• ¿Cómo surgió la idea de tu revista “El Inconsciente”?

Me gusta escribir desde mi más tierna infancia. En la escuela primaria te diría que era lo único a lo que le prestaba atención, me decían tema: “La vaca” y ahí volaba mi imaginación. Ya en el secundario, el profesor de literatura me hacía leer cuentos en voz alta, y me sorprendían algunas reacciones inesperadas, como escuchar a mis compañeros llorando o riendo mientras leía, depende de lo que escribía. También me gustaba hacer lo que hoy creo que eran performance en vivo, hacer personajes, imitar a los profesores en los recreos, nos reíamos mucho. Bueno, en ese sentido, no he cambiado mucho, ahora hago mis performances con mi Compañía de Tango Ménage á trois y nos divertimos mucho con todo el plantel, el pianista Ezequiel Amadruda, la cantante Valentina Oyuela, y el cantante Julian Matías Bruno que colaboró en la última performance, y los bailarines de tango Federico Prado, fundador de La Catedral Club, profesor de 20 años de trayectoria, un bailarín con una impronta muy singular, además excelente músico y cantante, Omar Ponti, un bailarín de tango que viajó por el mundo, gran actor (actualmente en cartel está en la obra teatral “La lección de Anatomia”) y Juan Pablo Encinas, que es un bailarín del tango orillero con estilo propio y que está actualmente en Málaga, pero con quien realizamos varias performances, y con todos me divierto muchísimo. También siempre está presente mi amigo y ahora tangoadicto Pablo Rubin que auspicia con su revista Palermonline todos mis eventos y la bailarina Belén Bulacio, quienes nos acompañan en todos los backstages para reírnos juntos y aportan ideas nuevas, porque en cada una de las performances trasuntamos algo para comunicar, para que el tango nos deje pensando, con su poesía muchas veces, o con un toque teatral que le agregamos a la escena. En general armamos una historia con los tangos.

Y si bien, volviendo a lo que te contaba, tuve una adolescencia tortuosa y por suerte, conseguí un trabajo a los dieciséis años para pagarme mi analista, ya que tenía decidido ser psicóloga desde los trece, sabía que no podría ejercer sin haber pasado yo misma por un diván, pese a que adolecí mi adolescencia, siempre tuve un gran sentido del humor, a veces muy ácido, otros muy teatral… Así que también viví momentos muy divertidos en el colegio secundario con mis compañeros pero cuando estaba triste me refugiaba en la lectura, en la música y en la soledad.

Ya en aquel entonces, mis lecturas preferidas eran las obras de Herman Hesse, Camus, Nietzsche, Dostoievski, Freud que comencé a leerlo a mis 15 años porque fue lo que pedí para mi regalo de quince, las obras completas con tapa de cuero y papel biblia, lo elegí a Freud en lugar de un viaje a Europa o una fiesta. Después en la Universidad, no desaprobé una materia, ahí leía más de lo que pedía el programa, por gusto, y además por reinvindicarme del bullying que me hicieron en la primaria por “burra”, entre otras cosas…

  • ¿Cómo es eso del bullying? ¿Qué te pasó en la primaria?

Empecé a los 5 años la primaria porque me aburría mucho en el jardín y porque en los recreos me quedaba con Norma, la maestra de 1er. Grado que era muy cariñosa conmigo, pìenso que quería tenerla a ella como maestra. Entonces, no sé si fue que no estaba madura para aprender matemáticas, me costaba mucho dividir, y probablemente como me interpretó una de mis analistas con las que más años tuve de análisis, toda división me reenviaba a una separación, y esa separación con otros ni ahora me la banco. Por eso no me siento bien en ningún grupo cerrado, ni con los mismos psicoanalistas, salvo en la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires donde más cursos hice, justamente porque hay analistas de todas las corrientes y son muy abiertos. Pero los ghettos me dan claustrofobia, las religiones todas son muy respetables pero no profeso ninguna, por este mismo motivo, no me gustan las sectas y menos los sectarios, los partidos políticos que siempre te separan del bando contrario, sin embargo, si me interesa mucho el tema del atravesamiento de la política en el psiquismo, y el lugar del analista en su ética frente a las cuestiones políticas y sociales, nuestro rol y nuestro posicionamiento que si bien es abstinente, éticamente en todos los casos, del lado de los derechos humanos.

Volviendo al bullying, mis viejos cometieron un gran error con una personalidad como la mía…, mis hermanos se adaptaron muy bien a esta escuela que era judía religiosa pero no ocurrió lo mismo conmigo. No paraba de hacer preguntas que incomodaban a mi familia y en realidad, el primer bullying empieza dentro del contexto familiar. Mis hermanos se burlaban mucho de mí, me debían ver rara y además me tenían celos, por ser la más chica o vaya a saber por qué… Recuerdo que me costaba dormir, y tenía muchas pesadillas. Las cuestiones que no me dejaban dormir se relacionaban con la existencia de un Dios que te castiga, con las ideas dogmáticas que no se pueden refutar, claro, no lo pensaba con estas palabras, pero sí recuerdo que por ejemplo, la discriminación entre los judíos y los “goys”, esa palabra me sigue pareciendo atroz y me resonaba terrible ya desde niña. Era muy del “por qué”, y a decir verdad, no he cambiado mucho en ese sentido, ahora le agregué el “para qué” y el “cómo”. Entonces, a los 8 años, luego de ver un film en el colegio sobre Hitler y el Holocausto, le dije a mi padre que si cuando él decía que no podíamos tener novios/as “goys”, no pensaba como Hitler pero al revés. Te imaginas el gran escándalo que eso provocó en mi familia, ahí fue la primera vez que escuché la palabra “loca”, “esta chicha está loca” le decía mi padre a mi mamá en estado de perplejidad total. Y ahí supe también que prefería estar loca y no pertenecer al mundo de los cuerdos.

  • ¿Y de qué manera tomaste partido por el mundo de los locos?

(Risas) Esto implicó desafiar a una maestra que nos obligaba a rezar, y que me echó porque yo molestaba a los chicos que rezaban tirándoles una caja de tizas, juego que me divertía mucho, porque tenían que empezar el rezo de nuevo y era interminable (risas). Cuando la maestra ya no soportó más mi juego y me mandó a dirección por mala conducta, me dijo: “Dios te va a castigar” y yo le contesté: “Dios te va a castigar a vos que nos obligas a rezar medios dormidos a las 6.30 h de la mañana y, si es que él existe y mira que estamos obligados, no le va a gustar nada”. En fin, con esto me gané la amargura de mi madre que no sabía que decirle a la directora, pero también una muy buena decisión que tomaron juntas, recuerdo con una cierta alegría vergonzante escuchar decir a la directora: “esta chica no va a ir más a la tarde, no le presta atención al hebreo, está por repetir el grado, y está en otro mundo, la dejaremos como única excepción, en la mañana que es como cualquier escuela laica”. Si bien esta decisión también me trajo otro bullying por ser la única que no iba de tarde, me salvé de seguir sintiéndome en un mundo tan ajeno a mí.

Después en el colegio secundario, ya no hubo más bulliyng, me transformé en la líder de armar quilombo, mi vieja iba a hablar con el director al menos dos veces por semana por este motivo, la pobre ya no sabía qué hacer conmigo, pero me rebelé a todo, y tenía a todos mis compañeros de mi lado para las travesuras, al principio, los religiosos no, pero después se dieron cuenta que era más divertido y se plegaron todos. Pese a que por otro lado, tenía mi costado hermitaño y era media dark, lo que me salvó de mí misma, aparte de los libros y mis analistas, a quienes estoy sumamente agradecida, es mi sentido del humor.

  • ¿Y cómo te fue cuando ingresaste en la Universidad de Psicología?

Odié casi todas las materias, y lo único que esperaba era darlas para tener el título que me habilitara a atender y ponerme a estudiar en serio lo que más me gustaba: el psicoanálisis, los encuadres multipersonales, como grupos, familia y pareja. Al recibirme empecé a escribir artículos de psicoanálisis en grupo con otros colegas y luego me largué a escribir una tesis en francés para un doctorado en la Universidad de Lyon en Francia. Otra historia sumamente enriquecedora porque me doctoré con una tesis sobre el tema de los grupos y los sueños, la escribí en francés sabiendo muy poco al principio y luego de tantos libros, y charlas me hice bilingüe. Pienso en francés muchos temas que no puedo pensar en español y además, atiendo muchas personas de Francia, Europa y Sudamérica. Para la tesis me leí unos 300 libros o más sobre el tema, lo que me dejó por 5 años totalmente inculta, porque no tenía tiempo de leer otros libros. Y me encanta leer. También tengo unos cuentos en mi computadora, y actualmente, tengo una novela que hace dos años terminé, y ahí está.

Así que todo estaba en “el inconsciente”, lo que se tradujo en mi revista. Y me moviliza mi deseo de escribir sobre el arte y los artistas en su relación al psicoanálisis. Otro incentivo que hace poco me di cuenta que me motoriza en la revista, es mi hijo que ahora quedó como director y editor responsable. Él fue quien bautizó con su nombre a la revista un día que yo le pregunté, de la misma manera que quise que elija el nombre de la gata y le dije cuál te gusta y me contestó sin dudarlo: “Mafalda”, y me encantó; y cuando le pregunte qué nombre le pongo a la revista, me contestó: “El Inconsciente, ¡si te la pasas hablando todo el día del Inconsciente!”. Te imaginas como nos reímos, y además, me gustó el doble sentido del nombre, cómo se suele llamar “inconsciente” al que se considera loco, cuando suele tratarse de una persona creativa, original o transgresora, que para el caso, casi todo forma parte de lo mismo.

  • ¿Cómo cambió tu vida la maternidad?

Damián, mi hijo me enseña mucho más que todos los libros que he leído, no creo en eso que sólo los padres por ser adultos enseñemos a nuestros hijos, ellos también nos enseñan, sobre todo a amar. Aprendí lo que es el amor incondicional, no esperar nada del otro para uno, que todo sea para él, para que vuele y disfrute volar. La maternidad para cada persona puede significar otra cosa, a mi me hizo más generosa, me hizo saber que esa generosidad cuando uno ama, te enriquece como persona. Con mi hijo, y con mis pacientes también, aprendí a tener paciencia, a comprenderlos, a que nos devuelvan un espejo de lo que no queremos ver de nosotros mismos y a que eso implique el desafío de no ser impunes, de ponernos en cuestión como dicen los franceses: mettre en cause et faire le point. Estoy muy agradecida de haber finalmente deseado tener un hijo, me hubiese dado lo mismo adoptarlo, es más llegó en el momento donde decidimos adoptar con el papá. Creo que siempre adoptas a un hijo. Pero es otro tema. Y lo tuve cuando lo desee de verdad, porque antes de que surja mi deseo, no me imaginaba siendo madre, me pesaba demasiado hacerme cargo de mí y de mis deseos para tener algo más en esta vida. Y siempre pensaba y sigo pensando que no necesito tener un hijo para sentirme mujer, eso que te vende la sociedad capitalista para esclavizar a la mujer en un rol doméstico, no me cabe para nada.

  • Pero me comentabas recién que ese vínculo te enseñó mucho y eso te enorgullece. ¿Qué nos podés contar de tu hijo?

Damián, mi hijo es un ser muy especial, es sumamente perceptivo y muchas veces, me dijo dos palabras que me atravesaron el corazón, el alma, y me dejó tecleando. Es de poco hablar, no es como yo en eso (risas), pero ya en la escuela me decían las maestras que tenía unas reflexiones muy impresionantes para su edad, y era elegido buen compañero, eso me daba un gran orgullo, ahí sentía, con esto “¡la pegué, que más!”. No toleraba las injusticias y defendía a sus compañeros. Una maestra lo llamaba “el poeta de la armadura”. Me hace muy feliz que se haga cargo de la revista como Director Periodístico y Editor Responsable, y así poder dedicarme a lo que me gusta más, a trabajar sobre los contenidos, a tener más tiempo de intercambiar con mi equipo de Inconscientes (risas). Aunque él me dijo que también desea escribir, así puede pasar a ser director y además, otro Inconsciente.

  • ¿Cómo definirías el vínculo que tenés con la escritura? ¿Qué representa para vos el acto de escribir?

Maximiliano, tus preguntas me están haciendo pensar mucho ¿Voy a tener que estar yo recostada en el diván y vos del otro lado? (risas) No recuerdo que escritor decía que si no escribía se le pudría todo por dentro, bueno, a mí a veces me pasa eso. Necesito escribir para sacar algo que me da bronca o me da tristeza para afuera, es como si lo exorcizara y después sobreviene un alivio. Pero no tengo siempre la misma motivación, esto me ocurre con algunos temas, por ejemplo, la relación del psicoanálisis con la política y sobre todo con el posicionamiento ético que, a mi criterio, tenemos que tener los psicoanalistas. Empecé a escribir sobre esto, pero el Dr. Achilli, el responsable de la columna Psicología escribió sobre el tema, y me calmé. Es tan genial su puesta en palabras que lo puse como nota editorial de mi revista, ya cuando hay otro que lo puede pensar, creo que me siento menos sola y me doy más tiempo para escribir y que no sea un vómito lo que salga de mi. ¿Será una forma de soledad para no sentirme tan sola? Lo mismo me ocurrió con la corresponsal de España, Flavia Mercier, me hizo mucho bien hablar de este tema con ella y me mandó una nota que estamos por publicar pronto. Pero tu pregunta no era sobre mi inspiración, sino sobre mi vínculo con la escritura, creo que no la respondí, suelo tener un pensamiento demasiado arborizado, y me voy por las ramas (risas). Es una relación muy compleja para mí esa relación con la escritura.

  • Va de la mano con la inspiración, porque el acto creativo parte de una necesidad inconsciente. ¿Vos cómo lo vivís?

Por ejemplo, con la novela, me sucedió algo extraño y muy molesto. Los personajes no me dejaban dormir, y si bien escribo y estoy con más pilas a la noche, necesito dormir unas 8 horas para poder estar bien durante mis actividades diarias que son muchas y variadas. Entonces, que me despierte un personaje para interpelarme, no me gustaba nada, y uno de ellos, es la personificación de la muerte, así que imaginate (risas). La novela arranca con un filósofo al que llamé Fréderic por Nietzsche, uno de mis preferidos, leí todas las obras de él, y de segundo nombre Jacques por Lacan, no le puse Sigmund porque es un filósofo francés. El tipo es una especie de Sartre que la rompe en el mundo y decide desaparecer, sin avisar a nadie, se va a hacer votos de silencio a un monasterio en el Tibet, y no sólo se cruza con un maestro tibetano que le hace recuestionar todo, sino que se topa con la muerte con la que luego entra en un dialogo irónico y muy florido, porque la muerte lo detesta y lo desafía constantemente.

También jugué con personajes de ficción y de la realidad, Fréderic tenía de maestro a Foucault, y es amigo de Cornelius Castoriadis y Badiou. En ese mismo tiempo, en paralelo, hay otros personajes a los que me di el gusto de desplegar, como no tendré tiempo de estudiar cine, inventé a una cineasta francesa intima amiga de Pedro Almódovar, hubiera querido poner a todos los artistas que admiro, pero bueno…Otro personaje es una actriz y bailarina de tango, un empresario porteño y en un momento, el azar de la vida los va cruzando a todos. Se llama “La muerte del maestro” y pienso que es un homenaje a los maestros, a los escritores, a los artistas que nos abren a esas otras dimensiones de lo Inconsciente y nos hacen disfrutar de lo más bello de la vida. Pero la verdad es que me venían a interrumpir el sueño, y eran personajes muy preguntones que me hacían pensar, “para qué escribí esto, en qué me metí… ¿y si paro acá y los mato a todos?” .Una de las tantas cosas que me impactó de la obra de teatro “Cuando llueve” escrita por Anthony Black un dramaturgo y director canadiense de vanguardia, y traducida por Rafael Spregelburd, fue cuando en la proyección cuenta una historia, borra las letras y decide ir para atrás y matar a uno de los personajes. ¡Qué poder tenemos cuando pensamos, cuando escribimos! En fin, si por momentos, los amé a todos y por otros, les pedía que me dejen dormir tranquila.

  • El famoso duende de la inspiración que te toca el hombro y te dice“es momento que no me ignores más”.

(Risas) A ciertas horas de la noche, quieres ignorarlo, pero la noche es el momento donde más me aparece este duende, de día nunca. Cuando mejor me llevo con éste duende es cuando hay un disparador como una obra de arte, una obra de teatro, una película, siempre escribo sobre algo que me gusta, que me impacta, que me emociona, entonces ahí, se me hace todo más fácil. Además, tengo facilidad para ver el duende en los otros que de reconocerlo en mí. El maestro de tango Rodolfo Dinzel, dio una definición de lo que es un verdadero maestro, él decía algo así de sus alumnos: “yo les digo, les hablo, les muestro, pero ellos creen que yo les enseño algo, y sólo espero que les aparezca el duende para que se transformen en artistas”. ¡Qué grandeza! Volviendo a lo que cubro de los artistas, no siempre es tan fácil. Por ejemplo, la obra Pundonor me movilizó tanto en lo personal, que necesite mucho tiempo para poder pensarla, y mientras escribía me sentía involucrada, con lo cual, me costó mucho escribir esa nota. Otra cosa que me ocurre es que cuando hay una obra muy buena como Pundonor, pido el libro, lo analizo, lo disfruto y a la hora de escribir, siento la obligación ética de escribir algo que esté a la altura de lo que me brindaron los artistas, y muchas veces, siento que no lo estoy o siento que las palabras no me alcanzan para transmitir tanto arte.

Respecto al acto de escribir, te diría que representa algo de lo que dijo el Dr. Achilli, es bucear en la propia locura, y por eso mismo, hay que ser muy valiente para esto, creo que sin mis años de análisis, no me atrevería. En la novela, hubo capítulos que no podía seguir escribiendo porque estallaba en llanto, algo que me sorprendía mucho, como si esos personajes tuvieran vida. Me apenaban, me conmovían, me planteaban un conflicto del yo misma no podía salir y no podía seguir escribiendo por un tiempo, hasta que me daba cuenta que no tenía que salir de nada, que los tenía que dejar problematizar solos y que se arreglen como en la vida. No hay vida sin conflictos que nos muevan. Había otros momentos que hasta la protagonista principal, la muerte, me parecía simpática en un momento dado, me reía frente a la computadora de lo que me hacía teclear. Yo la dejaba, que hable, que nos interpele a los humanos, que nos diga que somos unos negadores y que nos creemos inmortales. Otras veces, trataba de reponerme y le pegaba al teclado con furia, a veces la muerte, me sacaba de quicio. Pobre mi compu, siempre está media hecha pelota.

Coincide con lo que dice Julia Kristeva, una psicoanalista que me gusta mucho, que el acto de escribir no difiere del acto de analizarse, la literatura es lo mismo que psicoanalizarse, es una experiencia transformadora, porque es estar solo con vos, frente a un espejo, o a diferentes espejos donde todo te deja expuesto y en carne viva. ¿Será por eso que no publico la novela? Aún no lo sé, lo que sé es que no pasas por la escritura sin hacerte preguntas y sin un proceso de metamorfosis profundo.

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