Tres relatos de relatos de violencia para con las mujeres en la última semana invitan a pensar, reflexionar y preguntarnos cuál es el camino para vivir una vida libre de violencias en nuestra Comuna.

 

 

Escribe: Perla Natalia Castillo

 

 

Mientras los casos por violencia de género aumentan en la Comuna y la cuarentena se extiende, hay una necesidad imperiosa de preguntarnos qué es lo que pasa con las masculinidades con las cuales coexistimos.

En esta última semana fueron varios los relatos de violencia para con las mujeres en nuestra Comuna, algo que es necesario poner en palabras para poder pensar, reflexionar y preguntarnos cuál es el camino para vivir una vida libre de violencias.

 

Para preservar la identidad de las víctimas y de los victimarios no daremos nombres, pero contaremos tres casos de situaciones que muchas veces puede llegar a naturalizarse y que nadie debería padecer.

 

Una vecina de Monte Castro nos cuenta que se levanta una mañana y tiene un mensaje interno en su cuenta de Facebook, es el mensaje de un vecino que le envía una foto para mostrarle una situación médica por la que él había pasado mostrándole una herida, pero lo más curioso es que la foto muestra sus partes íntimas al desnudo, aunque la afección se encontraba lejos de esa parte del cuerpo.

 

Como siempre, la primera reacción es de sorpresa y la víctima piensa que es algo que la otra persona hizo sin darse cuenta. Pero, si nuestras partes íntimas salen en una foto, aunque no sea en primer plano, ¿no nos damos cuenta?

 

Comenta la vecina que, para no generar más incomodidad, responde al mensaje enfocándose en la afección y el vecino, horas más tardes, responde y le reenvía la foto nuevamente.

 

¿Cuál es el propósito de un hombre que le envía una foto a su vecina dejando ver sus genitales?, ¿qué debería hacer esa mujer?, ¿Sí el accionar fue intencional de parte de este hombre, será la primera vez o es una práctica reiterada y habrá más mujeres que pasaron o pasarán por esta situación?

 

Lamentablemente es una práctica muy común en algunos hombres y que siempre el efecto en las víctimas es el mismo, pudor y desconcierto. Al mismo tiempo, una se pregunta ¿por qué lo hizo?

 

 

 

 

 

 

Otra vecina cuenta que desde hace 16 años es la única que se dedica a las tareas del hogar, que al mismo tiempo también aporta dinero y paga todos los servicios de la casa, pero que su pareja llega del trabajo y se sienta, mientras ella, que estuvo todo el día dedicada a las tareas del hogar y al cuidado de sus hijxs todavía no llega a su tiempo de descanso como él, porque llegada las seis de la tarde todavía le falta hacer las compras y hacer la comida, mientras su supuesto compañero se dedica a descansar.

 

Entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de violencia de género?, ¿por qué los hombres que se dicen en desconstrucción no pueden comprender y abandonar su lugar de comodidad?

 

Max-Neef es una persona con experiencia en la economía transcendental, precisamente la vinculada al petróleo (¿cómo Schumacher estuvo vinculado al carbón?). A partir del exilio tras el golpe militar de Pinochet en 1973, se ha convertido en uno de los más prestigiosos economistas alternativos y ecológicos.

 

El economista Chileno nos hace ver lo que permanece invisible en la economía convencional. Como se sabe, el trabajo doméstico no remunerado proporcionado mayormente por mujeres, esos trabajos de cuidar de las personas, supondrían una parte importante de toda la producción, pero no están contabilizados.

 

El PIB es el valor de toda la producción de la economía, sin restar las amortizaciones; lo que Max-Neef llama PGB, producto geográfico bruto. Si contáramos esos trabajos invisibles de las mujeres, comprobaríamos que suponen el 20 o el 30 por ciento del PIB.

 

Tal vez, tengamos que pensar que estas cosas pasan porque hay una base social que todavía lo sigue avalando, sosteniendo y naturalizando, mientras el sentido establecido del mundo, lo silencia y lo niega.

 

 

 

 

Es así el caso de otra vecina, una mujer de 61 años, profesional y enemiga de los problemas, una mujer que es docente universitaria e investigadora, que cree en la trasformación del ser humano, pero con mucho miedo tuvo que ir hacer la denuncia a su vecino que vive al lado de su departamento.

Al ir hacer la denuncia la pregunta es ¿cuál fue el motivo que desencadenó el conflicto?, pero al leer lo que le tomaron como denuncia la mitad de lo que ella expuso no fue contemplado, como, por ejemplo, que el administrador del edificio desestimó lo que había expuesto la mujer y la llevó a tener que ir hasta la comisaría.

 

En este caso puntual, varixs vecinxs escuchan los gritos de este hombre que antes maltrataba a su madre y ahora escuchan que maltrata a su novia, que se va todo el día y deja a su perro ladrando.

 

Tal vez en este caso podemos decir que es el ladrido del perro es el causante, pero lo que no se entiende es por dónde pasó la ofensa de este joven, si la mujer con buenos modales le planteó una situación que es desesperante para todo el consorcio.

 

Este comprensible y cuidadoso reclamo ¿es motivo para que el hombre le vacíe una bolsa de basura en la puerta de su casa y la amenace de balcón a balcón, diciéndole que nunca más va poder salir a regar sus plantas?

 

Si bien, los tres casos son muy diferentes todos encierran la misma base de violencia y abuso desde un lugar de privilegio para las masculinidades, que se sostiene solamente por el silenciamiento y el acompañamiento de toda una sociedad.

 

Tal vez, sea momento de plantear una deconstrucción verdadera, que es imposible lograrla sin trabajo, sin formación, sin cuestionamientos y sin intervención. Pero fundamentalmente lo que debemos romper es el silencio.

 

Estos ejemplos nos marcan un camino y es la necesidad de poner sobre la mesa los privilegios de las masculinidades y sus prácticas. Tal vez, sea momento de entender que es la sociedad quien las habilita desde la aceptación y la pasividad.

 

También es necesario pensar qué hacemos cada unx desde nuestros lugares para favorecerla, sostenerla y fomentarla.

 

Tenemos que comprender que para que pasen cosas distintas tenemos que hacer cosas distintas, y que el compromiso debe ser de toda la sociedad, para que estas historias algún día sean puro cuento y no tristes realidades.

 

Para no ver el vaso medio vacío, vamos a concluir con una propuesta esperanzadora, esperando que se ponga en marcha en nuestra comuna la formación de operadoras para prevenir la violencia y al mismo tiempo celebramos el proyecto de la juntista Yanina Arias, sobre talleres de Nuevas Masculindades, esperando que se lleve adelante a la brevedad, ya que es menester trabajar junto los actores que no se cuestionan sus ventajas y desventajas en sus modos de ser y estar.

 

Porque, para poder avanzar tenemos que formarnos para estar aptxs para saber como intervenir de manera efectiva, y es con compromiso, formación y la disposición de poner el cuerpo a la hora de la intervención.

 

Hagamos cosas distintas, para que pasen cosas distintas que nos inviten a vivir en un mundo más saludable para todxs.

 

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