Buenos Aires Celebra 50 años del Jardín Japonés

(www.palermomio.com.ar)

El Jardín Japonés cumple 50 años

El domingo 4 de junio el Jardín Japonés se viste de fiesta para festejar sus 50 años. Habrá más de 70 stand gastronómicos con comidas típicas de la cultura nipona. Además la Institución abrirá sus míticas y ya tradicionales puertas, de forma gratuita para el público.

Serán parte de la jornada festiva distintas instituciones japonesas y se realizará un gran baile participativo al ritmo de los tambores japoneses.

Domingo 4 de junio | de 12 a 18 hs. | Av. Casares y Av. Berro (Puertas del Jardín Japonés)

Entrada libre y gratuita

Se suspende por lluvia

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Sobre el Jardín Japonés

El Jardín Japonés es el más grande de su tipo fuera de Japón. En sus lagos estiman que hay aproximadamente 500 peces koi, que son criados allí y alimentados por los 600.000 visitantes que concurren por año. En tres hectáreas del parque Tres de Febrero, el Jardín Japonés de Buenos Aires reúne fauna, flora, cultura y gastronomía nipona y se prepara para celebrar este año su 50º aniversario.

El lugar fue construido por la Asociación Japonesa Argentina en 1967 con motivo de la visita de los entonces príncipes y hoy emperadores de Japón Akihito y Michiko. Luego fue donado a la municipalidad, pero con el correr de los años perdió su identidad. A mediados de los 80, la Asociación gestionó su recuperación con las autoridades, expandió el jardín y construyó un edificio para dictar cursos y talleres.

En 1989 se constituyeron como fundación para darle un marco legal a la actividad y se abrió un limbo de 20 años respecto de la administración del lugar. Recién en 2009 la Legislatura porteña sancionó la ley por la cual se extendió por 20 años el convenio para que la fundación siga haciéndose cargo del jardín.

Kazunori Kosaka, presidente del Jardín Japonés, llegó al jardín en 2001 tras ocupar varios cargos en la colectividad. “Para poder entender esto recorrí todos los jardines japoneses. Los que había en Japón ya los conocía, lo que quería saber era qué había afuera. Recorrí los de Canadá, Estados Unidos, México, Brasil y me contacté con la asociación de consultores de jardines japoneses que está en Estados Unidos”, recuerda a La Nación.

Entre 2005 y 2006 se hicieron trabajos de recuperación y limpieza. Hoy en el lugar trabajan unas 100 personas, de las cuales 15 están abocadas a la jardinería y mantenimiento del predio.

El de Buenos Aires fue adaptado al gusto porteño sin perder la identidad japonesa. Responder al interés local tiene una razón: el Jardín Japonés no recibe fondos de ninguna administración estatal; depende exclusivamente de los ingresos generaran a partir de lo recaudado por la venta de entradas, de las artesanías, los cursos y talleres que se dictan y el restaurante.

Si bien los jardines japoneses en su mayoría no contienen flores, al porteño se le incorporaron rosales y azaleas y se mantuvo la vegetación original del lugar compuesta en su mayoría de eucaliptos, plátanos y tipas. Entre la flora nipona se pueden contabilizar pinos cortos, negros, ciruelos, y su flor nacional, el cerezo (sakura). De estos últimos hay especies de la isla de Okinawa y de la parte continental. Sus flores van del rosa al casi blanco, aparecen en primavera y brindan un espectáculo parecido a una nevada en pleno Palermo. Es tan importante el florecimiento del cerezo entre los japoneses que desde el jardín se encargan de avisar a través de las redes sociales para que los porteños acudan a disfrutar del espectáculo en el Camino de los sakura.

Otro de los eventos más destacados es el Festival del fuego en el mes de agosto. Cada persona escribe en una tablilla de madera todo lo negativo que le haya sucedido para dejarlo ir y todo lo positivo que quieren que llegue a sus vidas. Luego, las tablillas se queman porque el fuego tiene el poder de trasmutar la energía negativa a lo positivo.

Los japoneses respetan mucho la mitología, la simbología y sus dioses. Los peces koi son considerados especies fuertes porque nadan contra la corriente para depositar sus huevos. “En Japón es muy común desear que los niños sean tan fuertes como el koi”, detalla a La Nación Kosaka. La caña de bambú representa la rectitud del alma, mientras que los leones, siempre en pareja con uno de los dos con la boca abierta, son protectores y guardianes de los hogares, por eso se los coloca en los arcos. Hay además una torre budista de 13 aleros, uno por cada etapa que el ser humano debe atravesar para alcanzar la vida eterna.

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