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Comuna 11

Reabre Montecarlo, el bar al que iba el Che Guevara y le devolverá el budín de pan a Palermo Viejo

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Sin su toldo verde pero con más luz por la ventana. Con el frente más oscuro, para emparejar con la esquina. Las puertas de hierro originales otra vez en su lugar, haciendo juego con la baranda forjada del balcón. Cambian algunos detalles para que nada cambie en el bar notable Montecarlo, que había cerrado en pandemia y reabrirá en un mes con nueva dueña.

En esta esquina custodiada por dos ficus reina la calma del Palermo más tradicional. Pero tras la persiana baja de Ravignani y Paraguay pasan cosas: hay obreros trabajando la pared, una mezcladora de hormigón girando, baldosas en damero a punto de ser trasplantadas para que pueda cambiarse de lugar la barra original, que irá del lado de Ravignani.

“El bar quedará igual, pero restaurado. Tendrá las puertas de 1922 que encontramos en el sótano y se levantará el techo a su altura original, con un yesero que trabaja en edificio históricos. La cocina será a la vista. Vamos a darle a la comida un buen marco”, cuenta la chef Paula Comparatore, la nueva dueña del café, cuyo local comenzó a alquilar en febrero.

Planea cerrar en dos semanas su restaurante El Federal, en Retiro, para una semana después reinaugurar Montecarlo, que había bajado la persiana en diciembre. La idea es reabrir el 25 de mayo, con locro, pastelitos, churros, guiso y carbonada.

“Esperamos llegar. Si no, puede ser en otra fecha patria, como el 20 de junio”, aventura el arquitecto Jorge Fernández, a cargo de la obra de renovación. Arrancó a mediados de marzo y, desde entonces, no descansa. Parado en medio de la obra, muestra a este diario los planos con los planes.

“Aquí irá el horno, acá la barra. Este machimbre se saca. Vamos a hacer de vuelta los baños, con dos cuartos con inodoros sin distinción de sexo”, habla y señala Fernández. Corta el relato para dar indicaciones a dos albañiles. Todavía queda mucho por hacer.

El café de las tazas grandes y un budín de pan para recordar

El plan es potenciar lo que ya existe, no borrarlo ni barrerlo. Seguirán estando la clásica balanza Brasilia Filizola, el ventilador antiguo empotrado en la pared, la heladera con tapa de madera ahora restaurada, la caja registradora a fines de exhibición. También se verán tazas grandes, acorde a la fama del lugar, que indica que en tamaño es difícil superarlas.

Se sumarán un horno de barro y un kamado, horno cerámico a leña o carbón, de origen japonés. También, una gran campana extractora comprada en el remate de un restaurante de Unicenter cerrado en pandemia. Un mundo de diferencia con la anterior cocina de Montecarlo, de sólo cuatro hornallas.

Es que en esta versión renovada la cocina cobrará un rol central. “Tendremos desayunos potentes, con salmón y papas rosti. En la semana, habrá almuerzos con opciones de carnes, pescado y platos vegetarianos. Y el finde seguro habrá día de pastas -detalla Comparatore-. Ese es nuestro plan, después tenemos que ver sobre la marcha qué funciona mejor”.

También estarán las clásicas medialunas, el pan casero y, a pedido de los vecinos, el famoso budín de pan de Montecarlo. Comparatore le pedirá la receta a su anterior dueño, Gerardo Lorenzo, que heredó de su padre José el bar que antes era de su abuelo.

Para aumentar la capacidad de ventilación, tan necesaria actualmente, se habilitarán las salidas que había debajo de las ventanas. Las mismas ventanas que ahora llegarán más alto que nunca.

Es que se removerá la pintura beige que cubre parte del vidrio debajo de los arcos y la persiana metálica se elevará 70 centímetros más para dejar pasar la mayor cantidad de luz posible. Con ese fin es que también se retiró el clásico toldo verde azulado, al igual que la deteriorada pérgola.

El bar al que iba el Che

Dicen que el Montecarlo era el lugar favorito del Che Guevara joven. Así se lee en la página Web del Ente de Turismo de la Ciudad. Casualmente, Comparatore es amiga de su hermano, Juan Martín Guevara Lynch. “Aunque no sabe si era el preferido, me dijo que es muy probable que Ernesto haya ido seguido. Trabajaba y vivía cerca, en el pasaje Ancón”, cuenta.

Cerca de aquí también vive la propia Comparatore, que instaló en el barrio su restaurante El Federal en 2000. Cinco años después lo mudó a Retiro para estar más cerca de hoteles y recorridos turísticos.

Alumna del Gato Dumas y con un posgrado en el Ritz de París, la chef vuelve al barrio que la vio nacer gastronómicamente para tomar la posta de uno de sus símbolos.

“Quiero resaltar lo lindo de este lugar único y devolverle al barrio su café, en vez de que pongan ahí otro cuadrado blanco tipo loft -anuncia Comparatore-. Aunque esté a cuadras de la locura de Palermo Hollywood, esta esquina todavía conserva Palermo Viejo”.

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