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EL PERUANO PARLANCHÍN

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A ti, Hugo Guerrero Marthineitz, locutor y periodista, te  llamaban “El peruano parlanchín”. Recuerdo tu risa contagiosa, con la que posiblemente te burlabas de tus propias vivencias y con la que contagiabas a todos tus fieles oyentes. Nos enseñabas a disfrutar de la vida. Particularmente me quedaron grabadas en la mente tus palabras definiendo al ocio como necesario para sentirse bien… Y así eran todos tus programas, una lección de vida que nos brindabas con tu amplia cultura y tu don para comunicarte a la distancia.

Cómo quisiera volver a tener la inocencia de aquellos días de la niñez. Muchos años atrás, al encontrarme junto con mi familia en una zona playera, durante las vacaciones de invierno, gracias a mi madre aprendí a realizar imágenes de diversos animales en la pared. Eran las llamadas  “sombras chinescas”, un juego de luces y sombras entre la oscuridad de la habitación y el sutil resplandor de una lámpara.

Viva Jujuy, viva la Puna, vivan las trenzas bien renegridas de mi jujeña, dice una canción. En ese hermoso y lejano punto de nuestro país, con su clima riguroso y árido, las coyas llevan a sus changos adheridos al cuerpo.

Gilda, fuiste maestra. Te escuché hace tiempo y quedé impactada al verte cantar y bailar. Tristemente hablo del pasado, ya que en forma trágica dejaste este mundo, muy joven aún, pero sigues viviendo en el corazón de mucha gente.

El cielo es un manto negro y a lo lejos titilan las estrellas; me maravillo al ver la Cruz del Sur y las Tres Marías. Son como diamantes o perlas colgadas del infinito mientras la Luna se esconde tras las nubes sin dejarnos ver su rostro lleno de inmaculada blancura. Y así yo sigo mi camino, deslumbrada por la presencia imponente de la Vía Láctea, cruzando el firmamento.

Raquel Seltzer

Foto: Hugo Guerrero Marthineitz (www.diariodecultura.com.ar).

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