Los primeros avisos ilustrados en Buenos Aires, aparecieron en la revista “El museo Americano” de César Bacle en 1835. Cuenta Sarmiento desde Estados Unidos en una carta a Valentín Alsina en 1847, su deleite al ver en los comercios y fábricas, anuncios con letras de oro, diseñadas por algún fabricante de letras. Estos métodos norteamericanos iban a llegar a la Argentina de la mano de un oriundo de Maine, Melville Swell Bagley. #Bagley #Hesperidina #MabelCrego
Mabel Alicia Crego
Vecina de Barracas
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Bagley vino al país en 1862 con sólo 24 años, llegó a Buenos Aires huyendo de la Guerra de Secesión que se había desatado en su país y como era farmacéutico, pronto comenzó a trabajar en la farmacia «La Estrella de A. Demarchi y Hnos.«, que aún hoy existe en casco histórico de Buenos Aires, en la esquina de las calles Defensa y Alsina, en el barrio de Monserrat . Allí comenzó a incursionar en el destilado de hierbas y fórmulas ingeniosas utilizando la naranja cómo ingrediente principal de estas bebidas, con el objetivo de solucionar problemas digestivos, un tónico para venderlo como “remedio salvador de todos los males”. Así nació Hesperidina.

Melville Swell Bagley y Familia
La familia Bagley en la Argentina

Bagley resultó ser un gran visionario para la época, lanzó la primera campaña publicitaria del país, impactando en la ciudad con carteles con la frase: “se viene la Hesperidina” promoviendo el interés público que intentaba descifrar el misterioso mensaje.

Una mañana de octubre de 1864  los 140.000 habitantes de Buenos Aires se encontraron con una sorpresa: descubrieron los cordones de las veredas pintados de naranja y carteles con una enigmática inscripción: «… Hesperidina is Coming”.

El diario “La tribuna” interviene en el juego colectivo de la población, publicando:

… “La curiosidad de la población ha recaído en unos carteles que aparecieron de la noche a la mañana empapelando toda la ciudad: La Hesperidina,… cuál es el secreto? Se tratará de un combustible como el keroseno pero, más económico?«.

Justamente ese era el clima que quería crear Bagley, poseedor de la fórmula secreta.

Los carteles “Se viene Hesperidina« estuvieron por dos meses invadiendo la ciudad.

La población  tuvo que esperar hasta el 24 de diciembre de ese año para sacarse «la espina» y descubrir, gracias a una publicación en el diario «La Tribuna«, que la misteriosa inscripción se refería a una bebida.

La curiosidad de los porteños fue tan grande que, cuando se presentó el aperitivo, el éxito ya estaba asegurado.

Hesperidina Bagley
La Hesperidina como la Coca Cola pero Argentina

De sabor suave y dulce, fue un éxito comercial desde su mismo lanzamiento. La Hesperidina, cuyo nombre se debe a una sustancia que contienen las naranjas amargas, fue así protagonista de una campaña publicitaria adelantada para su tiempo.

En apenas unos pocos meses este «tónico», como se lo conocía en esa época, se convirtió en el aperitivo «de moda» gracias a su sabor original y a la calidad de sus ingredientes y elaboración. Incluso expandió sus ventas gracias a que, a diferencia de lo que pasaba con otras bebidas alcohólicas, se permitió que fuera tomada por las mujeres en los espacios públicos.

Hesperidina Bagley
El sello Hesperidina (1866) fue impreso en los Estados Unidos para evitar falsificaciones.

En 1876 el registro fue creado, y en su honor, Hesperidina fue la primera marca patentada y registrada en la Argentina. Poco tiempo después, para ajustar aún más los niveles de control, Bagley decidió imprimir las etiquetas en la Bank Note Company de Nueva York, donde se imprimían los billetes de dólar, dando a ese papel la apariencia de un billete de banco, imposible de falsificar.

Se vendía en las droguerías y también era parte de la «oferta» de los famosos «buhoneros», terminaba siendo como un remedio con todos los yuyos que contenía y había gente que tomaba todas las noches una copita.

Bagley, empresa líder del mercado de galletitas de Argentina, hace muchos  años era  historia en el país, su pan dulce y sus ricas galletitas acompañan las meriendas y desayunos de generaciones de argentinos. Recuerdo cuando era pequeña que en el barrio de Barracas nos  embriagábamos del dulce aroma de sus productos.

Galletitas Opera, Sonrisas, Rumba, Chocolinas, Criollitas y Rex, entre otras, son parte de la historia del norteamericano Melville Sewell Bagley.

Hesperidina Bagley

Se dice también que la Hesperidina, estuvo presente en la guerra de la Triple Alianza (1864 -–1870), precisamente para «revitalizar a los heridos», gracias a sus propiedades terapéuticas que contrarrestaban problemas estomacales originados por la poca potabilidad del agua. De los hospitales se trasladó rápidamente al campo de batalla para mejorar cualquier dolencia entre la tropa.

Con el tiempo, pasó de ser un tónico medicinal a transformarse en un aperitivo clásico en bares, cafés y restaurantes para luego consumirse en hogares. Su popularidad devino en parte por su fácil preparación. Una bebida que se puede mezclar con tónica, con pomelo o simplemente con hielo para ser consumida.

Como nada se pierde y todo se transforma” según consigna el sitio web de Bagley, con el sobrante de naranjas usado en la elaboración de Hesperidina, se comenzó a fabricar la mermelada que estuvo acompañada de otra estrategia publicitaria: utilizó lo que quizás fue el primer slogan publicitario del país: “Las tres cosas buenas de Bagley” (la Hesperidina, el dulce y las galletitas Lola).

Fue propiedad de Bagley  hasta 2004, año en que la compró Tres Blasones. Tuvo una revitalización, pero ya nunca alcanzó los 250.000 litros por mes que se vendían en los sesenta. En los ochenta esa cifra bajó a 120.000 litros, hasta desplomarse a 50.000 en los noventa. La adquirió Grupo Cepas, que intentó reeditar los tiempos de gloria de esta bebida. «Actualmente, el desafío para estas bebidas nacionales con historias centenarias es salir a conquistar otros países«, afirmó Hernán Tantardini, director de Marketing y Ventas de Grupo Cepas.

Pero, más allá de su comercialización pasada y presente, Hesperidina tuvo una rica «vida» puertas adentro de la tradicional  fábrica Bagley.

Hesperidina Bagley

Luis Picasso es un testigo privilegiado: al igual que su padre, trabajó en la planta de producción. Pero no solo eso: vivió en el corazón mismo de la elaboración de esta bebida, puesto que, como se estilaba en los años treinta, la empresa construía casas para sus empleados en el predio de la fábrica en Barracas.

Fábrica Hesperidina Bagley

Esta fue la fábrica de Bagley donde se fabricaba la Hesperidina en un edificio en Hornos al 200, en Barracas, donde aún se conservan partes de los toneles donde la almacenaban. Hoy funciona el complejo de departamentos MOCA.

Picasso padre trabajó en Bagley desde 1930 hasta 1993 y fue el primer guardián de la fórmula original de Hesperidina. Su hijo, ingeniero industrial, lo hizo desde 1980 hasta 1995 y fue, paradójicamente, el último guardián de la «receta mágica» que, entre otros ingredientes, lleva cáscara de naranjas amargas del Delta, naranjas dulces, flor de árnica, pétalos de rosa, corteza de Angostura (un árbol), alcohol y azúcares.

¿Qué secretos conoció este hombre? Lo primero que cuenta «Gigi», como lo conocen todos, es que la fórmula de Hesperidina estuvo mucho tiempo dividida en dos partes y el proceso de fabricación también. «Eso se debió (alrededor de los años 50) a que un empleado que había estado a cargo de la sección se fue de la fábrica Bagley  y se puso a fabricar la Hesperidina por su cuenta, pese a que estaba registrada a nombre de Bagley«, recuerda Picasso. «Así, quedaron solo dos hombres de confianza que conocían cada uno la mitad del proceso y, por sobre ellos, un guardián que la sabía completa«, agrega.

Una parte llevaba más proceso de fabricación y la fórmula (donde estaban incluidos unos 20 ingredientes menores que eran hierbas que se compraban en botiquines especializados).

«El que compraba esos yuyos, lo hacía envuelto en el mayor misterio: iba personalmente, pagaba en efectivo y no pedía factura para no dejar rastros, cambiaba cada tres meses de farmacia y hasta se vestía siempre de modo diferente, para no ser muy reconocido«.

Cuando su padre se retira jubilado de la fábrica en 1982,  lo mandan a «Gigi» a conversar con los dos personajes que sabían la fórmula y el proceso, (que no estaba por escrito, los dos la tenían en su memoria).

Cuenta Gigi :  “Yo lo aprendí de memoria rápidamente, pero nunca hubo necesidad de recurrir a mí. Estos dos personajes tenían la misma edad y eran muy compinches, porque en algún lugar, la fórmula se juntaba, pero yo creo que nunca cada uno le contó su parte al otro«.

¿Cómo se hacía Hesperidina en esos tiempos románticos?

Se picaban las naranjas amargas en una picadora de carne y se ponía en cubas grandes, donde se agregaba alcohol fino. Se lo dejaba macerar tres meses, al cabo de lo cual el alcohol le robaba todos los aceites esenciales a la cáscara de naranja. Por otro lado, la cáscara embebida era prensada para seguir sacándole líquido (y se juntaba con lo que había salido de la primera extracción).

«Además, se sacaba un vapor condensado de la cáscara que quedaba estrujada. Todo eso se juntaba y se usaba en la preparación«, explica Picasso.

Otra parte del producto se preparaba con 20 hierbas mezcladas con alcohol (se preparaba un tónico y se guardaba para mezclarlo luego en la elaboración definitiva). «El día que se hacía producción de Hesperidina se mezclaban esos dos líquidos con azúcar y con agua filtrada de Barracas. Todo eso se mezclaba en cantidades óptimas y se filtraba. Después de embotellaba. Se hacían 10.000 litros en ocho horas«, detalla Picasso, que todavía recuerda cómo llegaban los cajones de madera llenos de naranja amarga, desde Tigre.

Hesperidina Bagley

Había un detalle más: las etiquetas especiales, que eran la copia del billete de un dólar, se pegaban a mano con engrudo. «Había un equipo de chicas para hacer este trabajo. Eso se modificó en los sesenta y se le puso la famosa tapa a rosca, dejando de lado el corcho y el capuchón de plomo. Después se modificó la botella y dejó de tener la forma e barril para pasar a ser un cilindro recto«, señala Picasso.

Hesperidina es protagonista de tres siglos y está grabada a fuego en los consumidores argentinos, entre los que se contaron Julio Cortázar, que además, la incluyó en dos cuentos, el «Polaco» Roberto Goyeneche, que siempre se tomaba una copa antes de sus shows, y el artista Florencio Molina Campos, que la pintó en alguno de sus inolvidables almanaques.

Melville Sewell Bagley murió el 14 de julio de 1880,  muy joven a la edad de 42 años, sin poder disfrutar nunca de sus logros. Está enterrado en el Cementerio Británico de la Ciudad de Buenos Aires, la causa de su muerte no la pudo curar ni su famosa Hesperidina: “Tifus”.

Mabel Alicia Crego
Vecina de Barracas
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FUENTES:

  • Inventando la soberanía del consumidor: Publicidad, privacidad y revolución del mercado en Argentina 1860-1940 Fernando Rocchi
  • Tras las huellas de la Hesperidina de Karina Niebla
  • Entrevista de Carlos Manzoni

 

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