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Comuna 11

El liberalismo y la kermesse de los sábados

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La distribución de la riqueza y el poder es el gran tema de discusión en el mundo en que vivimos. La brecha entre ricos y pobres es cada vez más amplia. El poder cada vez más concentrado en un pequeño grupo de empresarios y financistas en detrimento de los sectores políticos de cada país. ¿Libertad o igualdad? Es la pregunta del millón en esta sociedad de consumo que parece caminar cada vez más rápido hacia su auto destrucción. Nuestro país no es una excepción: Una democracia acorralada por la rapiña financiera interna y externa. 

En los últimos meses el liberalismo argentino, de la mano de los dos dirigentes porteños más emblemáticos, ha dado muestras contundentes de la frivolidad con que toma el tema del ejercicio del poder y la distribución de la riqueza.

A lo largo de la historia se han registrado varios casos de donaciones de la totalidad o parte de los sueldos de los legisladores a diferentes causas de bien público. También de la donación de parte de esos sueldos a sus partidos de origen, una de las fuentes tradicionales de financiación que posee la política. Con la llegada a la diputación de Javier Milei, llegó también una novedad distributiva al Congreso de la Nación, que nos hace recordar a aquella divertida canción del grupo Les Luthiers que menciona a “La kermesse de los sábados” (Los más jóvenes la pueden buscar en internet como “La tanda”). El economista mediático, en lugar de ceder su salario a una organización de bien público, una institución de salud o educación pública, de la que  podría resultar un beneficio comunitario, eligió realizar un sorteo abierto de su sueldo de legislador. Un show para captar la atención del electorado, gracias al cual, un beneficiario único podrá cancelar deudas o darse algún gusto durante ese mes. Una versión rimbombante del “Sálvese quien pueda” que propone el sistema capitalista, transformada en “Sálvese quien tenga más suerte”. Como era de esperar, en su propuesta la “salvación” siempre es individual, nunca en conjunto. El egoísmo siempre en punta.

Como si esto no fuera suficiente mamarracho, el Jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta ha inventado un nuevo sistema para elegir candidatos para las próximas elecciones, un reality show emulo de estos engendros televisivos que horadan nuestras cabezas desde hace años. La propuesta basada en la consigna ”¿Te votarías?”, busca absorber ciudadanos “apartidarios” que quieran ser parte de las próximas listas electorales del PRO. Una idea similar a la puesta en marcha por Emmanuel Macrón en Francia y que nos hace recordar a un reality llamado “El candidato de la gente” que se emitió sin ningún éxito en la televisión argentina en 2001, mientras las multitudes clamaban que se fueran todos los políticos. Esta es la manera que el  principal candidato liberal a la presidencia ha encontrado para competir con el economista que sortea sueldos y quiere legalizar la venta de órganos: Aunque parezca un chiste, su propuesta para combatir la decadencia del debate político es bastardearlo, como su rival interno, ofreciendo legisladores que no tienen la menor idea de lo que es una ley y toda su experiencia se remite a un curso de cuatro horas en pos de ganar 5 minutos de fama. A los posibles candidatos sólo se les exige virginidad política y desinterés social. Nadie que tenga experiencia en trabajar por el bien común. Si estuvo toda la vida mirándose el ombligo, mucho mejor. Esas serán las características de los nuevos salvadores de la patria ¿Qué leyes puede proponer una persona con esas características?

Organizar sorteos y castings, es la manera de distribuir la riqueza y el poder que propone el liberalismo argentino. Esa es su idea de democracia.

Se da la paradoja de que aquellos que hacen un culto de la meritocracia, proponen al azar como distribuidor de la riqueza y a la ignorancia y el desinterés social como condición para acceder al poder.

¿Sucederá en este festival marketinero que nos ofrecen, lo mismo que en “La Kermesse de los sábados”? Esperemos que no. Allí el que piensa, pierde.

Eduardo de la Serna

Leer nota completa en: www.brujulabarrial.com.ar

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