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Comuna 1

Reabre el “Saeta”

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Se trata del mítico “Bar-Café” que funcionó hasta 2001 en una de las esquinas de las calles Chile y Perú. Administrado por “Gallegos”, como tantos otros bares de la época, se distinguía porque estaba abierto las 24 horas. Un trágico accidente significó su cierre pero en marzo de 2020, cuando comenzó la cuarentena, fue adquirido por un empresario gastronómico que reabrirá el local y mantendrá su histórico nombre.

No quedan vestigios del almacén y despacho de bebidas “La Estrella” que operó en esta esquina en 1865. Poco se sabe del mencionado emprendimiento pero un “pasquín barrial” encontrado por obreros en la antiquísima construcción dan cuenta de su existencia: “Punto de encuentro de vecinos del arroyo Tercero del Sur, o zanjón de Granados y en la orilla sur, señala el límite de San Telmo y Montserrat. Desde 1962, se convirtió en el bar Saeta».

La publicación encontrada por obreros que trabajaron en las obras de puesta en valor de lo local, en realidad se trataba de un «fanzine»; publicación periódica independiente y autogestiva de tirada limitada que en general era realizada íntegramente de manera artesanal. Esto quiere decir que el artista trabaja desde el diseño a la distribución. En comunicación con Juan Manuel Ceruse, hijo de Miguel, nos cuenta que su padre «los regalaba en la puerta de esos lugares típicos del barrio. En el caso de Saeta se utilizaron como apoya platos. 

Esta “publi-nota” era la carta de presentación utilizada por Sebastián González y Luis García, últimos propietarios del “Saeta Bar”, hasta que Lucas Pérez (42), empresario gastronómico decidió comprar la propiedad y reabrirlo. Una verdadera apuesta: firmó la escritura el 19 de marzo del 2020, horas antes de que empiece la cuarentena.

Los hermanos García, y González eran los propietarios del bar y “Mario y Sebastián” atendían a los parroquianos con el típico “gracejo español”. Bautizaron el comercio con el nombre Saeta y para entender el motivo podemos repasar algunos de los textos del escritor, antropólogo y folclorista español Antonio Machado Álvarez (1849/1893) que definía las saetas como «cancioncillas que tienen por principal objeto traer a la memoria del pueblo, especialmente en los días del Jueves y Viernes Santos, algunos pasajes de la pasión y muerte de Jesucristo (…) coplas disparadas a modo de flechazos contra el empedernido corazón de los fieles»​.

  El autor de esta nota se topó a fines de enero en la puerta del comercio, aún cerrado, con  un parroquiano que husmeaba entre las hendijas de los ahora prolijos cerramientos que impiden toda visión desde afuera del local. “Acá funcionó el Saeta, venían vecinos de la Boca, Constitución, Montserrat, de todos lados porque no cerraba nunca” nos dice la inusual  fuente. “Si habré visto gente que se estaban días en las mesas que daban a la calle y se quedaban dormidos” asegura el vecino.

Pérez, encontró la barra, mesas y sillas originales, pero en pésimas condiciones. Prácticamente no pudo rescatar nada. En la construcción del 1º piso funcionó hacia fines de la década del 90´un hostel y parece que las filtraciones de agua sedimentaron el techo del bar y no quedó otra que hacerlo prácticamente nuevo. Al no poder utilizar el mobiliario de época (solo la copera pudo rescatar), procuró conseguirlo: heladera cantinera con vidrio vertical, piso con mosaicos del estilo utilizado por el viejo Saeta, son solo algunos de los ejemplos.

“La comida era muy rica. Recuerdo la milanesa con ensalada de chauchas y huevo duro” nos cuenta Paola. Su tío residía en la calle Perú a metros del bar y era un asiduo comensal de este bodegón, que ofrecía minutas de calidad en cualquier momento.

Lucas Pérez, reside en Montegrande y junto a otro socio abrió su primer bar. Si bien tiene otros emprendimientos gastronómicos, este el primero en la ciudad. Fue un amor a primera vista, caminado por el barrio se topó con un cartel algo desprolijo y poco profesional, con un teléfono para los interesados en comprar la propiedad.

Lucas compró la propiedad sin siquiera haberla visto por dentro.  Los propietarios residen en España y se pusieron muy contentos cuando se enteraron que se mantendría el nombre. Cuando comenzó con las obras de puesta en valor, decenas de curiosos se acercaron a contar anécdotas de la “Saeta”, y Lucas entendió  todo…el nombre que había elegido quedará para otra oportunidad.

Más de 20 años cerrado ambos pisos del edificio y parece ser que no existieron muchos oferentes. Probablemente producto de juicios por el accidente fatal (ver apartado) que sucedió en el Bar y por dificultades para la reinstalación de servicios públicos se haya demorado la posibilidad de la venta.

Pérez es cocinero profesional y estudió en el instituto “Gato Dumas”; también ostenta un título de maestro Pizzero de la Asociación de Propietarios de Pizzerías y Casas de Empanadas de la República Argentina. En charla con este medio aseguró que intentará mantener la tradición de lugar en cuanto la oferta de minutas de calidad a precios accesibles, pero agregará una de sus especialidades: la pizza.

Si todo sale bien a principios del mes de marzo abrirá sus puertas de 7.30 a 0.30 horas. Como operará desde muy temprano ofrecerá diferentes propuestas de desayuno y merienda.

El piso de la parte superior de la propiedad tenía juncos de casi un metro, y cuando finalice la obra se convertirá un hostel, pero esto último es para otra nota.-

A continuación transcribimos la nota completa sobre el terrible accidente en «La Saeta», publicada en La Nación el 11 de abril de 2001

“Explotó el sótano de un bar; hubo un herido de gravedad”Tres personas resultaron heridas -una de ellas de gravedad- al explotar el sótano de un bar situado en la intersección de Perú y Chile, justo en el límite entre los barrios porteños de San Telmo y Montserrat, a las 10.40 de ayer. «El chico levantó la puerta sobre el piso para bajar al sótano y, cuando prendieron la luz, explotó», relató Daniel Pelayes, de 36 años, empleado del bar Saeta. El repartidor de gaseosas se disponía a bajar al subsuelo del bar para buscar cajones con botellas vacías cuando desde arriba encendieron la luz, y el gas que presuntamente se había acumulado allí a raíz de un escape hizo explosión. Resultaron heridos Sebastián González, de 66 años, dueño del bar; Silvio Albarracín, un parroquiano de 46 años, y Pedro Rodríguez, de 33, proveedor de gaseosas. Pelayes, que también se encontraba dentro del local, resultó ileso. Rodríguez, el más afectado por las llamas, sufrió quemaduras de tercer grado intermedias y profundas en un 96 por ciento del cuerpo. Según el doctor Carlos Moguillansky, jefe de la guardia del Instituto del Quemado, donde fueron derivados los tres heridos, «el pronóstico es sumamente reservado». (NR: Falleció en el hospital) «Salió corriendo del bar prendido fuego», dijo Ireneo Barrios, de 46 años, que trabaja en una carnicería situada frente al local y quiso socorrerlo con un balde de agua. «Por suerte, igual, alguien que pasaba le apagó antes el fuego con una campera», contó impresionado el carnicero Barrios. González sufrió quemaduras intermedias y superficiales en el 11 por ciento del cuerpo y una herida cortante en la frente, luego de ser despedido contra una pared por la onda expansiva. Albarracín presentó quemaduras en el 6 por ciento del cuerpo. Sebastián González y Silvio Albarracín fueron luego dados de alta, pero no así Pedro Rodríguez, quien permanece internado en la unidad de terapia intensiva del mencionado hospital. La explosión levantó el piso del local, que quedó hecho escombros, y provocó el derrumbe de mampostería y la rotura de vidrios. El daño, de cualquier manera, quedó circunscripto al café y no afectó las casas linderas. Además, afortunadamente, el primer piso del edificio, cuya planta baja está ocupada por el bar, no está habitado. La Superintendencia de Bomberos efectúa el peritaje correspondiente para establecer fehacientemente cuáles fueron las causas de la explosión.–

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