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De vez en cuando, viene bien escribir “algo personal”.

Para vos, Guille….

Habían pasado varios días y no aportabas nada en el grupo de whatsapp. Cosa extraña, porque, ya sea por audio o por texto, eras uno de los más participativos en este espacio compartido con lo ex compañeros de la escuela de periodismo deportivo.

Me fijé en tu contacto y vi que te habías conectado por última vez el 20 de diciembre. Ya había pasado la Navidad. No había novedades tampoco en tu cuenta de facebook. Marcelo sugirió que quizás te habías ido a pasar unos días a la casa de tu hija, de ahí tu inactividad, ya que por esos pagos suele haber poca señal. Otras de las posibilidades era que estuvieras sin celular. Igual, tanto silencio en estos tiempos de hiperconectividad, llamaba la atención.

En otras épocas la mejor manera de averiguar qué sucedía, era el de hacer un llamado directamente a la casa de uno. Pero insólitamente, no tenemos los teléfonos de línea de ninguno. Otro símbolo de estos tiempos que corren.

Le escribí, entonces, un mensaje por facebook a un amigo en común, Marcos. Por más que nunca habíamos cruzado palabra con él, sabía que era uno de tus grandes amigos de la vida. Desde luego, así se develaría el misterio. Un par de días más tarde llegó la respuesta. Estabas internado por una depresión. Aunque lo positivo, según Marcos me comunicó muy amablemente, era que fuiste a internarte por propia decisión. Me dio el teléfono de tu hijo Matías y ese mismo día hablé con él. Matías confirmó las noticias de Marcos. Además, me dio el teléfono de la clínica. Sólo se aceptaban visitas de los más íntimos pero por teléfono, en horarios establecidos, se podía llamar.

“Jamás lo hubiera imaginado de Guille”, escribió Esteban en el grupo. Es que en general, siempre estabas muy arriba, en ocasiones, sacándonos del adormecimiento, fogoneando encuentros y poniendo tu casa a disposición para llevarlos a cabo.

Pasó también Año Nuevo. Marcelo te llamó la primera vez y sus noticias sorprendieron gratamente. Te escuchó animado, con ganas de salir. “Prometió asado”, dijo, transmitiéndonos alegría gracias a tu rápida mejoría. Un par de días más tarde te llamé yo, pudiendo ratificar las buenas nuevas. “Hasta hizo chistes”, escribí, generando más alegría en los chicos.

Me contaste que había chances de que te dieran pronto el alta. Por eso a la noche siguiente, cuando Matías me mandó ese audio, lo tomé con cierto malhumor: los médicos confirmaron tu recuperación aunque dijeron que era necesario esperar unos días más. Y es así nomás, ellos son los profesionales, son los que saben y si eso decidieron, es para tu bien…

De cualquier manera, ya falta menos que antes. Vas a salir de ésta, Guille. Afuera aguarda toda esa gente que tanto te quiere: tu familia, tus amigos. Vamos a volver a juntarnos, a comer una milanesa con papas fritas, un asado… En un quincho, en una casa, en una parrilla, en un club. La comida y el lugar será lo de menos. Y todo esto, probablemente, sea recordado como una gran anécdota.

¡Te esperamos!

Pablo

 

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