¿Qué padre no lo haría por su hijo?

En un programa de televisión, una conocida artista contaba que había sufrido una grave enfermedad, y que iba dejándola atrás, cuando los médicos pocas esperanzas de vida le habían dado. Esta mujer no era creyente, pero sí su hermana, que le pedía que rezara previamente a la intervención quirúrgica decisiva que iban a practicarle, así como también lo hacía ella. La artista, con escepticismo, le respondió con una pregunta similar a ésta: ¿Cómo me voy a poner a rezar justo ahora si nunca en mi vida creí en eso? El conductor del programa, identificándose con el pensamiento de su entrevistada, añadió que quizás el rezo no tendría el eco esperado, ya que la petición, Dios podría interpretarla como que es interesada e inoportuna, porque llega en un momento de extrema urgencia cuando nunca antes en esta persona, había existido la necesidad de comunicarse con Él.

La actriz siguió contando que su hermana insistió: “No importa, vos hacelo igual”. La operación se realizó con éxito y hoy, mucho mejor de salud, entre feliz y sorprendida, ella sigue disfrutando de la vida. En ningún momento, al menos, de acuerdo a lo que declaró, la mujer relacionó con el poder de Dios, su asombroso bienestar de estos días. Por ende, tampoco expresó agradecimiento alguno.

Sin ninguna intención de apuntar la crítica personalizada hacia la mujer, el propósito de estas líneas es colocar esta situación como muestra, ya que desde luego, son cuantiosos los casos similares que se nos presentan. Sin ir más lejos, un ser querido, una vez me comentó: “Si le llego a pedir algo, Dios me va a rechazar, porque yo siempre dije que no existe”.

Los seres humanos estamos tan sumergidos en nuestras miserias y debilidades, que a veces pensamos que el comportamiento de Dios podría parecerse al nuestro. Y que ante la posibilidad de tomarse revancha después de haberlo ofendido, Él nos dejaría pagando, como afirmando: “Bueno, ahora arreglátelas solo, ya no cuentes conmigo”. Pues bien, aquí, la noticia es que el hombre sí sería muy capaz de hacer algo así. De hecho, si el mundo está como está, mucho tiene que ver con esto. La falta de amor al prójimo, el individualismo, el egoísmo, juegan un rol preponderante más allá de que nos demos cuenta o no de ello.

Sin embargo, Dios no es como los hombres, y siempre espera que nos volvamos hacia Él, aún en instantes en que parezca demasiado tarde. ¿Qué buen padre le daría vuelta la cara a un hijo arrepentido, incluso después de que éste lo haya hecho enojar fuertemente? Y si un ser humano no tiene reparos en recibir nuevamente a un hijo en sus brazos, Dios, cuyo amor y perdón hacia sus criaturas es ilimitado, ¿qué no haría por ellas?

Para ilustrarlo, bien vale recordar lo sucedido con un malhechor durante la crucifixión de Jesús. El ladrón, al que también habían clavado en una cruz cercana, en uno de los últimos instantes de su vida, reconoció ante el Señor su vil condición. Jesús le dijo: “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

El 7 de abril de 1889, Charles Haddon Spurgeon dijo: “La historia de la salvación del ladrón agonizante es un ejemplo notable del poder de salvación de Cristo, y de su abundante disposición para recibir a todos los que vienen a Él, en cualquier condición en que puedan estar”.

No importa que parezca demasiado tarde. Mientras haya vida nunca será tarde. Aquellos que aún con dudas y en el fondo de su corazón, tengan la idea de acercarse a Dios, anímense a hacerlo. Él no obliga a nadie, pero espera que demos el primer paso. No hará falta que la oración sea en lugares específicos o con palabras predeterminadas. Dios, que todo lo oye y que todo lo ve, vendrá a auxiliar a quienes lo busquemos con sinceridad.

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