En Fraga y Estomba existió esta cancha, que fue utilizada por varios clubes. Hoy, hay un supermercado.  

 

El pibe se sentó frente a la PC, abrió su cuenta de twitter y escribió un mensaje directo. ¿El destinatario? Uno de esos personajes que no abundan, un apasionado de las canchas de fútbol. Pero de las canchas de fútbol antiguas. Un estudioso. Un obsesivo. Lo había conocido personalmente unas semanas atrás, gracias a otro conocido en común, también de esa misma clase de futboleros más apegados al pasado que al presente. Al pibe le resultó una bocanada de aire fresco entablar contacto con este personaje que, en edad, le llevaba unos cuantos años. Enseguida se identificó con su afición por el Buenos Aires de ayer, y quedó cautivado por el fruto de sus investigaciones.

Después de aquel primer contacto, intercambiaron un par de amables mensajes. Para el pibe, un nostálgico confeso, era gratificante saber que no estaba solo en su “locura”, por eso, a pesar de que todavía la confianza no era la del amigo de horas y horas compartidas, se animó a escribirle, para recomendarle la posibilidad de realizar una caminata por sitios porteños en los cuales se levantaban canchas que ya no existen. Y escribió:

Me permito hacerte esta sugerencia como para que tengas en cuenta un lindo circuito de viejos estadios en Belgrano-Villa Ortúzar. Son 5 canchas no muy distantes entre sí y quedan todas más o menos en el camino. El circuito es relativamente corto.

1) Estomba esq. Montenegro. Jugaron (creo que entre otros) Gutemberg y La Paternal. Ahora es una plaza.

2) Tronador y Fraga. Almagro, AAAJ, Colegiales… Hay un supermercado Jumbo.

3) Álvarez Thomas y 14 de Julio. Pampero, Alvear… Hoy edificado.

4) M. Acha y Juramento. Argentino de Warnes, Everest, Germinal, GyE de Flores, Sp. Municipal. Hoy una plaza.

5) Hacia Belgrano, en Mendoza y Freire, jugaron DEUTSCHER Fussball Verein y Palermo. Hoy una plaza o un terreno lindero. Encima, entre 4 y 5, pasaríamos por el BAEHS (cuna de Alumni) y unas cuadras a la derecha, por Belgrano AC. En fin, se me ocurrió la idea y te la tiro para que veas si en algún momento es posible. ¡Abrazo!

El pibe, entusiasmado, apretó Enter y se quedo esperando la respuesta. Esta, sin embargo, nunca llegó. Desde luego, no lo tomó a mal. Pensó que su interlocutor no había contestado por alguna u otra razón que no tenía que ver con mala educación o predisposición. Simplemente, suele pasar que uno deja cosas “para después” y termina olvidándose, con tantos asuntos en la cabeza.

En consecuencia, se propuso no insistir, pero se planteó un desafío: acompañado o no, él haría ese recorrido. Tal vez, no en una misma jornada. Pero sí iría a aquellos sitios por donde hace más de cien años se respiró fútbol oficial. La idea había comenzado a girar en su mente y a medida que pasaban los días, fue tomando color. El pibe supo entonces que estaba listo para emprender la aventura.

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