(bacn.com.ar)

Unos meses atrás habíamos hecho una nota en la sede de Villa Crespo, con motivo del centenario del club. En aquel entonces habíamos sido atendidos de manera excelente por el presidente Oscar López y demás miembros de la Comisión Directiva. En agosto, ésta se renovó y Carlos González quedó como titular de la institución, en reemplazo de López, quien ya había anticipado su intención de descansar, luego de muchísimos años en la dirigencia de Ciclista Nación.
El hecho de haber forjado un cordial vínculo con quienes cada miércoles se reúnen en las oficinas ubicadas a metros del puente de la avenida Juan B. Justo, hizo que la propuesta de entrevistar al flamante presidente, fuera aceptada con agrado por parte de González y sus colegas.
“Enseguida se desocupa y los atiende”, señaló uno de los directivos, y efectivamente, unos minutos de espera bastaron para que el propio González saliera de una reunión y nos invitara a conversar en su oficina. En función de la charla, extrajimos el siguiente diálogo.
-¿Cuál ha sido la actividad del club desde que asumiste?
-Entre otras cosas, tuvimos la carrera del centenario que se había suspendido en abril, y la hicimos en Ezeiza en septiembre. Luego nos abocamos al Gran Premio Labatte de Pergamino, con 60 mil pesos en premios. Para el 10 diciembre se viene el Gran Premio Campagnolo en el Circuito KDT, con todas las categorías. Y ya estamos abocados a la 83a. edición de la Doble Bragado, del 3 al 11 de febrero. El 3 comenzaríamos con el prólogo, y estamos tratando de llegar a lo que es Lanús y la Provincia, el día 11.

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Premiación del Gran Premio de Pergamino. Foto: facebook Ciclista Nación.

-¿Ser presidente era lo que esperabas?
-En este club yo estoy desde hace muchos años. Mi primer cargo en la Comisión fue el de revisor de cuentas suplente. Más adelante también fui secretario y hasta vicepresidente… Sólo me retiré un par de años por razones particulares. A uno le va gustando y así va avanzando. Toda la vida me gustó el ciclismo. Fui corredor. Además, como dirigente me he desempeñado en lo que era la Peña del Vidrio, en Berazategui. Esas fueron mis primeras armas. Incluso, en ciclismo, soy comisario deportivo. Siempre le digo a mi señora que gracias a la bicicleta conocí lugares que jamás hubiera conocido con el coche.
-¿Cómo cualés?
-Por ejemplo, en Sierra de la Ventana, meternos en diferentes pueblitos. Con el coche pasás de largo por la Ruta 3 y no entrás… Al Cristo Redentor de Mendoza no hubiera subido nunca en auto, y en cambio sí lo hice siendo comisario deportivo. Siempre en ocasión de competencia, porque para pasear, voy a sitios  tradicionales. Lo digo de corazón, con lo que me gusta el ciclismo.
-¿O sea que nada te sorprendió de la nueva función?
-No… Lo que sí tengo es mucha responsabilidad. Oscar López llevaba al club muy bien y lo recibimos en excelentes condiciones. Gracias a él tenemos esta sede y además, nunca dejó de hacerse la Doble Bragado. Entonces siento no puedo fallar.
-¿Seguís andando?
-Sólo a modo de entrenamiento. Para mantener la forma, vamos a decir… Mi rutina consiste en salir a andar tres veces por semana. Por lo general, lunes, martes y jueves. Cuando competía entrenaba haciendo entre 100 y 150 kilómetros por día.  Ahora hago 50 kilómetros y ya me voy a mi casa. Yo vivo a ocho cuadras del Circuito de Lanús. Ahí puedo andar tranquilo. No sufro los problemas del tránsito ni de los robos de bicicletas, ya que es un lugar custodiado.
-¿Cómo fue el pasaje de corredor a dirigente?
-Nunca hice ningún click. Cuando me recibí de comisario deportivo, yo mismo llegué a la conclusión de que no puedo ser juez y corredor en forma simultánea. Ahí dejé las carreras. Hace de esto 15 años. Yo me anoté en el curso de comisario, no para dirigir, sino para saber qué era lo que no debía hacer en la bicicleta. Quería correr prolijito… El curso me gustó y cuando me recibí tuve que hacer un práctico en la Plaza Moreno de  La Plata, en una carrera por los cien años de la ciudad. De ahi en más me empezaron a llamar de varias partes. Me dediqué a esa nueva función y no corrí más.
-¿Nunca te dieron ganas de volver?
-No, porque en las competencias sigo viendo a mis amigos, ex compañeros de equipo y la gente de siempre. Esa adrenalina, por lo menos yo no la extraño para nada. Si los domingos estoy constantemente en las carreras, aparte de las que organiza el club.
-¿A qué te dedicás más allá de ciclismo?
-Soy jubilado. Tuve la suerte -o la desgracia- de jubilarme a los 50 años, luego de trabajar en una fábrica de vidrio. No me regalaron nada, porque me quemaba vivo en los hornos. Cuando me jubilaron corté y aboqué de lleno al ciclismo.

EL LOBO DE LANÚS

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“Yo vivo en Lanús. Se da que los integrantes de la Comisión Directiva somos todos de diferentes zonas de la Provincia de Buenos Aires. Sólo el tesorero es de Capital”, dice González, un ferviente hincha del club de su ciudad. En relación al Granate, el reportaje lo formulamos al día siguiente  de que el equipo lograra la clasificación a la final de la Copa Libertadores, eliminando a River por 4 a 2. “Fui a la cancha así como trato de ir a todos lados, incluso de visitante a pesar de la prohibición -agrega con orgullo-. Mis dos hijos en cambio, son de River. ¿Si hubo cargadas? No, para nada. En la familia somos muy respetuosos en ese sentido”.
El presidente lleva un apodo que lo identifica acaso más que su nombre y apellido: “Me dicen Lobo por la barba. Un día dije ‘no me afeito más y cumplí’. De esto hace ya 43 años: fue en 1974. Tenía 22 y ahora tengo 65”.

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