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Como tantos otros rincones de la Capital, se encuentra bajo la jurisdicción de un barrio, pero sus características lo convierten en un fenómeno independiente y es conocido por un nombre diferente al que lo cobija. En el caso del Barrio Inglés, el gigantesco Caballito rodea sus escasas seis manzanas. Pedro Goyena, Emilio Mitre, Valle y Del Barco Centenera, son sus límites externos, en tanto por el interior, es atravesado por Nicolás Videla, Cachimayo y Antonino Ferrari, eje central del Inglés, arteria que tiene la “osadía” de salirse del barrio y entrometer una cuadra en el Caballito tradicional, ya que cruza Emilio Mitre y termina cien metros más adelante, en Víctor Martínez.
Resulta impactante comprobar mediante una corta caminata por sus veredas angostas y despobladas, el contraste con el aspecto urbano exterior, ya sea en lo que tiene que ver con las fachadas de sus viviendas, como por esa quietud que en el Inglés se convierte en una de las grandes atracciones, diferenciándolo del ritmo vertiginoso que continúa marcando a Buenos Aires unos metros al norte, sur, este u oeste.
Para el visitante, la recorrida convencional resulta la más atractiva, sin dudas, por Antonino Ferrari. Si uno marcha en sentido contrario al del tránsito, tendrá la posibilidad de disfrutar todavía más del paseo caminando directamente por la calzada. Por esa zona central -siempre estando atento a la llegada de un vehículo, aunque rara vez eso sucede- logrará apreciar de modo equidistante el frente de las casas situadas por izquierda y por derecha.

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La mayoría, está pintada de blanco. Las menos lo están de amarillo, crema o bajas tonalidades de gris. Pero ninguna escapa a un claro riguroso, que pierde momentáneamente su predominio, si la pared -como en algún caso aislado- es de ladrillo a la vista. En las puertas, ventanas y rejas, en cambio, es fuerte el contraste, pues abunda el negro, sin que esto sea una regla común.
Lo que sí da la impresión de serlo, es el pequeño patio delantero y la altura de las viviendas. En la construcción de prácticamente todas, más allá de un variado estilo, se respetó el patrón de la planta baja y el primer piso, que llega apenas por debajo de la copa de unos árboles cuya edad parecería no ser mayor a la de aproximadamente cuarenta años (bastante más jóvenes que el barrio).
Si se coloca especial atención en las fachadas, queda en evidencia que no es casual esa homogeneidad: las viviendas tienen un letrero que indica que han sido hechas por los mismos constructores: “Parodi y Figuini”.

VALORES Y PROTECCIÓN HISTÓRICA
Ahondando en los orígenes del Inglés, la  información alude a la primera mitad de década de 1920, como época de fundación. El nombre de Antonino Ferrari en su calle principal, no es antojadizo, dado que así se llamaba el director del Banco El Hogar Argentino, institución que adquirió los terrenos y otorgó el financiamiento para que los primeros pobladores -familias inglesas que trabajaban en el Ferrocarril Sarmiento- pudieran acceder a la compra de su hogar. De ahí, por supuesto, viene la denominación. Sin embargo, el complejo de seis manzanas no recibió ese mote en sus comienzos: primitivamente se lo denominó igual que el banco que impulsó el emprendimiento. Recién en la década del 60, un objetivo comercial emanado de las inmobiliarias de la zona, generó la modificación en el nombre.

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En relación a los casi cien años del barrio, existe otro contraste: el precio de las propiedades, que fue incrementándose y que por el prestigio ganado con el paso del tiempo, hoy oscila en 3000 dólares el metro cuadrado.
Valores al margen, otro dato no menor, es que todo el conjunto fue declarado área de protección histórica, por lo cual no se pueden introducir reformas notorias y los frentes, por consenso del vecindario, deben respetar su fisonomía tradicional.

ANTE TODO MUCHA CALMA
La serenidad que se respira a cada paso, pareciera ser el indicador de que los problemas de inseguridad no son los que afectan a sectores más calientes de Caballito. Por si acaso, una casilla con personal policial, se distingue en una de las esquinas.
Cuando el recorrido a través de Ferrari va llegando a su punto final, la enorme figura de una torre de más de diez pisos se entremezcla en el apacible paisaje. Se trata de una edificación ubicada justo en la desembocadura de esta arteria tan particular, aunque para acceder a ella, hay que cruzar Del Barco Centenera. Obviamente, el edificio, por unos metros, está afuera del Inglés, que jamás admitiría que un “intruso” de esta naturaleza se imbisculla en su calma pueblerina.

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