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En un lugar increíblemente bello de Buenos Aires, esta callecita nace en el monumento a Bartolomé Mitre y culmina en forma de una enorme escalera que desciende hasta Agüero, en el límite con la Biblioteca Nacional. Son sumamente curiosas las características de este pasaje de menos de cien metros de extensión. Por empezar, se trata de una de las escasas calles capitalinas peatonales.
Pero a diferencia de Florida o Lavalle, para aquellos que circulen apuradamente por allí, lo que
pasará inadvertido, es que justamente, sea una calle. Porque si bien oficialmente lo es, a simple
vista, Arjonilla es un mínimo sendero con un boulevard en el medio, angostas veredas y desprovisto de toda propiedad. Lo que no es mínimo, son las majestuosas mansiones que se levantan hacia el sur, dando origen al micro-barrio de Recoleta denominado La Isla. O la imponente barranca desde donde puede apreciarse Avenida del Libertador y, un poco más lejos Figueroa Alcorta.

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El trazado de las calles vecinas, sus arboledas, faroles, columnas y el particular estilo arquitectónico en el que está emplazada, ubican a Arjonilla en un contexto único. No en vano, los especialistas identifican a esta zona como “la París de Buenos Aires”. Y es que Joseph Bouvard, el diseñador de La Isla, había sido, precisamente, Director de Obras Públicas de la capital francesa.

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