El primer shopping porteño que cierra: ese es el título que tendrá Del Parque Shopping Centerdesde este lunes. La suba de tarifas, las bajas ventas y los alquileres en alza dejaron al centro comercial primero en terapia intensiva -con su cine y otros locales cerrados desde hace meses- y ahora en crisis terminal, con el domingo como último día en su historia de casi un cuarto de siglo.

“Liquido todo”, “Sale final”, “Remate”, se lee en calcos sobre las vidrieras y en pizarras blancas frente a las puertas de los locales. La poca gente que recorre el shopping esta última semana se divide entre quienes lamentan el cierre y quienes aprovechan las ofertas de los comercios aún abiertos, querematan sus productos a mitad de precio o con promociones de 2×1. En la planta baja hay 16 locales ocupados y cuatro vacíos. En el primer piso, la crisis se siente más: la mitad de los negocios están cerrados.

Aunque los rumores de cierre corrían desde hacía meses, recién a fines de marzo los accionistas se lo comunicaron a la gerencia general. Desde ese momento empezó un proceso de retirada lento pero constante. Los dueños de comercios barriales dentro del shopping comenzaron a buscar espacios en otros puntos de Villa del Parque. Lo mismo ocurrió con negocios de cadena, aunque con éxito dispar: en muchos casos los locales ofrecidos en el barrio eran más chicos que lo que las marcas demandaban.

En este panorama, la situación más complicada es la de los empleados: algunos que trabajan en cadenas serán reubicados en otras sucursales, pero hay quienes no tienen tanta suerte y se enteran de sus despidos a pocos días del cierre. También están los que quedaron en el medio: aún no saben si mantendrán o no su empleo, y nadie les aclara su situación. Están sentados en el piso, o sobre cajas de mercadería, con las persianas del local a medio cerrar. Consultados por este diario, prefieren no hablar del tema, por temor o por angustia.

“Hay gente que viene a tomar fotos o a filmar cómo está vaciándose el shopping. Es muy morboso. Más aún cuando hay gente quedándose en la calle”, resalta una empleada, que podrá mantener su puesto en otro barrio. Y opina sobre los motivos del cierre: “Los alquileres son caros y además no hubo inversión, dejaron caer el lugar. Hay un local que está desocupado hace tres años”. A la lista de culpables una vecina suma otro, que es clave: el consumo en picada. “Como ves, ya no viene nadie a comprar acá. Menos aún con la crisis que hay”, resalta Marcela (53).

A todo esto se sumó el cambio en la circulación de gente por la zona, estimulada por la transformación de la estación de Villa del Parque en terminal ferroviaria y una serie de obras del Gobierno porteño, como el cierre del paso a nivel y la construcción de un túnel de 300 metros sobre la calle Cuenca y de otro peatonal.

“Ochenta locales de primer nivel, gran patio de comidas, terraza, parque de diversiones, dos cines para 400 espectadores, ascensor panorámico, cocheras, escaleras mecánicas y seguridad”, rezaba el auspicioso aviso publicitario del shopping publicado poco tiempo después de su inauguración, a fines de 1995. Poco de eso queda hoy y recorrer los tres pisos del edificio no es tarea grata: hay sectores cerrados, escaleras valladas -alguna de ellas mecánicas- y sanitarios con poco mantenimiento. El frío se siente al recorrer los pasillos.

Para completar el panorama, el sector dedicado al entretenimiento ya es historia: la plaza blanda fue inhabilitada, y las salas de cine cerraron a principios de año. Habían abierto en julio de 2017 con el nombre de CPM Cinemas del Parque, tras la refacción del que fuera Arteplex del Parque.

En el segundo nivel, lo único en pie a días del cierre es un solo puesto de comidas rápidas. Alrededor, una veintena de personas almuerza bajo techo y otras más lo hacen al aire libre, aprovechando quizás por última vez el sol que abunda en la terraza lateral. Sentado a una de las mesas, Daniel (62) se lamenta: “Este era nuestro punto de reunión”. A su lado, su esposa Mónica (60) recuerda cuando traía a sus hijas al cine. “Es muy triste ver esto. Vengo con las nenas desde que abrió, hace más de 20 años”.

Con este cierre, el barrio pierde no sólo su shopping y la posibilidad de tener un cine, sino también la presencia de ciertas marcas o cadenas, entre ellas una de librerías, otra de perfumerías y varias de ropa. Los únicos comercios que perdurarán, aunque no se sabe hasta cuándo, son los que tienen salida directa a Cuenca, que permanecerán separados del resto del edificio a través de una pared provisoria. Eso, al menos, afirman los encargados de los negocios que se salvarán del cierre.

Desde la vereda, son unos 15 metros hacia adentro, pasando la escalera de emergencia. Esa es la única fracción que continuará abierta, tanto en la planta baja como en el primer piso. Incluirá un local de venta de carteras, otro de fragancias, uno de telefonía, una peluquería y una casa de cambio, entre otros comercios ya existentes.

“Queremos que la gente venga a este sector, que no decaiga y que permita reactivar el resto. Esa es nuestra esperanza”, se ilusiona la empleada de una casa de tejidos que quedó dentro del perímetro habilitado. Los rumores de que otra empresa tome las riendas en el futuro aún tienen fuerza. Pero fuentes allegadas al shopping insisten en que el domingo es el último día en funcionamiento y que, por ahora, las negociaciones no prosperan.