Bernarda no está muerta

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Una casa sin alba

 

El clásico de Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba, escrita en 1936 y estrenada en 1945, nos ofrece Una casa sin alba, una especie de desprendimiento del clásico de Lorca, con una puesta sórdida, con dos actores (Compañía Teatral El Loco Afán), basada en la escena final de aquel clásico que se dilata para mantener la última escena en un ambiente asfixiante: el pueblo, la chatura de sus habitantes, los prejuicios, la falta de tolerancia a ver alguien distinto, la falta de comunicación y el silencio son el centro de esta obra donde los personajes (¿hombres? ¿Mujeres?) Dos varones en lugar de las clásicas mujeres, como si el aire del pueblo masculinizó a estas mujeres que siguen siéndolo de forma travestida. El juego de lo queer. La apuesta a la diferencia y al rompimiento del binario masculino-femenino es la apuesta de la obra, donde la fantasía se explicita en esos cuerpos lúgubres, cargados de represión. La acción transcurre en la casa de la familia Alba, el día de la muerte del padre de la familia.  Qué pasa cuando muere el padre de familia. ¿Qué pasa con la heteronormatividad instalada desde hace siglos? ¿Y el parricidio del que habla Freud donde la muerte del padre produce el acceso a la exogamia? En escena, sólo los dos hijos varones, Adela, EL menor, y Martirio, EL que le sigue en edad. Otros personajes de la obra, como Bernarda, la madre, las hermanas mujeres,  la criada, María Josefa, la abuela; aparecen como referencias externas o pensamientos: voces o diálogos que los hermanos escuchan. El ambiente, la atmósfera es de pueblo, religiosa y excesivamente femeninx, opresora y aplastante.

Adela, como una Antígona de la modernidad, avanza con su deseo pese a todo. Un momento cumbre de la puesta en escena es cuando los prejuicios del pueblo se reproducen enredándose hasta asfixiar a lxs protagonistas.

El disparador del trabajo fue la publicación del libro “El Teatro Queer de Wilde a Muscari”, del Lic. en Actuación Alberto Leonelli, donde el autor analiza a lxs diferentes autorxs teatrales que conllevaban en su vida e historia personal, y por lo tanto en sus obras, un componente queer antes de ser llamado académicamente queer: Oscar Wilde, Federico García Lorca, Tennessee Williams, Pedro Lemebel, Alejandro Urdapilleta, entre otrxs. Esto motorizó la necesidad del escritor y del actor Alberto Schuster de llevar a escena el contenido del libro. La propuesta del amor, que no tiene sexo y que es universal, sin distinción de género es el mensaje central de la obra.

                                                                                                     

Bernarda no está muerta

Adela: Alberto Leonelli

Martirio: Alberto Schuster

Viernes a las 21 hs.

Espacio Tole Tole

Pasteur 683 CABA

 

 

 

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