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PORTEÑOS PSICOANALIZADOS

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Pablo se preparó para ensayar una breve síntesis. Era consciente de que en cierto momento de su vida comenzaron a crecer diversos tipos de miedos que antes no existían, o que si existían, apenas lo perturbaban.

Pero, ¿qué era aquello que comenzó a sufrir como adulto, que en su infancia y años posteriores, no lo había molestado prácticamente en lo más mínimo? Pablo hizo una lista en cual los viajes en determinados medios de transporte, tenían un lugar preferencial. El avión era uno de ellos. También el micro, si éste debía desplazarse por una ruta. Viajar en auto con otra persona al volante también le provocaba cierta tensión, mucho más, si el vehículo –al igual que el ómnibus- tenía que recorrer un camino rutero.

Mientras hacía este listado volvió a llamarle la atención algo que ya había pensado con anterioridad. Entre sus medios de trasporte más “temidos” no figuraba la bicicleta. Tras hacer otro repaso mental, concluyó que si bien había recorrido generosamente en una bici las calles y avenidas de su ciudad, a lo largo de años y años, jamás había sentido un miedo tal, que no le permitiera subirse al rodado. Cuando ya había sido alcanzado por fuertes temores a viajar en los transportes mencionados, arriba de una bicicleta circulaba sin problemas. Y más aún: en avenidas muy concurridas, era capaz de realizar arriesgadas maniobras entre los coches. Tanto es así, que progresivamente, al darse cuenta del peligro real que esto significaba, comenzó a cuidarse de su propia imprudencia.

Un día, escribió: un “poquito” de alcohol.

Y comenzó un nuevo año… La gente comió, tomó, brindó, se deseó felicidades y que lo que viene sea mejor que lo que se fue… En las horas posteriores quedará otra vez en evidencia que hay cosas que no cambian. Accidentes de tránsito, peleas, asesinatos… Y el alcohol, como gran protagonista. En la radio y la televisión los periodistas se horrorizan. “Si tomaste no manejes”, advierten. Pero en la tanda comercial, aparece la publicidad de la bebida alcohólica, y un grupo de amigos, felices y contentos mientras la consumen. Si la gente bebiera con moderación, como sugieren las propagandas, quizás no habría dificultades. Sin embargo, en este tiempo una conducta humana prevalece cada día con mayor fuerza, y es que si no se llega a la borrachera, es como si tomar no tuviera sentido.

“Los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”, escribió hace unos dos mil años el apóstol Pablo en su carta a los Gálatas (5:21). Muchas personas tal vez se rían cuando escuchan acerca de las Escrituras bíblicas. Pero el hecho de pasar por la vida como si Dios no existiera, lamentablemente trae consecuencias. Las está sufriendo el vapuleado mundo que habitamos, y en lo particular, las sufrirán aquellos que, tarde o temprano, se encuentren ante la presencia del Señor.

Un sustento bíblico: ¡Ay de los que madrugan para ir tras bebidas embriagantes, que quedan hasta muy tarde embriagándose con vino! (Isaías 5:11).

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