Por Raquel Seltzer

Hoy te recordamos, papá, con tus virtudes y tus defectos, tu cabello cano y calvo, tu panza redonda, tus sabios consejos, tu amor por todos, tu entrega con pasión al estudio, al trabajo y a los amigos. Partiste temprano, yo tenia 17 años y al estar sin vos mamá tuvo que hacer de madre y padre, tarea que le duró toda la vida. Vos me enseñaste a defenderme, fue poco el tiempo que disfrutamos juntos, íbamos a Mar del Plata y vos nos inculcaste el amor por la música, la literatura y el arte. Fuiste médico en Jujuy, director de hospital, atendías las urgencias sin que te importara lugar o condición social, tu juramento hipocrático prevalecía en cualquier circunstancia. Tu sed de sabiduría te impulsó a seguir estudiando, y así legaste a tus tres hijos la pasión por el conocimiento. Tu legado es perenne y me acompaña en mi alma y mi corazón por el resto de mi vida. Tengo tu retrato en la vitrina frente a mí y me acompaña todos los días en el camino de la vida.

Emoción.

Siento lágrimas recorriendo mi rostro, surcos dejan como la tierra que se cultiva lentamente, deslizándose hacia la boca. Dios, apiádate de mí. Pandora, no te vayas de mi lado, no ves que eres una ilusión. El cielo es un manto negro y a lo lejos titilan las estrellas, la Cruz del Sur y las Tres Marías son como diamantes o perlas que penden del infinito. La luna se esconde tras las nubes, no muestra su cara ovalada, voy por el camino mirando la Vía Láctea. Ya se escuchan los petardos y en el cielo se ven los fuegos de artificio que se elevan formando círculos y hemiciclos. Se descorchan las botellas de champagne y todos deseamos paz y prosperidad, y es época de balances, de lo que quedo inconcluso, época de unión.

Hoy recuerdo a mis amigos, cómo expresar lo que siento por ellos. Amor, comprensión, dolor cuando sufren y deseos de que en nuestras almas perdure para siempre el dulce perfume de los sueños compartidos. Dulce vida de gozo, plena de alegría, después de la tormenta que nubló mi horizonte, hoy la paz me invade con aroma de jazmines. Sinfonía de recuerdos que suenan como una orquesta donde el director marca el compás con la batuta, y los músicos separadamente y en conjunto hacen vibrar las cuerdas de los violines, las teclas del piano y el órgano. Suenan los oboes, las flautas y el trombón, el público escucha con el corazón y se retira silenciosamente de la sala.

A mi cariñoso Poxi, no me acuerdo ahora de cómo te encontré, sólo sé que eras un pequeño perro salchicha, lamentablemente eras rebelde como yo, necesitabas morder e hiciste desastres como comer trapos con sal puesta de ex profeso, o intentar deglutir a la tortuguita, o desenterrar del cantero del jardín las flores. No sé a ciencia cierta si destrozaste zapatos o no, sólo sé que nuestra madre trató de doblegarte usando la escoba.

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