Cuando NETFLIX produce REALISMO MÁGICO LATINOAMERICANO

Por la corresponsal de París: Catherine Baccelliere Harrysson

Ayer vimos la película ROMA en familia, mi esposo, mi hijo de 11 años y yo. El ambiente preparado con entusiasmo desde temprano: “esta noche veremos una película sobre México de los años 70”.

Siempre que nos reunimos para ver algo « de calidad », es un experimento.

¿Puede atrapar por igual una película de autor a un hombre de origen escandinavo, un pre adolescente francés y a una venezolana? La respuesta con ROMA es un fulminante SI.

¿Es apta para que la vea un niño de 11 años? Mi respuesta es SI, a condición de “acompañar” en la escena del parto, y en nuestro caso elegimos no verla.

Primera gran desilusión de mi hijo: ESTA EN BLANCO Y NEGRO. ¿Por qué esto parece fastidiarlo mucho? Mi respuesta es que en blanco y negro hay menos distracción y nos concentramos mejor en la esencia, Alex, mi hijo, se queda muy callado.

En la era de los juegos videos, los videos muy cortos de YouTube y las “películas de avión”, ROMA va muy lento para él. Cada escena es una foto, un cuadro, una composición que no necesita del movimiento.

Pronto esta molestia pasa y veo a Alex totalmente metido en la trama, en los detalles,  es una familia clase media, como nosotros, y probablemente reconoce a la Latinoamérica de su madre y abuelos y su crianza, pincelada por tantos detalles que va reconociendo de nuestros viajes a Argentina (ya que sus abuelos viven en Buenos Aires), ese punto común que nos une como sociedad.

Lo que Alex quizás no reconozca, por no haber leído aún a Cortázar o a Gabriel García Márquez, o por vivir en una sociedad eficaz y aseptizada, es que ROMA está atravesada por ese realismo mágico que nos identifica, nos define y hasta podríamos decir que nos da sabor como latinos, ¿no?

Largometraje de múltiples protagonistas, el de  “Cleo”, la ayudante doméstica de la etnia mixteca, no es la que más me marcó.

Dos personajes coloridos y fundamentales retienen mi atención y no sabría cual elegir, pero voy a comenzar por orden de aparición.

Es el año nuevo y la familia se reúne con otras familias burguesas en una hacienda en las afueras de la ciudad, la Hacienda de los « Larsson »

 

 

En un pomposo salón las familias y sus domésticas se reúnen para celebrar la nochevieja y podríamos pensar que Don Larsson, el anfitrión, decide « sacar » un traje típico que no adivinamos a que cultura pertenece (yo me atrevería a decir que viene del imaginario eslavo).

En una primera escena este ser mágico indescriptible de plumas y cara tallada en madera persigue a niños y adultos y divierte a todos. Es un sueño, es irreal.

En una segunda escena toda la fiesta se dirige al bosque a tratar de apagar un incendio y Don Larsson, habitado en esta extraña criatura que no sabemos identificar, se retira la máscara y comienza a cantar melancólicamente en una lengua que mi esposo que es sueco, no reconoce escandinava.

Y aquí es donde opera la magia. El realismo mágico tal como yo le entendí leyendo la obras de Gabriel García Márquez. Hemos pasado a una realidad paralela sin salirnos de la realidad “coherente”.

Volviendo al ser mágico en medio del incendio, la imagen se presenta a mis ojos como un canto de tristeza y duelo ante la pérdida que representa el incendio, y se inscribe perfectamente con el duelo de la familia ante el divorcio, aún encubierto, de los padres.

Segundo personaje mágico.

Se llama “ZOVEK” y me conmocionó, por haber conocido a varios como él en mi vida pasada en Venezuela.

Maestro en artes marciales entrena a un gran grupo en la barriada o favela donde vive Fermín, la pareja de Cloé.

 

 

ZOEK representa a mis ojos, con sus vestidos de súper héroe, la búsqueda frenética (de ayer y de hoy) de nuestra Latinoamérica de encontrar sentido al sin sentido a través de corrientes místicas que se inscriben en agrupaciones filosóficas religiosas  artísticas y en este caso deportivas. Lideradas por GURÚS de corte burlesco y caricatural, estos grupos de corte místico en Europa no podrían tener tal popularidad.

ZOEK es un personaje místico, irreal pero muy real, burlesco pero cargado de mensajes importantes, y en este capítulo del largometraje encontramos nuevamente TODOS los elementos reunidos:

  1. El Contenido de elementos mágicos/fantásticos, percibidos por los personajes como parte de la “normalidad”.
  2. Elementos mágicos tal vez intuitivos, pero (por lo general) nunca explicados.

Presencia de lo sensorial como parte de la percepción de la realidad.

  1. En términos de espacio, en ROMA, ZOEK  se ubica en los niveles más duros y crudos de la pobreza y marginalidad social, espacios donde la concepción mágica, mítica se hace presente.

Los hechos son reales pero tienen una connotación fantástica, ya que algunos no tienen explicación, o es muy improbable que ocurran.

ROMA se inscribe como una obra importante de la literatura cinematográfica muy nuestra, un tributo a la mujer, al  matriarcado en toda su fuerza y coherencia y a la posibilidad de la belleza.

El tema de la superstición y el pensamiento mágico-religioso merecen un artículo entero y se revelan perfectamente en esta película.

El que no vio ROMA, del mexicano Alfonso Cuarón, a verla con urgencia, en familia mejor. Y el que sepa reconocer en esta obra genial la magia, misticismo y dulce decadencia de nuestra cultura que se sienta afortunado, señal que ha vivido…y sobrevivido.

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