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El conocido editor, escritor y traductor Alejandro Katz deja a un lado las letras para meterse de lleno en un campo novedoso para él, a través de una ambiciosa videoinstalación: 35×35. Una instalación democrática. Compuesta por 35 monitores y cinco canales de sonidos (la obra posee, por lo tanto, un sonido envolvente), el trabajo puede desde este miércoles en el Museo de la Universidad de Tres de Febrero (Muntref).

Junto a Martín Bauer, a cargo del diseño sonoro, y Alejo Moguillansky, en la dirección y montaje cinematográficos, 35×35… es un proyecto concretado a tres manos: “La idea fue mía pero el trabajo es de los tres”, precisa Katz.

Siguiendo los temas que le preocupan y tras aclarar que no pretende convertirse en un videoartista, el escritor indaga por medio de este proyecto en qué es la democracia y qué decir acerca de ella. Para reflexionar sobre la cuestión, a 35 años de la vuelta democrática con la asunción del presidente Raúl Alfonsín, Katz invitó a 35 personas nacidas hace 35 años, provenientes de diversas áreas del país y bien diferentes entre sí. Piensan, en voz alta, acerca de su trabajo, sus deseos, sus problemas: su estado como ciudadanos.

Así, transcurren las experiencias de vida de un corista cordobés, un técnico en informática santafesino, un talabartero salteño, una kinesióloga rosarina, una pianista porteña, una trabajadora sexual trans de Santiago del Estero y una bióloga marina de Mar del Plata, quienes diseñan testimonios inesperados y dan cuenta, también, del ángulo amplio que Katz tomó para llevar adelante la obra.

Mi preocupación gira, como siempre, alrededor de la democracia, y de los problemas y modos en los que creamos un espacio común”, comenta Katz. “Mi interés por la democracia es antiguo, y parte de la comprobación de su fragilidad, de la sencillez con la que puede ser destruida, o cuando menos tergiversada”. El autor sostiene que, tal como para muchas personas de su generación, también para él la democracia fue durante mucho tiempo algo lleno de adjetivos: una democracia formal, una democracia burguesa, democracia popular, democracia… “Nos costó mucho dolor entender que la democracia sin adjetivos, o en todo caso la democracia constitucional, es el único piso sobre el que podemos convivir. Que este año se celebren 35 años de una democracia así debía ser, entonces, motivo de celebración.”

Aquí, con esta videoinstalación, el editor propone una perspectiva diversa: “Creo que con un ensayo no podría producir algo parecido a esta obra; con una exposición cuyo tema fuera la democracia tampoco. En realidad, una instalación así, una videoinstalación compleja, moviliza mucho, contiene algo muy físico en el resultado”.

Los 35 monitores de 40 pulgadas, colocados unos junto a otros, creando un gran formato rectangular, un gran mosaico de imágenes que aparecen y desaparecen en diferentes momentos, exponen a modo polifónico, coral, los testimonios de las personas invitadas a participar del proyecto. Pero ellas no hablan todas a la vez: el ritmo que crean sus palabras, sus dichos, los tempos, los silencios, los espacios entre sí, las distancias, establecen un orden de recepción muy especial en el espectador.

Hay individualidad en el trabajo, por medio de la captura de historias, de situaciones y de posiciones particulares”, explica el creador. “Pero también hay presencia de la multitud, ya que el trabajo hace referencia al sujeto del autogobierno colectivo. Se trata de la individualidad como expresión de la voluntad democrática; se trata de ser el piso sobre el cual cada quien diseña su propio plan de vida, con plena autonomía para realizar sus elecciones”.

Katz sostiene que la propuesta es disruptiva: que puede incomodar a algunas personas, debido a las deficiencias, dolores y frustraciones que el desarrollo de la democracia ha generado a nivel local. Además, sostiene que existe en esta obra una idea de diversidad que enfada, que irrita, porque, comenta, estamos en una sociedad en la que en realidad se producen “tribalizaciones”; y este trabajo propone, específicamente, una ruptura con ellas.

¿Pero cuáles son estas “tribus”? El autor sostiene que en nuestra sociedad civil cada vez hay más interactuaciones con aquellos que son parecidos a cada uno de nosotros, con aquellos con quienes coincidimos en las opiniones. El autor define como “tribu” a los grupos que se explican y organizan a sí mismos a partir de ciertos rasgos identitarios.

“Las celebraciones –como esta por los 35 años de nuestra democracia- no sólo no tienen por qué ser acríticas sino que, por el contrario, son tanto más poderosas cuanto más reflexivas”, comenta. En el caso de nuestra democracia, Katz detalla que debe ser motivo de reflexión porque, a pesar de sus logros, de los modos en que permitió la convivencia en paz y de la gran cantidad de derechos cívicos que permitió agregar en estos años, “también es una democracia en falta, en deuda”, comenta. “Es un régimen político no efectivo para una parte importante de la ciudadanía argentina, dado que la carencia de mínimos de bienestar material y simbólico hacen difícil o directamente imposible a los excluidos participar de la vida de la ciudad”.

Para comprender la complejidad y multiplicidad de testimonios, nada mejor que acercarse a observar esta obra compleja e interesante, técnica y conceptualmente.

35×35, una instalación democrática puede verse de martes a domingos, de 12 a 20, con entrada gratuita, en MUNTREF Centro de Arte, en Av. Antártida Argentina, entre Dirección de Migraciones y Buquebus. NR

Fuente consultada: Clarín

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