Después de luchar durante un largo tiempo con una enfermedad renal, Gaspar, el último rinoceronte que habitaba el Ecoparque porteño, murió anoche. El ejemplar se encontraba en grave estado y falleció a pesar de los cuidados veterinarios que se le realizaron hasta último momento.

“La muerte se produjo luego de una falla en su sistema renal que tenía desde hace varios meses y que se agravó en los últimos meses, sumado a complicaciones digestivas. La necropsia que fue realizada ofrecerá más detalles histopatológicos y cultivos microbiológicos”, comunicaron desde el Ecoparque.

El fallecimiento de Gaspar se suma al de Ruth, la hembra que durante muchos años fue su pareja, que murió en julio del año pasado tras presentar un cuadro de malestar físico, diarrea y dificultades respiratorias. Diez días después de su deceso murió la jirafa Shaki que había nacido en el exzoológico de Palermo en abril de 2000, a causa de una peritonitis aguda.

Gaspar tenía 28 años, había nacido en Sable Ranch (Sudáfrica) en 1992 y tres años después llegó al zoo porteño. La expectativa de vida en cautiverio de los rinocerontes ronda los 30 años. Su especie no se encuentra amenazada o en peligro de extinción.

Durante los últimos meses, Gaspar estuvo acompañado por un equipo de cuidadores y veterinarios las 24 horas. “El seguimiento de su salud fue constante gracias al vínculo de confianza que tenía con el personal que lo asistía. Se le realizaron todos los análisis y muestras diarias a fin de garantizarle el mejor tratamiento posible”, informaron desde la entidad.

La muerte de un ejemplar de estas características causa un impacto mayor y vuelve a generar un debate sobre el rol del Ecoparque y la vida en cautiverio de los animales. El fallecimiento ocurrió semanas después de completarse un exitoso traslado de la orangutana Sandra a un santuario de Florida, previo paso por una reserva de Kansas.

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