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Licienciado Alberto Gabriel Piñeiro.

¿Cómo se llamaba antes la calle dónde vivís? ¿Sabías que la mayoría de las calles tuvo un promedio de tres nombres? ¿Por qué las denominaron así? ¿Y las plazas? ¿Y los barrios? El Licenciado Alberto Piñeiro encabezó un equipo que elaboró dos libros, en cuyas páginas se distribuye una extraordinaria cantidad de información sobre las nomenclatura porteña, desde sus mismos comienzos. En esta entrevista, cuenta cómo lo hicieron.

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La fachada del Museo Saavedra; allí se produjo la entrevista con el Licenciado Piñeiro.

“En agosto se cumplieron 27 años, ya estoy muy cerca de jubilarme. Es demasiado y a la vez, parece muy poco. Mirás para atrás y decís ¿tanto tiempo ya? Y por otro lado, es como si hubiera sido ayer”.
Mediante esta reflexión, el Licenciado en Historia Alberto Gabriel Piñeiro resume su pensamiento acerca del lapso que lleva como director del Museo Cornelio Saavedra. Su espacio laboral es un amplio y sencillo despacho, con vista al parque General Paz, en Crisólogo Larralde y Avenida de los Constituyentes. “Empecé en la Municipalidad poco antes de 1975, en Salud Pública -cuenta-. En ese entonces, o me trasladaban a Cultura o me iba, porque no quería trabajar más en algo que no me interesaba. Y así ingresé al Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, donde permanecí 15 años, hasta 1990, cuando vine al Museo Saavedra”. En el Instituto Histórico, Piñeiro y su equipo escribieron dos libros que hoy siguen siendo una valiosa fuente de consulta:
-Las calles de Buenos Aires. Sus nombres desde su fundación hasta nuestros días.
-Barrios, calles y plazas de la Ciudad de Buenos Aires. Origen y razón de sus nombres.
Sobre los detalles de esta ardua tarea, le preguntamos durante la entrevista. “Ha sido un placer y me entretuvo. Después, mirando en retrospectiva, me cansó un poco porque quedás encasillado como el autor de eso, cosa que también es una satisfacción. Pero cada vez que hay posibilidades de una nueva reedición (sería la cuarta) ya me abruma, porque se transforma en mecánico y repetitivo”.
A continuación, relata pormenores de la exhaustiva investigación, alternando opiniones y anécdotas.

PASIÓN POR INVESTIGAR
“En los últimos años hubo cambios y nuevas denominaciones. Plazoletas, algunas callecitas… Debe haber unas cuantas. La idea es mantener eso actualizado. Por eso, se piensa en la reedición, que tiene menos gracia porque la investigación también es mucho menor”.
“Unos días atrás me preguntaron por una plaza llamada Chapatín, en Flores. Suponemos que es por el personaje de Chespirito, aunque suena raro, ya que el Chavo es el más conocido del programa. Es un caso que me recuerda a tantos otros. Si bien se podría deducir la razón, el motivo del nombre no aparece escrito en ningún sitio. Ahí es necesario aplicar la deducción”.
“A veces cuesta trabajo saber a quién le rindieron homenaje con determinada calle. Asimismo, no me queda claro si para bien o mal, hubo cierto vecinalismo. La gente imponía nombres. Aunque eso ya no es tanto como antes. En Saavedra, Republiquetas (hoy Crisólogo Larralde) y Avenida del Tejar (Balbín) tenían más de cien años llamándose así. Se modificaron con la vuelta a la democracia. Radicales y peronistas han rebautizado diferentes calles a lo largo de la historia, y está muy bien, lo que pasa que eso implica una pérdida de nombres muy tradicionales”.
“De adolescente un señor me hablaba de Guanacache, una calle de Coghlan. Para mí no existía. Con el tiempo me di cuenta que era Pedro I. Rivera. Él seguía hablando de Guanacache, como yo sigo diciendo Republiquetas y ya hace casi 40 años que su nomenclatura es otra”.
“En los años 70, recuerdo, estaban los que mencionaban  la calle Victoria y era Hipólito Yrigoyen ya desde 1946. A veces pasa una generación hasta que se instala la nueva nomenclatura. La finalidad es ubicar a la gente, pero si andás cambiándole los nombres es difícil hacerlo”.
“Sucedió algo particular con el cambio de un tramo de Serrano por Jorge Luis Borges. Hay una famosa poesía de Borges, donde en una parte dice ‘La manzana pareja que persiste en mi barrio: / Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga’. El que hoy la lee, no entiende a qué manzana se refería. ¿Será ésta o la otra donde no cambió de nombre? Encima Acevedo ahora es Armenia. Esos son apellidos de los congresistas de Tucumán, que firmaron la declaración de la Independiencia. En el medio está Armenia, o sea que rompieron una estructura que tenía coherencia interna. Quizás sean pavadas, pero al fin y al cabo nos transmiten la identidad de una ciudad. La calle donde uno vivió de chico tiene un valor personal muy importante”.

MANZANITA POR MANZANITA
“En la investigación recurrimos a guías urbanas (Bemporat, Peuser y más antiguas aún), anuarios, ordenanzas municipales, memorias, recopilaciones salidas de la legislación y planos. En el Instituto hay una mapoteca y en el Museo Mitre, planos de la ciudad. Además hemos ido a la Biblioteca Nacional y al Archivo General de la Nación”.
“Es probable que en algún plano hayan quedado nombres en el camino. Es muy dificil hacer la lectura del plano general. En realidad no mirabas tanto los planos sino la lista alfabética de las calles. Era más cómodo. Si no tenés la nomina ahí sí, habría que mirar manzanita por manzanita”.
“Muchos nombres de calles están vinculados a los dueños de los terrenos. Hay que tratar de comprobar si eso se ve en algun plano, si hay cesión de terrenos en boletines oficiales. Es un trabajo que compartimos con mucha gente. Los coleccionistas a menudo te traen datos importantes”.
“¿Si fui personalmente a ciertos lugares? Sí, sobre todo los pasajes. Algunos ya no existian en teoría, pero igual quedan algunas referencias físicas. En guías actuales como Lumi o Filcar, estos pasajecitos internos no sé si están todos, creo que no los marcan”.
“Hoy está Internet; cuando lanzamos los libros no existía. Con una herramienta así, hubiera demandado mucho menos tiempo el trabajo. Hoy sería más sencillo encontrar el motivo del origen de las calles y precisión en cuanto a años. Antes consultabas un diccionario y no estaba. También había errores hasta en las enciclopedias. A un autor que yo le adjudiqué un tango, no era de él. El diccionario, incluso, estaba equivocado. Yo transcribí el error, porque a veces uno no verifica todo. Así eso se va diseminando. Es algo que existirá toda la vida. Parecería que estuviéramos hablando de la Edad de Piedra, al recordar esa época”.

DE SAAVEDRA, SOY YO…
El tiempo que Piñeiro nos ha dispensado se consume. Todavía quedan unos minutos para que nos cuente las mudanzas por las que atravesó, siempre en nuestra ciudad: “Saavedra es el barrio de mi niñez: vivía en Besares y Cabildo. Nos fuimos para Caballito cuando estaba terminando la primaria y después volví a Saavedra -a Cabildo y Correa-, ya casado y con mis hijas, en la década del 80. Ahora vivo en Almagro”.
“Casi todos mis amigos son los de la secundaria, que hice en Caballito. Pero mi barrio es Saavedra, si bien ya no mantengo ningún contacto con gente de aquella época”.
“Es pura casualidad que también Saavedra se haya convertido en mi barrio laboral. De todas maneras, estamos a muchas cuadras de donde yo vivía”.
“Aunque el museo trasciende lo barrial y apunta a lo que es la historia de la ciudad, nos permitió desarrollar una parte importante de la historia de Saavedra. Hicimos numerosas actividades relacionadas al barrio”.

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Piñeiro escribió numerosos libros. Estos dos son los que se refieren a las calles porteñas.

 

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