo físico, considerando que todo haya ido bien. Más absurdo es para una persona que acaba de aterrizar a su hogar luego de vivenciar alguna dificultad, cómo grandes desgarros, episiotomía,o si hubo violencia obstétrica, separaciones del bebe y la mamá.

Nombrarlo para visualizarlo y crear redes para vivenciarlo en compañía, comprensión y amorosidad. En reclamo de lo propio, lo humanamente necesario, lo natural. “Se necesitan más personas acompañando, hay mucha fascinación por la gestación, pero incluso al interior de quienes acompañamos gestaciones, el puerperio es un tema tabú”, explica  Necco.

Siempre observando y haciendo foco en las necesidades de las madres y de les niñes. “Así como se dice que parir, lactar y criar son eventos políticos, también es bueno recordar que sostener a una mujer que decide cuidar es responsabilidad de todas las personas”, dice Jimena Robledo.

Reconociéndonos creadoras, valiosas, mamíferas y humanas. Hermanarse y criar en tribu para romper con la culpa y el dolor, para que los procesos duros se atraviesen acompañas y sin frustración. 

Con el fin de llegar a un cambio radical, una sociedad que invierta en verdadera salud, para que nazcan y crezcan niñes más sanos; y que honre a las madres y a las puérperas, considerando que ahí está la base de la salud, es “el génesis del futuro de la sociedad”, se escribe en el libro ‘Psicología de post parto’.

Hablar de puerperio para reconocerse creadoras, valiosas, poderosas, mamíferas y humanas; para derribar los mitos, la culpa y el dolor que trae la soledad y el silencio. Hermanarse y criar en tribu para atravesar los momentos duros acompañadas.

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