Un breve período de disminución de los casos de Covid-19, trajo esperanza a los argentinos, en tantos otros sectores del planeta eran alcanzados por la “segunda ola”. Como fiel reflejo de lo acontecido a nivel mundial, en nuestro país, el final del 2020 y el comienzo de 2021, no tardó en seguir el mismo camino. Avivada por el relajamiento, por individualismo y seguramente más causas que ameritarían un comentario más profundo, la pandemia recrudeció. Las cifras se elevaron y se volvió a hablar de restricciones, confinamiento y demás términos mencionados hasta el cansancio a lo largo de los últimos meses. Sentado frente al monitor de su PC, Pablo hilvanó algunas ideas y atento a la recomendación de Cristian, el terapeuta, expresó por escrito su pensamiento:

Las desgracias que ocurren en el mundo suelen dejarnos impresionados. Atentados, guerras, odio, violencia, desastres ecológicos… Mucha gente se pregunta: “Si es que Dios existe, ¿cómo suceden estas cosas?”. La respuesta, sin embargo, habría que buscarla mucho más cerca: en el propio ser humano. El Señor no hizo al hombre como un robot para manejarlo a su antojo, sino que le dio poder de decisión. Luego, el hombre le dio la espalda a su Creador, e ignorándolo, también decretó su propia caída y el descalabro de un mundo sumido en dificultades cada vez más graves.

Entre las normativas que a través de los profetas Dios nos ha dado, hay un principio básico para la convivencia: ama a tu prójimo como a ti mismo. Lo que equivale a decir, “no le hagas a otra persona lo que no te gustaría que te hagan a vos”. Si el ser humano tan sólo respetara este mandamiento, ¿cuántos problemas menos tendría este planeta? Sin embargo, en general, la elección parece ser la del desprecio hacia todo lo que viene de parte de Dios.

Esta reflexión se adapta a lo individual, lo colectivo, lo gubernamental, etc. Antes de llevar a cabo cada uno de nuestros actos, ya sea de hecho o verbales, ¿no convendría pensar si al hacerlo, no estaremos perjudicando a otra persona, y si la respuesta es positiva, detenernos a tiempo?

Por eso, en lugar de culpar a Dios, qué mejor que revisar si no es nuestro estado de rebelión en contra de Él, lo que nos está trayendo problemas.

Un sustento bíblico:

Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas; este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante á él: Amarás á tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.  (Marcos 12:28-33).

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