CLUBES DESAPARECIDOS

Hoy: Sportivo Buenos Aires

En guías y directorios online todavía se puede leer: Club Sportivo Buenos Aires. Gaona 1249. También figura el supuesto número telefónico de esta institución que, en realidad, desapareció hace más de quince años. En lugar de la que era la sede,  distante a pocos metros del monumento al Cid Campeador, se deja ver el inmenso local de una concesionaria de autos marca Peugeot, así como anteriormente había ocupado ese espacio una pinturería. Ambos emprendimientos comerciales sucedieron a las instalaciones de otra de las tantas señeras instituciones que sucumbieron ante el avance del almanaque.

El Sportivo Buenos Aires era más que un club de barrio. Pese a que terminó por transformarse en una modesta entidad del barrio de Caballito, en el pasado practicó fútbol oficial en los torneos de lo que hoy es la Asociación del Fútbol Argentino. Uno de sus hitos fundamentales, lo constituye el hecho de que en sus filas actuó Carlos Peucelle, quien luego pasó a River por diez mil pesos, elevadísima suma de dinero para los años ’30. En los comienzo de aquella época, River Plate se hacía acreedor al mote de Millonario que lo identifica hasta la actualidad, precisamente, por haber comprado el pase de Peucelle en lo que fueron los albores del Profesionalismo.  El renombrado delantero, aunque era dueño de su pase y podía haberse quedado con la totalidad del dinero,  separó 3 mil pesos como recompensa para el club en el que jugó entre 1927 y 1930. Era el Sportivo Buenos Aires, que al igual que otros clubes, continuó su trayecto por la senda del amateurismo, sin plegarse a la ofensiva profesional. En 1934, la unión de ambas entidades rectoras lo condujo hacia la Segunda División de la AFA, pero no por mucho tiempo.  Entre 1935 y 1939 participó en dicha categoría, descendiendo a Tercera al cabo de ese certamen. Militó en Tercera en 1940 y 1941, y tras haber terminado en noveno puesto, optó por desafiliarse del fútbol oficial. Y fue para siempre….

El club había sido fundado en 1918 como resultado de la unificación de dos entidades, Buenos Aires Isla Maciel y Sportivo Argentino, de Wilde, (que a su vez, se creó por un desprendimiento de asociados a Boca Júniors). Entre 1920 y 1934, intervino en la Primera División, independientemente de la entidad rectora en la que estuviera inscripto. El tercer puesto de 1931 –ya sin Peucelle- fue su colocación más elevada.  Ese año se concretó su unificación con el Club Social Buenos Aires. ¿El resultado? Una pequeña variante en la denominación: pasó a ser Club Social y Sportivo Buenos Aires.

A lo largo de su peregrinaje por las competencia futbolísticas tuvo diversas canchas, por ejemplo, en la Isla Maciel (General Rivas y calle sin nombre), La Boca (Aristóbulo del Valle y Gaboto, predio dejado libre por River) y Floresta (Álvarez Jonte y Sanabria, luego de la fusión de 1931).

Con el advenimiento del nuevo orden rentado, también  sobrevino su decadencia futbolística, que tuvo como corolario la autoeliminación.  La actividad social, en cambio, se prolongó por algunas décadas más.  En un año indeterminado, estableció su casa en la Avenida Gaona, la cual hasta no hace tanto tiempo, fuera entre otras cuestiones, un popular reducto tanguero.  Pero un día de 2003 llegó al punto final de su extenso recorrido.

No sabe, no contesta

En los directorios online donde el club aún figura “vivo”, junto al domicilio hay un número de teléfono de característica 4581. El número existe pero investigando un poco, es posible averiguar que no pertenece a la dirección de Gaona 1249 sino a un edificio de Donato Álvarez al 900, situado en el límite entre Flores y Caballito.

Otra curiosidad es que en Gaona al 1300, hay un restaurante de la firma Bellagamba, que en la parte superior de su fachada tiene un escudo del Sportivo Buenos Aires. ¿Por qué ese escudo está allí? ¿Acaso tendrá algo que ver el local gastronómico con la desaparecida entidad? Con el objetivo de evacuar este interrogante se realizó una llamada al restaurante. El empleado que atendió dijo no tener idea del tema y le cedió el teléfono al encargado del bodegón, quien también de modo muy amable, afirmó no saber nada al respecto. La respuesta  quedó pendiente. Tal vez, en alguna otra oportunidad, pueda ser develada.

Foto: la fachada del Sportivo en la década del Noventa. 

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