SPORTIVO BARRACAS, EL GIGANTE DORMIDO QUE SUEÑA CON RECUPERARSE

Escasos clubes, o acaso ninguno, quizás hayan atravesado los vaivenes deportivos e institucionales del Sportivo Barracas. Fundado en 1913 y rápidamente fusionado con el club Riachuelo, el impulso de sus primeros años lo condujo a tener a partir de 1920 el mejor estadio del país, al tiempo que se afianzaba en el círculo de privilegio de la Era Amateur. En esa cancha de Iriarte y Luzuriaga actuó la Selección Nacional con cotidianeidad, cuando aún no habían sido levantado los grandes estadios de las décadas del 30 y el 40.
El Sportivo también ganó un campeonato de Primera División. Lo hizo en 1932, durante el período en que estaba vigente la separación entre amateurs y profesionales, que había surgido en 1931 y se mantendría hasta 1934, con la unificación de ambas asociaciones.

“UN GRAN CENTRO DEPORTIVO”

El historiador Jorge Gallego, socio del CIHF (Centro para la Investigación e Historia del Fútbol), resumió en pocas líneas el esplendor que el club vivió en aquella época, haciendo además mención del ilustre atleta que supo representarlo en tantas competiciones: “Juan Carlos Zabala (Rosario-1911; B. Aires-1983) “El Ñandú Criollo” o “Zabalita” fue una figura cumbre del atletismo nacional. Sobresalió en pruebas de fondo y maratón. Por su éxito en ésta última (Los Ángeles, J. O.; 07 ago 1932) fue el primer “Oro Olímpico” latinoamericano en atletismo…

Juan Carlos Zabala

 

A pesar de no ser futbolista –y no poder faltar en esta nota- diré que representó a Spvo.Barracas, club de aquel origen. En tiempos de Zabala, la entidad albiazul era un gran centro polideportivo. Tenía afiliaciones en básquetbol, rugby (2ª div.), atletismo (ambos sexos), pelota a paleta y- por supuesto – fútbol. En 1932, el año de “Zabalita”, Sportivo logró su único título de 1ª Div. Fue en el marco de la oficial Asoc. Argentina; contó con“veteranos ilustres”: Felipe Cherro, Pedro Marassi, Pablo Bartolucci, Mario Fortunato, etc”.

EL FÚTBOL RENTADO

Con la instauración del profesionalismo, llegó su declive. Su dirigencia resolvió no acoplarse a quienes fundaron la nueva liga rentada y algunos años más tarde, a fines de 1937, directamente se desafiliaron de la AFA, tras cumplir campañas muy pobres en Segunda División, a la que habían sido conminados cuando en 1934 se produjo la unión entre amateurs y profesionales.
A la AFA recién volvería 30 años después, para actuar en la última de las divisionales: la Primera D. Ya despojado de los terrenos donde se levantaba su señorial estadio, debió deambular por diversos escenarios alquilados para ejercer la localía y en la D, permaneció durante décadas, completamente alejado de las luces que encandilaban a sus viejos colegas de la A, clubes a los que nada había tenido que envidiarles en su momento.

Campeón de Primera División, en 1932.

EN LAS BUENAS Y EN LAS MALAS

En dicha categoría, la Primera D, sufrió también varias desafiliaciones por bajo puntaje. En 2003, un acuerdo con un grupo inversor encabezado por el periodista Enrique Sacco, lo sacó del anonimato, llevándolo a ser local en la ciudad de Bolívar y a obtener el ascenso. En la Primera C se mantuvo por algunas temporadas. Pero el acuerdo con los bolivarianos se disolvió, el Sportivo descendió otra vez y peor aún, en 2013 sufrió una nueva desafiliación. Su regreso fue auspicioso, pues en 2015, salió campeón de la categoría y la actualidad lo encontraba compitiendo otra vez en la C, pero en la temporada 2018/2019 descendió nuevamente al caer en un desempate con Berazategui, con el cual compartió la última posición de la tabla de los promedios.

El primer gol “olímpico”, convertido por Cesáreo Onzari en un Argentina-Uruguay jugado en Sportivo Barracas en 1924.

 

LA CASA BARRAQUEÑA

Su sede de Iriarte 2050, no estuvo ajena a los embates que afectaron a tantísimas instituciones. Durante un largo período había sido ejemplo de una prolífica actividad deportiva y social. Sin embargo, aunque el edificio se mantuvo en pie, no logró evitar el achique y hace algunos años redujo en una buena medida las disciplinas que del club dependían, para recibir a Megatlon, el gigante empresarial que desembarcó con fuerza en Buenos Aires y que ocupó una parte importante de la superficie de la sede. De no haber mediado una alianza con la empresa de gimnasios, no es difícil deducir que la supervivencia del querido Sportivo se hubiera vuelta más dificultosa todavía.

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