Baños unisex, mobiliario flexible y ambientes integrados son algunos de los rasgos que permiten identificar una escuela diseñada “con perspectiva de género”, según la docente y titular de la materia de Diseño y Estudios de Género y coordinadora de la Unidad de Género de la FADU, Griselda Flesler, quien destacó la importancia de aplicar este enfoque en la proyección de los espacios educativos.

Para Flesler, quien hoy a las 18 será una de las oradoras de la jornada “La educación desde una perspectiva de género” organizada por Hub Educación & Innovación en la sede Vicente López de la Universidad Siglo XXI, adoptar la perspectiva de género implica “una operación doble” de autocuestionamiento para el urbanista, diseñador o arquitecto.

“Como el género es interseccional y situado, no podemos concebirlo por fuera de categorías como la clase, las trayectorias, las corporalidades, la edad”, expresó.

“Por otro lado, concebir el habitar desde una perspectiva de género no se trata solo de diseñar de antemano sino también estar abierto a que el sentido (del objeto o espacio) se resignifica permanentemente según usos y prácticas espontáneas que hubiera sido imposible prever”, agregó Flesler.

Además, el diseño con perspectiva de género cuestiona “la naturalización de los binarismos”, no solamente el más básico “femenino/masculino” -que asigna espacios separados o diferentes en función de dos únicas categorías de sexogenéricas-, sino a otros pares como “público/privado” -que restringe o habilita el goce del espacio público según jerarquías de género-.

En el caso de las escolaridad básica, Flesler cita como indicadores de un diseño falto de perspectiva de género la persistencia de baños divididos, pero también de “mobiliario inflexible” en términos distintas corporalidades o de cambios de disposición. Igualmente discutible es el trazado de “bordes, muros y límites” para separar los espacios “donde está habilitado el juego y el goce” de aquellos donde no lo está.

“Lo particular de la institución educativa es que parece que hay espacios donde está habilitado asumir una corporalidad -el patio y el baño- y hay otros donde tengo que hacer como si no la tuviera porque sólo cuenta la mente: empezar a pensar que somos un cuerpo todo el tiempo es un buen desafío a nivel diseño”, concluyó Flesler.

Y si bien el diseño de los objetos y de los espacios no alcanza, “es necesario sumarlo a la discusión” por una escuela más inclusiva, que generalmente se queda en “modificar la currícula o en transversalizar contenidos”.

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