“Es el regreso a la tierra prometida”, aseguraban por estas horas en su entorno.

La semana que viene, Emilio Monzó tendrá su primer acto oficial en la provincia de Buenos Aires en lo que será el desembarco del presidente saliente de la Cámara baja en el territorio que tuvo vedado en estos cuatro años por orden de la gobernadora María Eugenia Vidal.

Monzó llegará en la tarde del próximo jueves a Florencio Varela, en el corazón del Gran Buenos Aires, en un acto organizado por el senador provincial Eduardo Schiavo, referente de la tercera sección, que contará con la presencia de funcionarios y legisladores del riñón del titular de Diputados, enemistado con Vidal y su círculo íntimo desde que Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada y la gobernadora se hizo cargo de la administración provincial.

Era cuestión de tiempo para que el diputado volviera a pisar la provincia de Buenos Aires, después de acatar el veto impuesto por la gobernadora –relativizado desde La Plata– y refrendado por el jefe de Estado, que en estos años mantuvo un vínculo oscilante con el dirigente de Carlos Tejedor.

La vuelta de Monzó al conurbano bonaerense, en uno de los distritos emblemas del PJ, se da en medio de la reconfiguración que Vidal busca darle a su construcción política después de perder la reelección a manos de Axel Kicillof. La gobernadora quiere ser la jefa de la oposición en la provincia, respaldada por un buen número de senadores y diputados y por los lugares que negocia en estos días en los organismos provinciales que le corresponderán a la oposición macrista a partir del 10 de diciembre. Su plataforma para volver a probar suerte en el 2021.

La relación entre Monzó y Vidal se resintió durante la campaña del 2015 por la estrategia política y por rencillas personales. Y terminó de quebrarse una vez que asumió como gobernadora. Desde ese momento, hubo intentos de reconciliación que quedaron en eso: solo intentos. Y Monzó fue cada vez más marginado de las decisiones oficiales del PRO, reservadas para Macri, Vidal, Marcos Peña y Horacio Rodríguez Larreta, que supo mediar en más de una oportunidad para acercar posiciones.

Apenas pisó la gobernación bonaerense, Vidal le hizo saber a Monzó que lo quería afuera de la provincia. A regañadientes, el diputado acató la orden.

En noviembre del 2016, el dirigente peronista hizo público su disconformidad. En una entrevista criticó a Jaime Durán Barba, el principal estratega del Gobierno, y puso en duda el futuro de Cambiemos. Dijo que compartía con Vidal “un objetivo común: las elecciones del 2017 y una gestión muy difícil”. En las decisiones de la campaña de medio término, sin embargo, Monzó no tuvo ni voz ni voto. El resto es historia conocida.

Los últimos dos capítulos del conflictivo vínculo entre el monzoísmo y Vidal y la Casa Rosada tuvieron lugar en el cierre de listas bonaerense y hace algunas semanas, tras el intento del diputado de avanzar por la jefatura de la Defensoría del Pueblo, acéfala hace diez años.

Tras una tensa reunión con la gobernadora, previa a las PASO, el diputado entendió que no tenía lugar para sus dirigentes en las boletas de Juntos por el Cambio. Hace tres semanas, el PRO no avaló su iniciativa para quedarse con la Defensoría. Quería refugiar ahí a su tropa, y hacer política de cara al futuro.

En las últimas semanas, el bloque de la Cámara baja que responderá al dirigente peronista a partir del 10 de diciembre quedó envuelto en versiones de quiebre con el resto de la coalición conformada por el PRO, la UCR y la CC que Macri pretende liderar, a pesar de la resistencia del radicalismo y de la Coalición, el partido de Elisa Carrió que prefiere una conducción colegiada. El interbloque oficialista, a punto de convertirse en opositor, está cruzado por tensiones internas.

Este miércoles, en la última sesión del año –si es que no prospera el debate al que querrá convocar el oficialismo para mediados de semana–, el presidente del cuerpo se quebró tras los homenajes de los principales referentes de la oposición por su gestión. En especial el de Graciela Camaño. Monzó se paró, con los ojos llenos de lágrimas, envuelto en aplausos de todo el recinto. Con excepción de Mario Negri, no tuvo palabras de elogio por parte de la bancada de Cambiemos.

En medio de ese clima, Monzó vuelve a territorio bonaerense. Tiene intenciones de competir por la gobernación en 2023.

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