(www.eladanbuenosayres.com.ar)

Por María Angélica Di Giacomo*

 En los últimos años el GCABA está destruyendo de manera sistemática nuestros árboles de alineación, de plazas, estaciones de ferrocarril y bulevares, por mutilación, mochado, tronchado, terciado y tala.

Un desolador panorama nos espera en las calles. Altos troncos desnudos. Árboles mochados. Enormes pilas de gruesos troncos y de hojas verdes se acumulan en las aceras. Esas hojas, que tendrían que estar produciendo el oxígeno que respiramos y absorbiendo el dióxido de carbono que provoca calentamiento global. Sin esas hojas, no hay vida, ni para el árbol ni para los otros seres vivos. ¿Hacia dónde volarán las aves?

La mutilación de gruesas ramas los mata en pocos años porque por las heridas entran microorganismos que terminan ahuecando el tronco y porque el árbol sin follaje no puede respirar ni producir su propio alimento. Los árboles quedan reducidos a tristes y altísimos troncos sin ramas, aumentando la probabilidad de su caída en la vía pública. Este maltrato, que no es avalado por ninguna publicación científica ni técnica, ha provocado la muerte de muchos árboles en los últimos años.

A los sobrevivientes les han quitado la mayor parte de su follaje y como consecuencia hemos perdido gran parte de sus beneficios. Además de producir oxígeno y absorber dióxido de carbono, el follaje frondoso evita la contaminación visual y sonora, nos protege del calor agobiante, absorbe sustancias contaminantes. Los árboles absorben el agua de lluvia, cobijan a las aves y proporcionan goce estético, generando sensación de sosiego.

El arbolado urbano es además parte de nuestro patrimonio cultural y un atractivo turístico y al destruirlo se está arrasando con el patrimonio paisajístico de los ciudadanos y ciudadanas de la CABA.

La poda indiscriminada, no sólo viola sistemáticamente la Ley 3263/09, en tanto no respeta ninguno de los supuestos que la justificarían, sino que también menoscaba derechos de incidencia colectiva que tutelan un bien común. Se lesiona el derecho de las generaciones presentes y futuras a tener un ambiente saludable. Este derecho está garantizado en la Constitución Nacional y en la Constitución de la CABA.

Cualquiera de los “inconvenientes” que erróneamente se atribuyen a los árboles, podrían solucionarse sin afectarlos: agregando luminarias más bajas, cortando sólo las ramas que obstaculizan la visual de un semáforo o cartel de calle, etc. En cambio, la ignorancia de las metodologías correctas para cuidar al arbolado, colabora para que un gran negocio rinda enormes ganancias. Su cuidado nos costaría menos dinero y no perderíamos sus beneficios.

Por poner tres ejemplos: la extracción de un árbol se estaba cobrando en 2016 alrededor de quince mil pesos, las empresas utilizan firmas subtercerizadas, en la comuna 2 el presupuesto de “poda” es de más de tres millones de pesos y no hay un solo peso para cuidado de árboles, ni siquiera para los nuevos ejemplares. Entre las premisas que no se siguen, el reemplazo de los árboles talados con otras especies arbóreas debe hacerse teniendo en cuenta su capacidad fotosintética ya que un árbol añoso de denso follaje debe ser reemplazado por una cantidad de ejemplares jóvenes que compense biológicamente la fotosíntesis perdida.

Teniendo estas premisas en cuenta, se han presentado dos recursos de amparo. Uno de ellos, el de la Dra. Claudia Heras,recibió como respuesta una medida cautelar del juez Scheibler que no es respetada en la mayoría de las comunas y en la que se detalla: el Gobierno debe suspender “cualquier actividad de poda y/o tala del arbolado público existente en la Ciudad que no cumpla con lo dispuesto por los artículos 10, 11 y 12 de la ley 3263, siempre que no mediaran situaciones excepcionales que no admitan demora, las que –de configurarse– deberán ser individualizadas, debidamente fundadas y puestas en conocimiento del Tribunal”.

Los árboles nos pertenecen a todos. El cuidado y preservación del patrimonio arbóreo es responsabilidad de la Ciudad. Es también responsabilidad del Gobierno la educación de la población sobre los beneficios de la arboleda urbana y la concientización sobre la categoría de bien común que tiene el árbol como entidad natural. Estamos necesitando un cambio de paradigma.

* Licenciada en química de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y docente en la Universidad de Buenos Aires. Integrante del grupo Basta de mutilar nuestros árboles.

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