Leonardo Farías, juntista de la Comuna 10, analiza el estado actual de la democracia participativa en nuestra Ciudad y propone medidas para mejorar la implementación de la Ley de Comunas;

Escribe Leonardo Farias – miembro Junta Comunal 10- Unidad Ciudadana

 

El sistema democrático sólo en momentos electorales le adjudica al individuo una instancia participativa. Por eso hace décadas se considera que la democracia formal representativa se ve obsoleta frente a problemáticas actuales. Producto de esto, es una realidad también, en muchas grandes urbes se han creado instancias de gobiernos de cercanías para darle al ciudadano herramientas para la participación ciudadana y mejorar la calidad de vida. Es aquí donde entran las comunas como sistema de organización social y política.

 

En Latinoamérica contamos con algunos ejemplos para el caso: En la ciudad colombiana de Medellín cuenta con un total de 249 barrios oficiales agrupados en 16 comunas urbanas; la conurbación de Santiago de Chile comprende a su vez 19 comunas interiores, las cuales están completamente urbanizadas, y 16 comunas periféricas, que poseen alguna parte de su territorio sin urbanizar por motivos geográficos o demográficos; la experiencia en la República Bolivariana de Venezuela con la implementación de las comunas socialistas traza un nuevo horizonte en ese país en materia de gobernanza; y así, ejemplos sobran.

En la Ciudad Buenos Aires, hace ya un par de décadas, se estancó el crecimiento poblacional y, paradójicamente, también la descentralización. Los últimos dos censos poblacioneales (2001 y 2010) muestran este indicativo respecto a la evolución histórica [1]. Tal vez esto pueda ser una causante de la falta de voluntad política para la descentralización porteña. Aunque, conociendo los trazos gruesos del pensamiento del Jefe de Gobierno, tiene más que ver con una apreciación ideológica que con una cuestión de densidad demográfica.

 

En nuestra ciudad, como ya he descrito en artículos anteriores, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires lleva adelante una práctica sistemática para limitar el alcance de las competencias de las comunas. Al no poder modificar la ley 1777 de Comunas y la Constitución de la Ciudad (no porque no lo hayan pensado sino porque no llegan a las voluntades necesarias y se les representa una especie de caja de pandora) optan por otras formas más sutiles (no por eso poco efectivas).

 

Entre estas sutilezas está concentrar las tareas de los comuneros en manos de funcionarios del gobierno porteño que lejos están de conocer la realidad de los barrios. Y por sobre todo en no otorgarles la jurisdicción presupuestaria a las Comunas. Los propios comuneros y algunos presidentes de Comunas de Cambiemos reconocen en privado esta situación. No es un invento ni exageración de quien escribe. En este sentido el accionar cotidiano en las comunas está comandado exclusivamente por el Presidente de la Junta Comunal. Es éste junto a sus Gerentes [2] y no con el resto de los Comuneros (ni propios ni ajenos) los que toman decisiones para intentar resolver los problemas que se presentan en el cotidiano en los barrios. El objetivo es tratar de aislar a los Comuneros de la oposición de la Gestión y disciplinar a los Comuneros en rebeldía de Cambiemos (los pocos que hay).

 

Por ejemplo, el personal administrativo, el cuerpo de inspectores y equipo de cuadrilla solo reportan al presidente y no a la Junta Comunal. Y es sabido que esto es una bajada de línea del Jefe de Gobierno porteño. Es una medida para no perder poder territorial que es inexorablemente lo que debería suceder si respetara el espíritu de la ley de Comunas.

 

De esta manera funcionan hoy las unidades territoriales. Y tal vez el lector desprevenido a esta altura se (me) pregunte ¿y si así funciona?¿por qué sostener las Juntas Comunales? Porque lo dice la ley y porque podríamos resolver los problemas mucho más rápido y de manera eficaz y efectiva si:

1. El presidente haría participativa a la Junta Comunal en el día a día de la gestión;
2. El jefe de gobierno descentralizara la gestión en las Juntas y no en el Presidente;
3. Las Comunas tuvieran jurisdicción presupuestaria;
4. Las Juntas tomaran como principal consejero a los cuerpos formados por los vecinos de los Consejos Consultivos Comunales.

Para ello además de voluntad política hace falta un diseño de gestión que hasta ahora no existió en las Comunas. Y es este uno de los desafíos de cara al 2020. Por supuesto que no es algo que vaya a suceder en una posible reelección de Rodríguez Larreta. Ingenua proyección sería.

 

Para terminar con este atropello es necesario en este año electoral visibilizar esta realidad. Trabajar en unidad con todos los espacios de la oposición para avanzar hacia un normal funcionamiento institucional de la Ciudad, que se encuentra estancada y sin rumbo. Esta tarea para nada menor, deber ser labor, principalmente, de los Comuneros y Comuneras de la oposición y los vecinos participativos del distrito. Pero también es necesario que la ciudadanía en su conjunto se involucre. Un desafío que se presenta a pocos meses de una tercera elección en materia de Comunas y con una esperanza de cambio de gobierno.

[1] A diferencia del resto de las provincias en la CABA el aumento poblacional que se registran desde 1981 es casi nulo. Así lo indican los censos de población hogares y viviendas de la argentina.
[2] Por el DECRETO Nº 251/GCABA/14 el jefe de gobierno porteño decreta la creación la estructura organizativa de las Comunas de la Ciudad (Gerencias) dependientes de la Secretaría de Gestión Comunal y Atención Ciudadana

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