(bacn.com.ar)

Cuando Homero Manzi escribió “Barrio de Tango” probablemente no haya pensado en la Colonia Obrera. Porque aunque la letra del famoso poema arranque con “un pedazo de barrio allá en Pompeya”, no es esta minúscula porción del barrio -creemos- lo que inspiró a Don Homero. Sin embargo, de que la Colonia Obrera es un pedazo de barrio, allá en Pompeya, no cabe la menor duda. Y de que es un barrio en sí mismo, tampoco. Un barrio, muy particular, claro está, ya que está compuesto por una sola manzana,
Desde luego, no es oficial. Pero sí tiene carácter de micro-barrio, como tantos otros en esta Capital. Está delimitado por las calles Cachi, Traful, Alberto Eistein y el pasaje Alfredo Gutiérrez.

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VAMOS DE PASEO
Viernes por la tarde. Las escasas horas de un día soleado de junio, son el momento propicio para iniciar el viaje hacia Pompeya.

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Cerca de las 16 hs, los sonidos de una Avenida Sáenz saturada por el tránsito peatonal y vehicular, van apagándose a medida que caminamos con dirección sudeste. Increíblemente, dos cuadras más allá, yendo por Ventura de la Vega, reina un sorprendente silencio. De pronto, una mole de cemento se entromete en una geografía de casas bajas y humildes: es el Hospital Aeronáutico Central. Pero en contraposición a lo que suele sueceder alrededor de tantos hospitales, el silencio y el escaso movimiento  sieguen siendo dueños de la escena. Una ambulancia detenida frente a la puerta del nosocomio, algunos chicos jugando al fútbol en la plaza de al lado, el andar de un auto solitario y un puñado de personas de a pie, son parte del hermoso cuadro otoñal.
Frente al Aeronáutico, Ventura de la Vega hace una incipiente curva y al continuar por ese trayecto, quedamos de cara a la Colonia. Sólo hay que cruzar una plaza mínima para meterse en este insólito barrio con una torre en el centro de la manzana. Un minuto más tarde, estamos parados junto a ella…

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La torre tiene una capillla en su interior, cuatro relojes (uno de cada lado) y un campanario en la parte superior. Pero, pequeño-gran detalle, la puerta está cerrada y los relojes de la cima, destruidos. Son símbolos de la decadencia en la que, lamentablemente, está sumido el barrio. El deterioro es visible a simple vista, no sólo en estos elementos, sino en las casas, en las paredes, en las veredas. La falta de mantenimiento es un factor que no se puede pasar por alto, si bien el entusiasmo por recorrer esta auténtica perlita de Buenos Aires, son una invitación a disimular cualquier detalle negativo.
Sin que nos desaliente el deterioro descripto, atravesamos la Colonia en completa parsimonia. La manzana posee una calle peatonal sin nombre que nace en Gramajo y muere en Traful (o viceversa) y la corta en dos mitades. En el centro, está la torre. Pero esto no es todo. Además existe otro pasaje interno, también sin nombre, que rodea a la torre y vuelve a seccionar a la manzana en una parte interior y otra exterior.
Del lado de Traful, hay una casa que tiene el número “1” como dirección. A unos centímetros, un cartel apunta a orientar a los encargados de entregar la correspondencia. Es fácil deducir que los carteros que no conocen el lugar, suelen confundirse. Las viviendas que dan al Este, llevan numeración impar; las del Oeste, par. El caberío que se aparece ni bien se alza la mirada, es otra de las características actuales de la Colonia.

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YA NUNCA ME VERÁS COMO ME VIERAS
En relación a la torre, uno de los escasos indicios de que no todo es abandono, es un altar muy bien cuidado, con la imagen de Jesús, rodeado de flores y plantas, ubicado en la base que da a Gramajo Gutiérrez.
Nos hubiera gustado entablar un diálogo con alguno de sus habitantes. No obstante, las minúsculas calles estaban desiertas, con excepción de un adolescente que salió de su casa enfundado en un equipo de gimnasia, ojotas y auriculares, y se detuvo en la vereda. En este caso, no tuvimos intenciones de molestarlo con nuestras preguntas. Tampoco nos atrevimos a tocar el timbre de los vecinos. Música apenas fuerte saliendo de una de las viviendas, era el único sonido que desafiaba el silencio. La quietud, en tanto, solamente osó interrumpirla un gato que tras caminar unos metros, se sentó en medio del pasillo central.

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COLONIA CENTENARIA
Su denominación es Colonia Obrera de Nueva Pompeya/ Pequeño barrio San Vicente de Paul. Esto se debe a que las Damas Vicentinas fueron dese siempre, las encargadas de la administración, el cobro del módico alquiler y el mantenimiento del mini-barrio, cuya construcción data de 1912.
El Jockey Club donó los terrenos, con el objetivo de que allí se levantara un conjunto de viviendas sociales, en el contexto general de un zona que recién estaba comenzando a urbanizarse. Para su inauguración, asistió el propio presidente de la Nación, Roque Sáenz Peña. También lo hizo Joaquín de Anchorena, el intendente de Buenos Aires. El diseño de la particular manzana compuesta por 46 casas de un ambiente, 96 de 2 y 3 de 3, es obra del arquitecto  Vicente Frigerio Alvarez.

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Con respecto a las Damas Vicentinas, cuya correcta denominación es Asociación de las Damas de Caridad de San Vicente de Paul, eran las que en los primeros tiempos hacían cumplir normas de conducta claramente establecidas y tenían la facultad de hacer visitas en cualquier momento del día, para comprobar si los inquilinos cumplían. Una de las reglas, era que el frente de las casas fuera del mismo color; otra, que no hubiera animales. Por lo visto, tanto una como la otra, han quedado en el más absoluto de los olvidos. Pero pese a que las Damas ya no realizan aquellas inspecciones, esta Sociedad benéfica sigue siendo propietaria de las viviendas.

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CHAU POMPEYA…
Unas fotos más y se acaba la visita. Es hora de emprender la marcha nuevamente hacia avenida Sáenz.
Nos invade una extraña sensación: a cuatro cuadras el caos de la gran ciudad volverá a imponerse.
Y otras cuatro cuadras, pero para el lado contrario, es terreno de la villa Zabaleta. En el medio, un pequeño sitio que parece salido de un libro de cuentos, es el que le gana la partida a estos dos colosos de los tiempos que corren.

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