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ES HERMOSA LA VIDA

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Es hermosa la vida y hoy, aunque estamos en invierno, el sol penetra por el ventanal… Es como una caricia del astro o tuya, querida prima Fanny, que te soñé cantando junto a mí y a Elisabet en aquellos veranos cálidos y pasajeros. Los compartíamos en la playa cuando nuestras vidas eran todo esperanza y alegría.

Me referiré a mi querido y siempre recordado tío Adolfo, él fue artesano y joyero, y no creo que existan en esta época muchos con ese hermoso oficio que tengan su habilidad y destreza. Tal vez sí, aunque no tantos como otrora. Recuerdo que siempre te ayudaba Malvina, tu adorada esposa, la que tristemente dejó muy joven este mundo, para encontrarse con Dios.

Con tus hijos, mis primos David, Martín y Luis, nos encontrábamos en las fiestas judías en casa de la abuela Sara. Ella era muy devota y nos agasajaba con los deliciosos platos que preparaba y su exquisito vino casero que nunca olvidaré.

Sabina, vuelven a mi mente imágenes de tu belleza: más que linda, para mí, eras hermosa. El tiempo agregó su impronta sobre ti y el destino hizo que nos volviéramos a encontrar caminando por las calles del Once. Espero, Dios mediante, poder nuevamente cruzar nuestros caminos cuando el destino lo disponga.

A ti, Beatriz Cassoulet, querida compañera de trabajo. Eras, como dice una canción, alta y morena, de piernas espigadas y de sonrisa permanente. Yo te quería y te quiero bien, y ahora, cuando el tiempo ha pasado, recuerdo tus consejos y tus exigencias que quizás entonces no comprendí. Ahora los valoro y sé que solo buscabas mi bienestar.

Estás dormido, cubierto por las frazadas, y hoy domingo, trato de no hacer ruido para no molestarte. No sé si podré hacerlo. Tengo fe en mí, en Dios y en mi hijo, que es un príncipe, por su gallardía, su amor, su corazón que es de él, y su esposa. Siento que ha pasado tan rápido el tiempo que casi no me di cuenta.

Voy a extrañarte, María. Pronto te irás a tus pagos tucumanos, sé que vas a disfrutar mucho visitando a los amigos que dejaste allá, en el norte de nuestro país, que cuando vuelvas continuaremos nuestras charlas, y podré superar esta tonta angustia que me provoca tu ausencia.

Raquel Selzter

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