El domingo 29 de diciembre se cumple un nuevo aniversario de aquella terrible madrugada donde Maximiliano Tasca, Cristian Gomez y Adrián Matassa fueron fusilados por el ex suboficial de la Policía Federal Juan de Dios Velaztiqui que se encontraba trabajando como custodio de la estación de servicio ubicada en Gaona y Bahía Blanca. Familiares, amigos, agrupaciones sociales, culturales y políticas realizarán actividades para homenajearlos.

 

 

Como los últimos 17 años, cada 29 de diciembre el barrio de Floresta despliega su memoria en una serie de homenajes a Maxi, Adrián y Cristian. El primero de ellos será el sábado 28 a las 14.30 hs en la Plaza 29 de diciembre de 2001 ubicada en Mercedes 1850. En la actividad, convocada por el Frente de Todos Comuna 10, habrá espectáculos en vivo y se inaugurará un mural homenaje a Maxi, Cristian y Adrián. “Los vamos a estar recordando y esperamos que puedan venir todos”, aseguró el comunero Fernando Moya.

Durante la actividad se juntarán materiales de construcción para la familia que lamentablemente perdió todas sus pertenencias por un incendio en su vivienda ubicada en Mercedes y Juan B Justo.

 

 

A su vez, el domingo 29, a partir de las 16hs, la Asamblea de Floresta realizará una muestra fotográfica en la Plaza del Corralón (Gaona 4660). “Este año surgió la idea de hacer una muestra de fotos, así que estamos trabajando con gente de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA), armando a través de fotos una línea de tiempo desde el 2001 hasta que Velaztiqui finalmente es condenado”, explica Mabel Sampaolo, quien destacó la importancia del homenaje: “Creemos que la memoria es una construcción permanente”.

 

Al finalizar el evento, se desarrollará la Misa en la parroquia Nuestra Señora de la Candelaria (Bahia Blanca 363), organizada por las madres de los jóvenes asesinados.

 

Imagen. Monumento a los Pibes de Floresta. Plaza del Corralón

 

Maxi, Adrián y Cristian, presentes en el barrio

Corrían días convulsionados en la Argentina y en la Ciudad. Miles y miles de argentinos se expresaban en las calles exigiendo terminar con las políticas de hambre y desocupación que habían reinado durante toda la década del 90. El presidente De la Rúa ya había renunciado, con más de 30 muertos en sus espaldas, y el sillón de Rivadavia parecía quemar para los políticos: nadie quería hacerse cargo. Mientras, la gente en la calle, con sus cacerolas, su bronca, su angustia, sus reclamos.

En ese contexto, ese 29 de diciembre de 2001, Maxi, Adrián y Cristian se encontraban comentando las imágenes que se reproducían por la televisión que mostraban la represión policial, cuando ante el comentario de uno de ellos, Velaztiqui reaccionó sacando su arma y disparando a matar.

 

Maximiliano Tasca y Cristian Gómez murieron en el lugar, Adrián Matassa falleció a las horas en el Hospital Álvarez, y Enrique Díaz fue el único que logró escapar. Según los testigos, el ex suboficial intentó armar una escena de intento de asalto, con la presunta complicidad de las autoridades de la comisaria 43.

 

El crimen provocó la movilización inmediata de los familiares y de todo un barrio que exigió la condena de Velaztiqui, quien ya contaba con una causa por obligar a ir trotando hasta la comisaria a hinchas de Nueva Chicago en 1981 por cantar la Marcha Peronista, ganándose el apodo de “el trotador”, y de los integrantes de la comisaria 43, cuya plana mayor fue relevada a los pocos días para intentar calmar la bronca de los vecinos.

Finalmente y luego de gran cantidad de marchas y homenajes, en marzo de 2003 Velaztiqui fue condenado a prisión perpetua por triple homicidio agravado por alevosía aunque se rechazó el pedido de la fiscalía de investigar las responsabilidades de los policías que intervinieron en el caso e intentaron en un principio avalar la versión de Velaztiqui.

En 2012, pese al repudio de familiares y organismos de Derechos Humanos, el ex subofocial obtuvo el beneficio de arresto domiciliario al cumplir 72 años.

 

Hoy la imagen de Maxi, Cristian y Adrián se convirtió en un símbolo de la lucha de los familiares y de un barrio contra la violencia institucional que año tras año, a través de festivales, pintadas y homenajes, se renueva y fortalece.

 

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