El dato lo confirmaron profesionales del Hospital Vélez Sarsfield. Floresta, Monte Castro y Vélez, los barrios más comprometidos. Mientras el gobierno apuesta al descacharreo, los vecinos exigen fumigaciones inmediatas en las zonas más comprometidas.

 

 

 

Tal como venimos informando en este medio desde Febrero (ver Dengue, Ver Confirman 50 casos, Ver Dengue en la escuela) el virus del dengue está afectando de manera muy pronunciada a las y los vecinos de la Comuna 10. Tal como confirmaron los profesionales del Hospital Vélez Sarsfield, hasta el viernes 27 de marzo hay al menos 300 infectados en la nuestros seis barrios, y el número aumenta en un promedio de 10 casos por día.

 

 

En ese sentido, los médicos aseguraron que en la Comuna 10 ya se pasó a otra categoría, donde se ha decidido no hacer más el análisis de sangre para confirmar dengue a la gente que vive en los lugares de circulación mencionados sino que ya sólo por el hecho de vivir ahí y tener síntomas se considera que tienen dengue, con lo cual “ya estamos hablando de un nivel de transmisión bastante importante”, advirtieron.

 

 

 

 

 

Este viernes 27, el gobierno de la Ciudad publicó el Boletín epidemiológico semanal que da cuenta de 3760 casos notificados desde comienzo de 2020 hasta el 21 de marzo. De ese número de casos, 1833 están confirmados, y esos son los que toma para hacer los gráficos comuna por comuna. Por eso aparecen sólo 158 casos en la comuna 10). Pero 486 casos más están considerados como “probables”, 1221 “como sospechosos” – es decir que entre confirmados, probables y sospechosos hay 3540 casos, y tan sólo 220 aparecen como “descartados”.

 

 

Los datos brindados en esta nota corresponden al informe semanal que realiza el propio Hospital Vélez Sarsfield a través del área programática y está actualizado hasta el viernes 27 de marzo. Por eso la diferencia de casos.

 

Según el boletín epidemiológico, se encuentran circulando los serotipos DEN 1 y DEN 4, representando el 55% y 42% respectivamente. En la comuna 10 circula principalmente el DEN 1, que es menos violento que el DEN 4.

 

“La prevención hay que hacerla en invierno”

«Hoy la Ciudad entera está pintada de Aedes aegypti, ves el mapa y hay sensores positivos prácticamente en todos los barrios. Tranquilamente un infectado puede llegar hoy a una manzana donde está el mosquito y generar un brote. Por lo tanto, si bien no podemos decir que vaya a haber una epidemia de dengue, está todo dado para que tengamos un cuadro parecido al de 2016″, sostuvo en una entrevista realizada a mediados de febrero Nicolás Schweigmann, director del Grupo de Estudios de Mosquitos (GEM) que funciona en el Departamento de Ecología, Genética y Evolución de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y traza un panorama desalentador: “Es tarde para la prevención, claro. Estamos a mitad de febrero, en el pico del proceso. Ya hay mosquitos y ya están infectados. Si yo descacharro ahora, si le saco el cacharro que acumula agua estancada -el objeto donde pone sus huevos-, se van a buscar otro, es decir, estaría favoreciendo la dispersión».

 

 

En la entrevista que le realizó el portal Nex Ciencia, perteneciente a la Subsecretaría de Comunicación de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, el investigador enarbola el concepto de manzana saludable. «Aedes aegypti se mueve en un radio de 40 ó 50 metros, es raro que cruce la calle: si en la manzana está todo lo que necesita, se queda ahí. Esa es la unidad epidemiológica que hay que cuidar».

 

 

“El dengue no es una enfermedad de la pobreza. Todavía hay gente prejuiciosa que dice: ‘Dengue hay en las villas’. Yo digo: sí, dengue hay en las villas: Villa Ortúzar, Villa Pueyrredón, Villa Urquiza, Villa Devoto. Y estos brotes están relacionados con una cuestión muy característica de cacharros tirados y olvidados en un jardín que son los típicos criaderos de Aedes aegypti. Este mosquito se aprovecha de lo que uno se olvida. Hasta las sillas de jardín pueden convertirse en un criadero si dejo que en ellas se junte agua y no me siento por 15 días. Tenemos que empezar a pensar en “manzanas saludables”. Pero, para pensar en manzanas saludables, hay que reconstruir el tejido social. Si no nos hablamos entre vecinos, no vamos a resolver nunca el problema”.

Esa herramienta de prevención está en un plan maestro que diseñó para la Ciudad de Buenos Aires en 2016. «Está escrito, quedó muy bonito, pero no se está tomando en cuenta. Por ejemplo, la prevención contra Aedes aegypti no se incluyó en los planes de estudio de las escuelas, algo tan sencillo como que los chicos puedan identificar cómo son las larvas y cuál es el mosquito de las rayitas blancas. Y lo central: que la prevención hay que hacerla en invierno, cuando los huevos que quedaron en estado de latencia aún no eclosionaron, es decir, un programa que dure todo el año y no una campaña en febrero. Porque ya sabemos que la fumigación no sirve para nada. No sirve para los huevos, no sirve para las larvas, no cumple ningún rol.»

El pesimista escenario se completa con una suerte de ubicuidad del mosquito en la Ciudad. Los sensores que opera el equipo del GEM han detectado Aedes aegypti en lugares donde antes no se lo encontraba: en la costanera, en el Centro. «Comprendimos que esa nueva presencia coincidía con grandes obras, túneles, edificios”, ilustra Schweigmann.

Los tachos de 200 litros y las mezcladoras de las obras en construcción, que acumulan agua de lluvia, favoreciendo el ciclo del insecto, son un foco evidente de propagación del mosquito y, consecuentemente, de la posibilidad de que transmita el virus del dengue de una persona infectada a otra, porque además son elementos que se trasladan de una obra a otra. Para Schweigman, es vital una campaña de concientización para arquitectos, ingenieros y trabajadores de la construcción, para establecer un protocolo y que esos posibles reservorios se tapen y/o vacíen periódicamente.

«Las obras en construcción no se controlan, pero la verdad es que tampoco se están controlando las casas. Falta una mirada integral –concluye Schweigman–. En definitiva, además de un virus, el dengue es el resultado de un desorden socioambiental que afecta nuestra salud».
Recomendaciones a la población

Como el riesgo de transmisión de este virus depende de la presencia de los mosquitos Aedes, la principal medida preventiva es controlar a estos vectores. Cuanto menos mosquitos, menos riesgo de que se transmita el virus. Por eso, es importante adoptar los siguientes recaudos:

Eliminar recipientes en desuso que puedan acumular agua (latas, botellas, neumáticos).

Dar vuelta objetos que se encuentran en el exterior y pueden acumular agua cuando llueve (baldes, palanganas, tambores).

Cambiar diariamente el agua de bebederos de animales, colectores de desagües de aire acondicionado o lluvia, dentro y fuera de la casa, cada 3 días.
Usar en los floreros productos alternativos (geles o arena húmeda) en lugar de agua.
Mantener los patios y jardines desmalezados y destapar los desagües de lluvia de los techos.
Las principales manifestaciones clínicas del dengue (fiebre mayor a 38º C sin signos de infección respiratoria, acompañada de cefalea, dolor retro-ocular, dolor de músculos y articulaciones, intenso malestar general, erupciones rojizas en brazos y piernas, picazón, diarrea, náuseas, vómitos, sangrado de nariz y encías) es importante transmitir la necesidad de ir en forma inmediata a la consulta médica para recibir el tratamiento adecuado.

Fuentes: Boletín epidemiológico semanal, CABA – Nex Ciencia – Ministerio de Salud Nación – profesionales del Hospital Vélez Sarsfield

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