Hoy: Caseros y 24 de Noviembre/Pepirí

Un sitio. Una calle. Una plaza. Un punto de Buenos Aires. Igual a tantos. Pero a su vez, distinto a todos. La gente lo transita, pero no lo recorre. Las personas lo atraviesan con la mirada, pero no lo ven. En esta sección, lo describimos.

La inmensidad del Parque de los Patricios se muestra desde esta esquina del barrio que lleva el mismo nombre de este tradicional espacio verde porteño. La Avenida Caseros, como tantas otras en la Capital Federal, es una línea divisora de calles que llegan hasta ella desde ambas márgenes. Por lo tanto, 24 de Noviembre es el nombre de la que viene desde el vecino barrio de San Cristóbal. Ésta se transforma en Pepirí en el sector de Patricios que limita con Nueva Pompeya.

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El aspecto es muy diferente, a una mano y otra de Caseros. En la intersección con Pepirí, lo que predomina es el verde del Parque. Una vereda ancha, añosos árboles y esas rejas comunes a tantas plazas de la gran ciudad. Hacia la manzana que limita con la Avenida Almafuerte, a lo lejos, se observa una calesita y el pequeño muro multicolor que la rodea, elementos casi infalibles en un lugar de estas características. En el lado opuesto del Parque, a modo de introducción al laberinto de senderos desplegado por la manzana, se divisa una modesta construcción pintada de blanco y rojo. Habrá que acercarse unos cuantos metros para saber de qué se trata, y ya en el lugar, se podrá constatar que la obra es un homenaje a Herminio Masantonio, crack de Huracán y la Selección Nacional en las décadas del Treinta y Cuarenta. Su presencia no es casualidad en este punto de Buenos Aires, ya que Parque de los Patricios es sinónimo de Huracán, institución cuya sede, se encuentra precisamente, sobre la Avenida Caseros, frente al monumento a Masantonio y a media cuadra de 24 de Noviembre.

En esta esquina el panorama difiere con Pepirí por el aspecto urbano. Viviendas y comercios ejercen un marcado contrastan con el verde de la mano contraria de Caseros. En la planta baja de una de las ochavas surge la fachada de una sucursal de la cadena de kioscos “Open 25 horas”. Arriba, las ventanas y balcones de una casa de departamentos.

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En la otra ochava (no tan “ochava”, debido a su aspecto más parecido a un ángulo de 90 grados) hay un café-bar, El Codo, que devuelve la percepción de añejo, al menos desde el exterior. Carteles, en la pared y la acera, anuncian promociones. En la única pizarra de la vereda, el “sándwich del día”, con gaseosa, es ofrecido a 150 pesos. En la misma pizarra, pero del otro lado, se presume: “Le llenamos su taza de buena energía”.

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Junto al bar, un autoservicio. Y a continuación se levanta la silueta de otro complejo de viviendas. Pero no es cualquier complejo sino la histórica “Casa colectiva Valentín Alsina” (foto principal), un imponente edificio de casi un cuarto de manzana y cuatro plantas, declarado “sitio de interés cultural” y “testimonio vivo de la memoria ciudadana”, según lo confirma una placa que la Legislatura porteña colocó allí, a centímetros del pórtico señorial, el 20 de octubre de 2007. Unos metros hacia al centro de la cuadra, nuevamente los colores rojo y blanco, denotan la presencia del local de Globomanía y la sede de Huracán. Las paradas de colectivos se cuentan de a muchas en la zona. Los carteles con los números 65, 133, 28, 150, 25 (y la lista podría seguir) así lo indican. Más carteles, adheridos a un poste de iluminación Led,  informan que la dirección y los minutos que a un peatón le insumiría caminar hasta la Avenida Brasil (cuatro minutos), el Centro Cívico (siete minutos) y el Hospital Churruca (cuatro minutos).

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