Ganó el desafío entre las mujeres y se convirtió en la segunda más veloz a nivel nacional de la historia

“En ese momento no me imaginé que era una feminista”, confiesa Iris Fernández, al recordar que hoy se cumplen 40 años de su debut en maratón. No fue solo algo personal, se convertía en la primera argentina en completar una distancia que estaba prohibida para las mujeres en el país, se suponía que no podían tolerarlo. “Me gustaba correr los límites, quizás fui una pionera, pero alguien tenía que hacerlo”, señala.

Para correr los límites tuvo que viajar más de 11.000 kilómetros y participar en la maratón de Waldniel, Alemania. “Siempre entrené, trabajé y estudié, fue un esfuerzo, pero no un sacrificio”, explica. “Sacrificio es cuando tenés que hacer algo que no querés”, añade.

La primera maratonista está convencida de que es muy importante que cada vez más mujeres corran. “De la cantidad va a salir la calidad, eso que se vio hoy”, afirma. Y se refiere a la Maratón de Buenos Aires, donde la distinguieron por el aniversario de su “transgresión” y donde Daiana Ocampo superó una marca que también tenía mucha historia. Con 2h34m14s, la atleta de Pilar se consagró como la segunda entre las maratonistas argentinas más rápidas de todos los tiempos, superando la marca de Claudia Camargo lograda en Nueva York en 2006.

Ocampo también se coronó campeona sudamericana y argentina (ambos títulos estaban en juego en Buenos Aires). Hace cuatro semanas fue campeona sudamericana en media maratón en Asunción, Paraguay; es válido afirmar que está en la cima sudamericana de las grandes distancias.

“No lo había pensado así -se sincera-. Ni siquiera había llegado a soñar cuando empecé a correr”. Aunque sí recuerda un sueño “loco” de sus inicios. Era 2013 y estaba sentada en la parte trasera de la camioneta de su entrenador, Hugo Bressani, quién le preguntó: ‘¿Cuál es el sueño más loco que tenés, el que te parece más lejano?’”.

“Ir a un juego olímpico -recuerda que respondió-, pero no tenía ni dimensión de lo que había que lograr para ir; los veía por TV”. Pero Hugo se lo tomó en serio: “Es posible -le dijo-, pero hay que hacer mucho y van a pasar muchas cosas en el medio: sacrificios, decepciones, lesiones”. Ocampo confirma su pronóstico: “Estuve cuatro meses parada por una lesión, pensé en dejar; para los atletas ese tiempo es una eternidad”.

Por suerte para ella, y el atletismo nacional, no se tomó el abandono en serio. “Me gusta tanto que volví, de a poco”. Hace tiempo ya que las lesiones la dejaron tranquila, y entrenando con mucha disciplina llegó a lo que es, hasta ahora, el mejor momento de su carrera. “Una de las cosas que me ayudaron es el uso de plantillas -cuenta Daiana-. Soy chueca y tengo una pierna un centímetro más corta que la otra”.

Marcela Gómez, radicada en Brasil, cruzó la meta a menos de un minuto de Ocampo, con 2h34m55s, además de ser subcampeona sudamericana (y argentina), se anotó como la tercera de las mejores marcas nacionales históricas. “Estoy feliz -afirma Marcela-, es más de lo que podía esperar”. Desde sus “prohibidos” inicios, hoy las maratonistas argentinas, con más de 1700 inscriptas el domingo, empujan más fuerte que nunca.

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