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(Barrio de Flores) Resisten con más fuerza que las últimas canchas de paddle o los videoclubes y se asoman victoriosas frente a los recordados tenedores libres que los hábitos de consumo se llevó. Las disquerías de barrio, en tiempos de Spotify, aún siguen vigentes con el sostenido auge del vinilo, la melomanía y especificidad de sus clientes y hasta con la posible vuelta del cassette, que algunos aseguran está por fabricarse otra vez.

En la Ciudad existen alrededor de 90 disquerías, entre las de barrio, las que comparten negocio con los libros y las llamadas “cuevas” de heavy metal. Los amantes del mundo vintage celebran que el año pasado la porción de venta del vinilo en el mercado fue del 15,9%, lo que representa un crecimiento de más del 21% respecto al 2016, según datos recientes de CAPIF, la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas. Pero el streaming (Spotify y Apple Music, entre otras plataformas de suscripción) sigue siendo el modo más elegido para escuchar música: ocupa el 52% del llamado market share. Por la venta de discos y CDs, la opción física, se recaudaron el año pasado $ 173 millones contra $ 671 millones de la venta por streaming, lo que marca la gran diferencia de este tiempo. El icónico CD, a diferencia del vinilo, acumula un 70% de caída en las ventas desde 2013, según CAPIF.

Aún así, muchos creen que hay una convivencia entre las nuevas y viejas tendencias. En la calle Bolivia casi llegando a la avenida Rivadavia, está la disquería Opus, que nació en 1950 en La Boca, con el advenimiento de los discos de pasta. Hace 25 años que está en la ubicación actual de Flores, con la hija de quien ingenió todo, María Alejandra Prudhomme. “Nunca nació algo mejor que el vinilo y al que le gustó siempre, lo sigue escuchando –cuenta ella, con fanatismo-. Pero sé que no es para la mayoría, aunque hay un auge por querer escuchar en ese soporte y la gente se arma el equipo también”. Entre sus 90 mil vinilos usados hay algunas joyitas para coleccionistas, como música armenia y checoslovaca y hasta un discurso completo de Fidel Castro de la segunda Asamblea Nacional Cubana. “No es un negocio cualquiera, acá viene gente que está muy sola y necesita ser escuchada”, confiesa.

Los discos de vinilo se volvieron a fabricar en el país y se llegan a producir hasta 100 mil unidades mensuales. Pero al aguante de las disquerías y el auge del vinilo se les suma la vuelta de las históricas vitrolas (aquellas de la famosa RCA Víctor), con su bandeja tocadiscos pero con conexión USB y por bluetooth, para poder escuchar también música digital.

A toda la movida retro se le agrega también la vuelta de la legendaria rockola, que ya se comercializa en algunos sitios web y que promete confirmar que, como decía Virus, el rock es una forma de ser, de amar y allí está para sacudir a los porteños que no quieren abandonar los buenos viejos tiempos. NR

Fuente consultada: Clarín

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